lunes, 21 de marzo de 2011

JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS 7

SÉPTIMO DÍA
Nos levantamos a las 6.05 y bajamos a desayunar a las 7.05 para salir a las 7.40. Hoy, a diferencia de los dos días anteriores, el día ha amanecido soleado aunque frío.
Nos dirigimos a los llamados castillos del desierto por una carretera que une Jordania con Irak y Arabia Saudí. En los márgenes vemos varias zonas militarizadas, supongo que por el peligro que podría representar un ataque por ese lugar. Impresiona ver que llegamos a estar a escasos 60 kilómetros de Arabia Saudí y a poco más de 200 de Irak. Tardamos alrededor de una hora y media en llegar al castillo de Azraq. Propiamente no se puede afirmar que sea un castillo sino un fuerte militar de origen romano (aún se pueden ver los basamentos). Con posterioridad lo usaron los bizantinos y los omeyas pero en el siglo XIII los mamelucos se apropiaron de él en plenas cruzadas. Actualmente debe su fama a que fue cuartel general de Lawrence de Arabia y los hombres de Faisal en la Revuelta árabe, como bien indica una placa en la entrada. Encima de la entrada está la que fue la habitación del héroe, a la que se accede por unas escaleras. Alrededor del patio se distribuyen varias estancias, a las que vamos entrando, y en el centro una pequeña mezquita.
Después nos dirigimos a Amra, el más importante de los castillos del desierto. Mi primera impresión fue pensar que era mucho más pequeño de lo que había imaginado pero no son necesarias mayores dimensiones para ganar en importancia y belleza no en vano está en la lista de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. En sus buenos tiempos formaba parte de un complejo y no era de extrañar que a su alrededor se hubieran instalado jaimas para albergar a los sirvientes. Se edificó entre el 705 y el 715 por Walid I, el mismoque mandó hacer la Gran Mezquita de Damasco, para retiro de los príncipes de la dinastía omeya. Hoy en día se ha aportado como casi segura la fecha de 711 (por la presencia del rey visigodo Rodrigo en uno de los frescos). A él acudían solos o en compañía de amigos, para cazar o divertirse, como parecen indicar los espectaculares frescos que aún se conservan en su interior y que le han merecido tan alta distinción. El complejo, que hoy nos parece sencillo y pequeño, tenía baños, una sala de audiencias anexa y habitaciones para el servicio, una zona amurallada y una torre de vigía o una mezquita. El sistema hidráulico del castillo es espectacular e incluye un pozo (que aún se conserva) y una noria para subir el agua mediante el uso de bestias de cara.
A menudo he leído comentarios diciendo que los castillos del desierto no valen la pena. Creo que los que dicen eso se equivocan o han sido incapaces de apreciar la belleza de esas mujeres desnudas o de esos hombres cazando. A muchos les sorprende la presencia de esas pinturas en una cultura como la musulmana que siempre se ha dicho que evita plasmar la figura humana. La respuesta radica en el hecho que los frescos son de una época en la que la prohibición, instaurada por la dinastía que sucedió a los omeyas, los abasíes, aún no estaba vigente. Vale la pena detenerse a contemplar todas y cada una de esas figuras, principalmente la que se encuentra en una sala adyacente (salón de audiencias) y que recibe el nombre de Fresco de los seis reyes. Representa a líderes del mundo conocido, en general enemigos del príncipe, como el emperador bizantino, el rey visigodo, el mandatario persa y el gobernante de Abisinia. Se cree que los otros dos reyes que no se han conservado son el emperador de China y el gobernante de los turcos. También está representado el mismísimo príncipe.
En la sala de audiencias también vemos frescos que representan a la Victoria asistida por sirvientes y flaqueada por pavos reales, animales, bailarinas, músicos o artesanos haciendo varios oficios.
Los baños están formados por un apoditerium o sala para cambiarse, tepidarium o sala de agua tibia y caldarium o sala de agua caliente. También están decorados profusamente con bellos frescos. Cabe llamar la atención la figura de un joven frente al ángel del amor sobre la puerta del apoditerium o la figura de una joven desnuda que lleva un niño en brazos y a la que un hombre mira fijamente; una sirvienta, a su vez, asiste a la señora. Se ha interpretado como la imagen de una amante del príncipe, al niño como su hijo y al joven que les contempla como el sirviente mismo, tesis que sustentaría también su función de palacete de retiro. En ningún caso podría considerarse a la mujer como si esposa porque un príncipe jamás hubiera accedido a representarla desnuda sobre las paredes.
Pero sin duda lo que más llama la atención de los baños es la cúpula del caldarium. Se denomina Cúpula del celo y representa constelaciones del hemisferio norte y signos del zodíaco. Se ha considerado como el modelo más antiguo en representar la bóveda celeste de forma hemisférica en lugar de plana.
El tercer castillo que visitamos es el Qsar al Harranah, a unos 15 kilómetros del anterior. Es un palacio de finales del siglo VII que nunca se terminó. Mide 35m2. Una gran puerta con forma de arco daba paso a dos habitaciones que se cree que eran establos y almacenes. En el interior hay 61 habitaciones que daban a un patio central y distribuidas en 4 ó 5 salas mayores alrededor de una sala central. Desde el patio hay una escalera que lleva al piso superior, en mal estado. Sirvió de fuerte defensivo, quizás como sede de reuniones políticas y al estar en una importante ruta comercial se cree que también sirvió de parada de caravanas. Algunos ponen en duda su función como caravasar y dicen que por ahí no pasaba ninguna ruta importante y que no estaba cerca de un oasis. Ha sido sometido a una primera parte de restauración y se espera que se prosiga en breve por parte de especialistas españoles, muy entendidos en la dinastía omeya (recordemos que fueron los que fundaron el Emirato de Córdoba). Gracias a la restauración es posible subir al primer piso y ver la sencilla decoración de las estancias pero si duda mucho más compleja que la de la planta inferior. Vale la pena recorrer las salas e imaginar para qué pudo funcionar en su tiempo.
Después de la visita a los tres castillos nos dirigimos a la que iba a ser la última visita del viaje, el Mar Muerto. El Mar Muerto es un lago salado situado entre Israel y Jordania (de hecho las montañas que se ven al otro lado ya pertenecen a Israel). Se halla a 395 metros bajo el nivel del mar y es el punto más bajo de la Tierra. Tiene unos 76 km. de largo y una anchura de 16. La profundidad del lago es de 6 metros en el sur y de 396 metros en el norte.

Es seis veces más salado que los océanos y a los 305 metros de profundidad tiene el 27% de sustancias sólidas. Debido a la densidad de los sólidos en el agua, el cuerpo humano flota totalmente como pudimos ver. La imagen típica es la de una persona flotando sobre las aguas y leyendo un libro o un periódico. La verdad es que no me animé a intentarlo aunque quienes lo hicieron dicen que la sensación es curiosa. Su nombre se debe al hecho de que no existe ningún tipo de vida en el lago, excepto algunas variedades de microbios; los peces que llegan de los ríos mueren en seguida. El río Jordán vierte sus aguas en el Mar Muerto.
El Mar Muerto es una buena fuente de ingresos, no sólo turísticos, ya que de él se extrae potasa, bromuro, yeso, sal y otros productos químicos. Pero cada año el Mar Muerto pierde volumen y decrecen sus límites debido al calor y a que no llega caudal suficiente de agua como para abastecerlo como antes debido a las canalizaciones ilegales del río Jordán por parte del Gobierno israelí. A orillas del Mar Muerto se han construido algunos hoteles y balnearios a donde es posible ir para disfrutar de las aguas saladas. En cualquier caso, es posible bañarse en cualquier punto de la orilla.
Debido a las características de este lago, hay que tomar algunas precauciones para darse un baño. Se debe entrar con calzado adecuado porque existen en el suelo piedras puntiagudas o cristalizaciones salinas que son auténticos cuchillos. La sal ha producido pequeñas elevaciones bajo el agua por lo que se recomienda ir con cuidado. Es recomendable que el primer baño no dure más de 15 minutos porque la alta concentración de sal puede dañar la piel. Cuando sales de allí tienes la piel completamente blanca por la concentración de sal y yo, que tengo la dermis muy débil, incluso sufrí una herida por efecto de la sal. En las orillas hay una altísima acumulación de sal solidificada. También hay que evitar que el agua nos entre a los ojos, puesto que el escozor será fuerte (si ya es duro cuando te entra agua en el mar, imaginad lo que se debe sentir con seis veces más de cantidad de sal en agua). Pero eso tampoco hay que exponer heridas al agua. Después del baño, se suele coger barro de las orillas para untarse el cuerpo. Se espera hasta que se seque y se aclara con un nuevo baño de 10 minutos. El barro no es gratis. Está en unas tinajas y aplicarlo cuesta 3 dinares. Lo que sí es gratis, por lo menos en el complejo donde nosotros estuvimos, Ammán Beach, eran las sillas para sentarse en la orilla. Si alguien necesita toalla allí alquilan y también es posible acceder gratis a las duchas o a los vestuarios, separados convenientemente para hombres y para mujeres. En el mismo complejo hay una piscina de agua dulce (no la probamos pero metí la mano y el agua estaba fría), un restaurante donde comimos de buffet por 12 dinares jordanos más bebida y una tienda. Sinceramente a mí no me gustó mucho la experiencia y lo colocaría como lo peor del viaje pero está claro que eso iba a ser así. Si no me gusta ni la playa normal ese lugar mucho menos. También es conveniente decir que no se nade ni se bucee. El agua es densa como si se hubiera vaciado en ella varias garrafas de aceite. También se recomienda no salpicar por el daño que el agua puede causar si entra en los ojos o en la boca.
Quiero decir también que hace mucho más calor que en el resto de Jordania. Los datos reflejan que suele haber 7 u 8 ºC más que en Ammán aunque la sensación térmica es mucho mayor. Por poner un ejemplo, cuando volvimos a subir a las 4 de la tarde al autobús, que había estado aparcado al sol, dentro había 38º.
Es habitual que los guías, después de la visita, lleven a una tienda. Suelen decir que los productos que venden allí, cremas, lociones, jabones o tónicos, todos elaborados con materia prima procedente del Mar Muerto, son más baratos que en otros sitios porque te hacen una oferta especial. Por lo que pude ver no es cierto. En tiendas en Ammán, incluso de los mismos hoteles, se pueden adquirir productos mucho más económicos. Sólo por curiosidad compré unas pastillas de jabón. Dos de ellas eran de color negro porque en su composición lleva un poco de ese fango que dicen que es tan beneficioso para la piel.

JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS 6

SEXTO DÍA
Nos levantamos a las 6.15 y bajamos a desayunar a las 7.15 para salir, esta vez con el grupo, a las 7.45.
En primer lugar, y aunque no estaba previsto, hicimos una breve visita panorámica sin paradas para bajarnos) por Ammán, la capital (imitando la cantinela del guía). Pasamos junto a la Ciudadela y, al bajar, entre una zona arbolada, Jamal nos dice que ahí está el Palacio real (simplemente lo intuimos). Nos dirigimos al teatro romano y a la Mezquita de Hussein y nos vamos directamente al barrio de Abdoun, el más pudiente de la capital. Uno puede sorprenderse de que en ese país haya casas como las que se ven en Abdun, y más cuando sabe los precios que cuestan algunos de los pisos allí. Muchas de las enormes casas, pertenecientes a ricos hombres de negocios, han sido en la actualidad alquiladas a embajadores de otros países y ellos se han marchado de la capital hacia los alrededores, donde se han podido construir mansiones más grandes y con más jardín. Destaca entre todas la embajada de los EEUU, la única que no está en unas de esas casas sino en un complejo, alrededor del cual no se puede hacer fotos (ni siquiera desde el autobús). Al parecer esa medida provoca conflictos con los vecinos, que ni siquiera pueden fotografiar sus eventos privados al estar frente a la embajada. Sin embargo, al tratarse de personas pudientes, es posible que al final consigan sus propósitos.
Salimos de Ammán por la zona donde se ubica uno de los más importantes hospitales de la capital y grandes centros comerciales (entre otros un Carrefour). Mi impresión de la capital en estos días es que no es una ciudad bonita y que no ofrece grandes oportunidades de monumentos para visitar. Todos los edificios están construidos en el mismo color ocre y no son muy altos aunque depende de las zonas (últimamente están empezando a construirse rascacielos). Con todo, no es una ciudad antigua y es fácil ver restaurantes o centros comerciales, aunque hay grandes distinciones entre la zona de Down Town y las demás. Su distancia con el aeropuerto internacional Queen Alia es de 35 kilómetros, unos 30 minutos en coche, y es fácil moverse por ella usando taxi (los amarillos son los privados y los blancos los colectivos, con rutas prefijadas).
Salimos, pues, de Ammán para dirigirnos al castillo de Ajlún, al que llegamos sobre las 10 de la mañana. A la entrada del castillo no se puede acceder en autocar así que tenemos que subirnos en unos jeeps con capacidad para más de 20 personas y en el que temo que entre el agua de la lluvia que está cayendo. Una densa niebla no nos permite ver las torres del imponente edificio que tenemos delante ni tampoco la que suponemos debe ser una vista espectacular desde arriba. La entrada cuesta 1 dinar.
La importancia del castillo de Ajlún, Qala’at ar Rabat, radica en ser la única de las fortalezas que fue construida por los musulmanes durante las cruzadas (siglo XII). La mandó edificar Izz ad Din Usama (general de Saladino y pariente suyo- algunos dicen que era su primo y otros su sobrino) en el año 1184 para vigilar el valle del Jordán y los wadis (valles) de los contornos, en una zona de importancia estratégica y donde había minas de hierro. Estudios recientes de un mosaico descubierto en 1996 han permitido afirmar que el castillo se edificó encima de los cimientos de un monasterio bizantino (hoy es posible ver el mosaico). Sirvió como punto clave para un sistema de comunicación por palomas mensajeras, muy usado por los árabes de las cruzadas para mandar mensajes a Damasco o Bagdad en poco tiempo. Los mongoles llegaron al castillo en 1260 y lo destruyeron pero pocos años después el sultán mameluco Baybars lo mandó reconstruir. El interior del castillo sorprende por sus pasillos y estancias tan bien conservados a pesar de haber sido destruido por dos terremotos. Además podemos ver un pequeño museo. Es una pena que haga tan mal tiempo.
De allí nos vamos a Jerash, que dista del castillo unos 20 kilómetros. La antigua ciudad romana de Gerasa, hoy llamada Jerash, rivaliza con Petra en la lista de los destinos favoritos de Jordania. Está considerada como uno las ciudades romanas mejor conservadas en todo el mundo.
Conquistada por el General Pompeyo en el año 63 a.C, cayó bajo dominio romano y fue una de las diez grandes ciudades romanas, la Decápolis. Posteriormente, en el año 106 y durante el mandato del emperador romano Trajano, formó parte de la Provincia de Arabia y, más tarde, con los Antoninos, se produjo un gran incremento del comercio y Gerasa se convirtió en el centro de la actividad comercial. La decadencia se produjo en los siglos III y IV, pero con Justiniano, emperador romano de Oriente del siglo V, la ciudad volvió a renacer. Prueba de ello son las construcciones de iglesias cristianas junto a los templos y las sinagogas. Posteriormente Jerash fue invadida por los persas y los musulmanes y en el año 747 fuertes terremotos sacudieron la ciudad diezmándola.
Esta ciudad estuvo oculta durante siglos en la arena antes de las excavaciones y restauraciones llevadas a cabo durante los últimos 70 años. Jerash revela un perfecto ejemplo del gran urbanismo formal romano de provincias que se puede admirar en todo Oriente Próximo: pavimentos y calles franqueadas por columnas, templos en las cumbres de las montañas, teatros impresionantes, plazas públicas espaciosas, baños, fuentes y ciudades amuralladas atravesadas por torres y columnas.
Entre las maravillas monumentales de Jerash, se pueden citar el Arco de Triunfo, construido durante el mandato del emperador Adriano, hacia el 129 d.C., cuya altura se cree que era el doble de la actual; la Calle de Columnas o cardo máximo, de 600 metros, con columnas de estilo corintio a ambos lados; los teatros sur y norte; el templo de Artemisa, , uno de los edificios más hermosos de todas las ruinas, del siglo II d.C., constituido por 6 columnas corintias en la fachada y 11 a los lados y que albergaba la estatua de la diosa Artemisa, hija de Zeus, hermana de Apolo y patrona de Jerash; el templo de Zeus, que se erigió durante los años 161-166 d.C., cuya fachada aún se conserva e impresiona por su tamaño y harmonía; y la fuente Ninfeo, del siglo II d.C., construida en honor a las ninfas, y donde el agua salía por las cabezas de 7 leones de piedra.
Según pude ver la entrada al recinto cuesta 8 dinares por persona. Dejamos el autocar en el parking y para entrar en el recinto tenemos que cruzar una pequeña zona cubierta con tiendas en las que venden de todo. No me detuve y fuimos directamente a empezar la visita guiada. El primer monumento que te recibe a tu llegada es el enorme Arco de Adriano y unos pasos más allá el enorme Hipódromo, con capacidad en origen para 15.000 espectadores. Según pude saber en la actualidad se ha restaurado y varios días a la semana (excepto los viernes, día festivo para los musulmanes) se hace un espectáculo de carrera de cuadrigas o peleas de gladiadores. Tuvimos la mala suerte de ir un viernes así que me quedé con las ganas. Lo que sí que viví en vivo fueron los rezos de las mezquitas cercanas, que resonaban por todo el yacimiento.
Para los que lo necesiten diré que allí dentro hay restaurante. No sé el precio de la comida porque sólo hicimos una parada para ir al WC o para comprar alguna bebida pero una botella de agua de 1,5 litros cuesta sólo un dinar por lo que supongo que es barato. Mientras esperamos a que terminen todos nos fijamos en un panel lleno de fotos de la familia real y nos entretenemos en hacerles fotos.
Jerash impresiona, por sus dimensiones y por su excelente estado de conservación, que da una idea del esplendor que debió tener la ciudad en sus mejores tiempos. Entramos por la puerta sur y no tardamos en encontrarnos con uno de los emblemas de la antigua Gerasa, la enorme Plaza Oval. Esta impresionante plaza de 56 columnas jónicas (algunos dicen que hay 60) mide 90 x 80 metros. Se cree que servía de foro de la ciudad además de mercado o incluso de lugar de sacrificios. También impresiona el Teatro sur, con capacidad para 5000 espectadores. Aún hoy en día se utiliza para actos culturales y actuaciones por su excelente acústica (el Festival de Jerash por ejemplo). Cuando entramos pudimos disfrutar (aunque brevemente) de la música de gaita de unos guardias jubilados. Sorprende ese instrumento en Jordania pero no debemos olvidar el domino británico.
Desde la Plaza Oval empezamos a recorrer la calle principal de Gerasa, el Cardo Máximo, que se extiende a lo largo de 800 metros, flanqueada por altísimas columnas. El suelo continúa pavimentado y es fácil distinguir dónde estaban las alcantarillas (las piedras redondas). Dicen que si te fijas bien aún se pueden ver las marcas de los carros sobre el pavimentos. Se recomienda llevar cuidado al caminar por esa calle, ya que los terremotos la han dejado algo irregular. También se conserva parte del Decumanus, con restos de casas del período omeya (660 al 800 d.C.) pero no podemos evitar que nuestros ojos se dirijan al Ninfeo. Aunque ahora es imposible verlo, en sus buenos tiempos la primera planta de esta fuente dedicada a las ninfas estaba recubierta de mármol y la segunda de estuco pintado. Sin embargo sigue impactando, por su belleza y dimensiones. Más allá está lo que se denominaba Propileos, no que no era otra cosa que una monumental entrada que daba paso al Templo de Artemisa, diosa protectora de la ciudad. Nosotros no subimos por ahí sino que continuamos recto hasta llegar a la zona donde estaban los baños para la gente más humilde (detrás del Ninfeo se supone que estaban los de los ricos) y el Teatro Norte. Este teatro, más pequeño que el otro, se edificó en el año 165 d.C. y estaba dedicado al dios Apolo. Podía albergar a 1600 espectadores pero se cree que se dedicaba básicamente a celebrar reuniones políticas del consejo que gobernaba la ciudad. Todavía se pueden ver algunos nombres de esos políticos grabados en las gradas.
El Templo de Artemisa es sin duda una de las joyas de Jerash. Casi todo el tiempo que estuvimos allí estuvimos observando cómo el viento movía una cuchara que han introducido en una de las columnas y que indica que ésta también se mueve. La estampa del templo es una de las más fotografiadas del complejo.
Después de la visita tuvimos unos 30 minutos de tiempo libre pata terminar de hacer fotos, sobre todo en la zona del Templo de Zeus y la Plaza Oval. Me hizo mucha gracia ver rebaños de cabras pastando entre las columnas de siglos de antigüedad.
Fuimos a comer a un restaurante cercano (fuera de las ruinas). Consistía en un buffet, donde tengo que destacar una deliciosa carne con salsa y un pan de pita recién hecho. Sin embargo las mandarinas estaban un poco secas aunque por todo el país hemos visto que tienen buena fruta y verdura. El menú cuesta 11 dinares jordanos más 1,5 por la botella de agua.
Después de comer regresamos a Ammán. Llegamos al hotel sobre las 15.30 pero esperamos para salir porque hasta las 16 horas no termina la manifestación que tiene lugar todos los viernes para pedir reformas en el gobierno. A las 16.30 cogimos un taxi para subir hasta una de las colinas de la ciudad y visitar por fuera la Mezquita Abu Darwish. Este precioso edificio domina el barrio armenio, de calles empinadísimas, y se construyó en 1961 con bloques de piedra blancos y negros que le dan un aspecto muy llamativo. La visita al interior está totalmente prohibida a los no musulmanes.
Tres niños se me acercan corriendo para que les dé un caramelo. Por suerte llevo algunos en el bolsillo y se van con ellos más contentos que si hubieran encontrado un tesoro. Después bajamos la colina, atravesando las calles del barrio y viendo que es una zona en la que los niños pequeños aún pueden jugar tranquilamente en la calle. Muchos de ellos nos saludan o nos preguntan nuestros nombres en inglés.
Llegamos fácilmente a la zona del teatro romano, que permanece cerrado. Sin embargo podemos pasar por al lado de las columnas que indican el lugar donde estaba el foro. Es una pena que no se haya conservado. Es ahí donde estaba ubicada la Plaza Hachemita que, como ya dije, está siendo sometida a unas obras de remodelación que llevarán incluso a cambiarle el nombre.
Pasamos por al lado de la estación de autobuses y cruzamos al otro lado para ir a la zona comercial de la capital. En algunos foros he leído sobre los zocos de Ammán aunque desde mi experiencia tengo que advertir que esto no tiene nada que ver con las medinas de El Cairo, Marrakech u otras ciudades árabes. Lo que yo vi fue una gran calle repleta de tiendas, al igual que algunas paralelas, y en las pequeñas callejuelas que las cortan también tienen comercios, ya sea de ropa o mercados. Según nos advierten muchos de los productos que podéis encontrar allí proceden de China por lo que nadie los compre pensando que va a llevar artesanías típicas. De todos modos supongo que buscando bien algo se puede encontrar. Lo que más llamó mi atención es la cantidad de zapaterías que hay y las preciosas chilabas de mujer. Ah, y lo olvidaba. Las perfumerías donde se acumulan los frascos de fragancias que supongo que pueden hacerte al gusto.

JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS 5

QUINTO DÍA
Nos levantamos a la seis de la mañana, habiendo “disfrutado” ya de la llamada a los rezos matutinos pero con la obra parada. Ésa es la hora en la que se marchan los que han decididob hacer la excursión a Jerusalem. Desayunamos a las siete, intentamos que el recepcionista de la mañana nos dé referencias sobre Betania (conseguimos por lo menos el nombre en árabe) y un poco antes de las 7.30 salimos del hotel. Las peores previsiones meteorológicas se han cumplido. Está lloviendo. Es más, hace un frío espantoso (2ºC) y muchísimo viento.
Cerca del hotel cogemos un taxi para ir a la Ciudadela. Nos pide 5 dinares por 4 personas pero como está lloviendo y hace frío no queremos regatear y aceptamos. Una vez allí intentamos contratarle para todo el día pero el taxista dice que no sabe dónde queremos ir y se niega. Quizás lo que ocurre es que simplemente no quiere salir de la capital.
La Ciudadela abre a las 8 de la mañana, un par de minutos después de nuestra llegada, y la entrada cuesta 2 dinares por persona. Está situada en una de las colinas sobre la ciudad, antiguamente siete como Roma y en la actualidad diecinueve, y rodeada de unos muros de 1.700 metros de longitud. Desde allí se puede disfrutar de una buena panorámica de la famosa bandera de Jordania que ondea a lo lejos y que ostenta el récord de tener el mástil o asta más alto del mundo. Nosotros sólo vimos el mástil, sin bandera. Allí se han descubierto restos de fortificaciones que se remontan a la Edad de Bronce y la Edad de Hierro, pero los mejores vestigios son los del Palacio Omeya y la zona circundante y los de la Basílica Bizantina.
El Palacio Omeya data del 720, durante el dominio de los árabes omeyas. El recinto incluye el edificio principal, que alberga el Salón de Audiencias, cubierto de una cúpula de madera de nueva factura pero que no desentona con el edificio. El palacio fue destruido en el terremoto del año 749 y nunca fue restaurado del todo. La restauración actual se debe a cooperación española. Una calle de columnas se extiende a través del complejo y está flanqueada por los restos, básicamente arcos, de las casas de los gobernadores y altos funcionarios. Es posible entrar pero en un día desapacible no te evita el frío.
Cercano al Palacio Omeya se encuentra el Templo de Hércules, construido durante el reinado del romano Marco Aurelio (siglo II d.C.) y dedicado al héroe mitológico griego Hércules. Es una de las primeras construcciones que ves al entrar en el recinto.
Además en la Ciudadela se ubica el Museo Arqueológico. Que nadie espere encontrar un enorme edificio. Se trata de un pequeño museo que alberga piezas de interés desde la prehistoria. Cabe destacar cuatro sarcófagos antropoides de la Edad del Hierro (de los que faltaba uno), unos pergaminos del Mar Muerto o una escultura considerada como la más antigua del mundo y que data del 8000 al 6000 a.C. Detrás del museo, unos restos de columnas corintias y de mosaicos marcan el lugar de la basílica bizantina, edificada en el siglo VI o VII. Tampoco merece la pena perderse (en un día soleado) la magnífica vista de la ciudad que se tiene desde allí.
Nuestra decisión inicial de coger otro taxi para ir al Teatro romano se modificó con la negativa de uno a esperar que termináramos de hacer una foto y por la facilidad de llegar. Caminando calle abajo no tardas en encontrar unas escaleras que te llevan directamente a un mirador con vistas al monumento. Un tramo de escaleras más te conduce hasta allí. Es el resto mejor conservado y restaurado de la antigua ciudad romana, Filadelfia, construida bajo Antonio Pío en el siglo II d.C. Edificado sobre la roca de la colina, tenía capacidad para 6.000 espectadores. Su acústica es impresionante y se utiliza para representaciones teatrales y diversos espectáculos. El Foro fue construido frente al teatro bajo el mandato de Cómodo, en el siglo II d.C. Justo al lado se halla el Odeón, un anfiteatro más pequeño, con capacidad para 500 personas, del mismo siglo y que se sigue utilizando para conciertos y recitales. Cuando nosotros fuimos la Plaza Hachemita, ubicada delante, estaba levantada para hacer una restauración. Según supimos al día siguiente han pensado remodelarla por completo para darle una mayor relevancia al Teatro y dedicarla al turismo que acude a la ciudad y entonces se le cambiará el nombre por el de Plaza de la Libertad. El Teatro y el Odeón estaban cerrados por lo que nos conformamos con la vista panorámica y continuamos caminando un poco más hasta llegar al enorme y bien conservado Ninfeo. Aunque por hora debería estar abierto, sus puertas permanecían cerradas a cal y canto y nos conformamos con verlo desde el exterior. Un poco más abajo encontramos la Gran Mezquita de Hussein, edificada en piedra rosa y blanca en 1924 por órdenes del rey Abdallah I. Fue restaurada bajo la dirección del rey Hussein en 1987. La mezquita original se construyó en el 640 d.C. Aunque la entrada a los no musulmanes no está terminantemente prohibida ni siquiera hicimos intentos de entrar. Después de hacer unas fotos, y bajo la amenaza de la lluvia nuevamente, decidimos parar un taxi para que nos llevara a nuestros próximos destinos.
Aunque dicen que los jordanos dominan bastante bien el inglés, no es del todo cierto. Los taxistas tienen algunas nociones pero no está de más que os hagáis con una guía con fotografías, muy útiles para mostrarles a dónde queréis ir, o bien la Lonely Planet, con algunos nombres de ciudades en árabe. En su defecto siempre podréis pedir en los hoteles o al guía, si lo tenéis, que os apunte los nombres en árabe en un papel.
El primero de los taxistas se negó a llevarnos con excusas y el segundo accedió después de regatear el precio. Nuestra primera parada fue relativamente cerca, en la Mezquita del rey Abdallah, que se terminó en 1989 en homenaje del rey Hussein a su abuelo y se caracteriza por su cúpula azul. Tiene capacidad para 7.000 fieles en su interior y otros 3.000 en el patio. Alberga un pequeño Museo Islámico que no visitamos por falta de tiempo. Después de pedirle al taxista que nos esperara nos dirigimos a la entrada para turistas (ya que esta mezquita sí es visitable para los no musulmanes). Nos hacen pasar a un patio lleno de tiendas y de allí a una sala pequeña, tipo vestidor, donde cuelgan unas túnicas en perchas. Una chica nos dice que las mujeres nos las tenemos que poner encima de la ropa y cubrirnos la cabeza con su capucha. El efecto es como si fuéramos monjes asesinos de la Edad media y la medida es absolutamente discriminatoria.
Como en todas las mezquitas tienes que descalzarte antes de entrar y dejar tus zapatos en la puerta para no manchar las múltiples alfombras que un hombre estaba limpiando con esmero. Igual que en el exterior destaca su azulada cúpula, en el interior llama la atención la enorme lámpara. También me resultó curioso que a pesar de que en la entrada especificaba que la entrada eran 2 dinares por persona nadie nos cobró, ni aunque preguntamos varias veces dónde se compran los tickets. Por cierto, justo al lado de la sala donde te pones y quitas las túnicas hay WC, no demasiado maravillosos. Son del tipo que he sabido que se llama inodoro asiático o placa turca, que para los no entendidos es el que está en el suelo.
Para que un taxista sepan que debe llevarte a lo que bíblicamente se conoce como Betania más allá del Jordán es conveniente decir que quieres ir a Al Maghtas, su nombre en árabe. Tardamos en llegar desde Ammán unos tres cuartos de hora y al llegar encontramos unas instalaciones que no esperábamos. El ticket para una persona cuesta 12 dinares y da derecho a unas audioguías en el idioma que elijas (por supuesto el castellano) que funcionan con un lápiz óptico y una ficha con números. Para ello te hacen dejar un documento de identidad en préstamo que te devuelven una vez has terminado. Empezamos la visita a las 11 de la mañana, cogiendo primero un autobús y después a pie. Se considera que el yacimiento de Betania es uno de los lugares bíblicos más importantes de Jordania aunque hasta hace pocos años no era visitable y estaba completamente militarizado a causa de su cercanía con Israel (hoy una simple zanja separa los dos países). Aunque se dice que ya a finales del siglo XIX se habían realizado excavaciones arqueológicas en la zona no fue hasta 1994, después de haber firmado el tratado de paz con Israel, cuando se pudo trabajar con tranquilidad. Aparecieron entonces los restos que ahora pueden verse, de iglesias, cuevas y pozos (que no vimos en su totalidad). Siguiendo las escasas pistas que la Biblia da sobre ello, se acabó identificando como el lugar del bautismo de Jesús, aunque en el otro lado de la valla los israelíes afirman tener otro lugar del bautismo. La misa multitudinaria que el Papa Juan Pablo II celebró en Betania en el año 2000 parece confirmar que se trata del lugar exacto. En primer lugar y de lejos puede verse una montaña llamada Tell Mar Elias, que es el lugar donde supuestamente el profeta Elías subió al cielo en un carro de fuego. No lejos de allí una enorme piscina para bautismos multitudinarios nos da la bienvenida. Desde allí se camina por un sendero hasta el lugar que se denomina el Manantial de San Juan Bautista y desde ese punto se sigue un camino cubierto de una vegetación poco imaginable en esa zona hasta llegar al lugar que se declaró como el sitio del bautismo de Jesús. Se han encontrado restos de tres iglesias bizantinas de los siglos V y VI y unas escaleras bajan hasta el nivel del agua hoy inexistente. Es en ese punto donde tuvo lugar tan importante acontecimiento. A pesar de que no soy una persona creyente no puedo evitar pensar en la importancia del sitio donde estoy. Otro camino nos lleva hasta la Iglesia de san Juan, a 300 metros de distancia, pequeña, encantadora y magníficamente decorada. Un hombre nos da la bienvenida. Tiene delante una mesita y vende algunos recuerdos, no demasiado caros. Una pareja que va con nosotros compa un rosario perfumado por pocos dinares y nosotros nos llevamos una cajita con aceite consagrado, incienso y agua bendita, una botella azul muy bien decorada con agua bendita del Jordán y una especie de pulseritas con una cruz que cuelga que sólo cuestan 1 dinar. Pocos metros más allá, después de una pila bautismal, vemos por primera vez el río Jordán. El río, tan famoso por los acontecimientos que tuvieron lugar en sus inmediaciones, sorprende por sus aguas turbias y por sus dimensiones. En algunos momentos tienes la sensación de estar ante un simple riachuelo y, sin embargo, pocos son los que evitan la tentación de llenar una botella con un poco de su agua. Al otro lado la presencia de los militares nos recuerda que hubo un tiempo en que ni siquiera se podía acceder a ese pequeño trozo del río. Incluso en la iglesia había un militar jordano, muy amable por otra parte.
De vuelta al centro de recepción de visitantes (con el bus) después de una visita de más o menos una hora nos damos cuenta de que las tiendas venden las cosas más caras que en la Iglesia de san Juan por lo que tenemos la sensación de haber hecho una buena compra. Sin embargo acabo comprándole a un simpático muchacho un imán de nevera y a cambio, por el agradecimiento, nos permite entrar en su WC. Además aprovecha la oportunidad para practicar su inglés con el socorrido tema del fútbol.
Cogimos nuevamente el taxi para ir a Umm Qais, la antigua ciudad de Gadara. Aunque el taxista nos dice que tardaremos dos horas en llegar, se hace un lío con las carreteras y tardamos casi tres. Llegamos a la ciudad sobre las 15.30 y soy yo quien ve un cartel hacia el yacimiento que él ha sido incapaz de ver a pesar de tenerlo delante de la nariz. Negociamos con él que nos espere hasta las cinco y vamos a comprar los tickets. La entrada cuesta 3 dinares. Situada a unos 110 kilómetros de Ammán, la ciudad pertenecía, igual que Jerash, a la Decápolis, ciudades que conservaron cierta independencia bajo el dominio romano. Estaba situada en una importante ruta comercial. Los restos demuestran la belleza de la ciudad antigua, edificada en basalto y piedra caliza. Casas del dominio otomano (siglos XVIII y XIX) coquetean con las ruinas romanas en un lugar donde también vemos tres teatros romanos, un ninfeo o lo que queda del Decumanus. También dispone de un interesante museo donde un chico, en un perfecto inglés, nos va enseñando las piezas, desde una importante estatua de la diosa local Tyche hasta monedas, capiteles o una puerta de piedra. Una lluvia fortísima acompañada de granizo nos vino a hacer una visita poco después de que disfrutáramos de una de las maravillas de Umm Qais, sus maravillosas vistas sobre los Altos del Golán, imponente meseta motivo de incesantes disputas entre Siria y Egipto. Un poco más allá podemos ver el Lago Tiberíades, también llamado Mar de Galilea, famoso para los cristianos porque se dice que Jesús caminó sobre sus aguas. Un estudio científico de hace unos años ha revelado que posiblemente el Nuevo Testamento hablara de una verdad a medias y que realmente habría caminado sobre un trozo de hielo flotante que se habría formado en un momento de descenso brusco de las temperaturas. La lluvia nos obligó a tomarnos un respiro en el Resthouse Umm Qais, un local en el interior del recinto arqueológico donde hicimos un alto para tomar un té caliente. En días claros desde allí tienes unas impresionantes vistas; lamentablemente nosotros no veíamos más que lluvia. En un momento la magnífica estampa de los Altos del Golán había dado paso a la oscuridad. Cuando al fin dejó de llover, continuamos con nuestra visita hasta que dio la hora señalada para marcharnos. De todos modos, aunque hubiéramos querido, no habríamos podido quedarnos más. A las cinco de la tarde el recinto cierra sus puertas.
Llegamos al hotel sobre las 19.05. Nuevamente el taxista se hizo algo de lío para volver a Ammán y tantas vueltas hicieron que me mareara (de hecho ya había llegado a Umm Qais en malas condiciones). Cuando llegamos ante la puerta del Arena Space nos puso en duda que hubiéramos pactado 80 dinares para todo el día y nos pedía 85 (supongo que para tener su propina). Nos negamos a pagarle más de lo pactado.
Cuando subimos a la habitación me di cuenta de que no nos habían dejado toallas de baño. Las reclamamos cuando volvíamos de cenar y tardaron poquísimo en traerlas. Había sido un descuido que fue subsanado rápidamente.

JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS 4

CUARTO DÍA
Abandonamos Wadi Musa con la sensación de ser un lugar poco cómodo para vivir con tantas cuestas arriba y abajo a las 8.15 y nos dirigimos a Wadi Rum. En autocar se tarda en llegar al desierto una hora y media u hora tres cuartos. Mientras Jamal compraba las entradas disfrutamos de las instalaciones que ofrece el centro de visitantes (tiendas, WC…). Lo mejor, no obstante, son las maravillosas vistas de la montaña de los Siete Pilares, considerada como una de las formaciones rocosas más impresionantes del lugar y que fue bautizada así en honor al libro Los siete pilares de la sabiduría de Lawrence de Arabia, que se relaciona siempre con ese lugar.
Thomas Edward Lawrence (1888-1935), más conocido como Lawrence de Arabia, fue un militar, arqueólogo y escritor británico. Influido por uno de sus profesores de Oxford viajó a Siria en 1909 a trabajar en yacimientos arqueológicos, donde aprendió la lengua y las costumbres de la zona. Gracias a esos conocimientos fue contratado en 1914 por el servicio secreto británico. Bajo la apariencia de hacer exploraciones arqueológicas obtenía información sobre el imperio otomano.
En 1916 se inició la Revuelta árabe contra los turcos otomanos liderada por el príncipe hachemí Faysal y asesorados por Lawrence. Se empezó una guerra de guerrilla, obteniendo importantes victorias. Sin embargo Lawrence fue apresado por un mandatario turco y fue torturado y al parecer violado. Luego algunos de los mismos soldados que le habían maltratado le ayudaron a huir y de nuevo junto a Faysal participa en algunas batallas. Con la victoria final de los árabes y la retirada de los otomanos, Lawrence pide permiso para regresar a Gran Bretaña. Sin embargo, a sus espaldas, se habían firmado el tratado Sykes-Picot por el que Francia e Inglaterra se repartían el territorio y se impedía la formación de un estado árabe. Intentó por todos los medios evitar que se aplicara pero no lo logró.
Escribió el libro Los siete pilares de la sabiduría donde reflejó su experiencia con los árabes.
En 1921 aceptó la propuesta de Winston Churchill de trabajar para el Departamento de Medio Oriente y participó en la Conferencia del Cairo, en la que se proclamó a Faysal rey de Siria (luego fue depuesto). Intentó alistarse un par de veces en el ejército bajo seudónimo pero fue dado sucesivamente de baja o se le impidió hacerlo.
Murió en 1935 de las heridas recibidas al golpearse la cabeza en un accidente de motocicleta.
Existe una película, Lawrence de Arabia, basada en su vida, dirigida en 1962 por David Lean y protagonizada por Peter O'Toole, Anthony Quinn, Alec Guinness, Jack Hawkins, Omar Sharif y José Ferrer. Ganó 7 Oscars, incluyendo mejor película, director, fotografía y banda sonora. Para todo el que no haya visto esta obra maestra le recomiendo que lo haga antes de emprender el viaje a Jordania. Le dará una idea de quién fue este personaje aunque la visión que da la película dista un poco de la que obtendrá cuando vaya al país. Me dio la sensación de que allí no dejan de verle como un simple soldado británico e incluso un traidor que, conociendo el tratado que se gestaba entre Francia y Gran Bretaña, se lo ocultó a los árabes. Fuera o no Lawrence el héroe que presenta la cinematografía lo cierto es que uno lo deja de tener en mente la maravillosa música de Maurice Jarre mientras recorre lo poco que un recorrido de dos horas en jeep te permite.
Es mejor que nadie llegue al desierto de Wadi Rum en marzo pensando que va a tener calor porque no es cierto. Todos íbamos bien abrigados y, a ser posible, con las cabezas cubiertas por la arena. No tenemos que olvidar que el jeep está descubierto y que es posible que tengáis que sufrir una pequeña (o no tan pequeña) tormenta de arena a causa del fuerte viento.
El recorrido no se hace en coche todo el tiempo sino que se baja cinco veces. La primera vez lo hicimos para subir a una “pequeña” duna, con el esfuerzo que supone llegar hasta arriba. Dar un paso significa tener la sensación de que retrocedes dos y con una fuerte pesadez en las piernas. Y una vez arriba disfrutas (si el viento te deja) de unas vistas maravillosas sin dejar de estar atento al viento que puede tirarte por un precipicio (lo digo porque casi me caigo).
Bajamos de la duna con esfuerzo, entre un fuerte viento que hacía que las piedrecillas nos golpearan con fuerza en la cara y en las manos, y subimos de nuevo al jeep para continuar hasta la siguiente parada. Si pensamos que la primera duna era dura es que no habíamos visto la segunda. Sólo la mitad se vio con fuerzas de llegar arriba y siento decir que no formé parte de ese selecto y valiente grupo. Sin embargo quedarse abajo no supone, en absoluto, perderse la belleza del lugar.
La tercera parada la hicimos al borde de un acantilado, peligroso por el viento pero desde el que se obtenían unas fotos hermosísimas, tanto como las curiosas pinturas nabateas relativas a la parada de caravanas que se veían sobre la roca en la cuarta parada. Por cierto, una especie de cabra que hay entre los dibujos es un oryx, una especie protegida.
El desierto maravilla por sus formaciones rocosas, su arena roja y aquellas escasas muestras de vegetación, que también existe, una especie de arbustos en su mayoría acacias, y que forman parte de una reserva natural protegida desde 1998. Confieso que no vimos ni oryxs ni gacelas pero sí dromedarios, que tan típicos de ver son en los desiertos. En el recorrido no tienes la gran suerte de visitar los famosos puentes de piedra, ni siquiera la seta que se hizo famosa por aparecer en la película de David Lean, pero lo que ves es tan bonito, tan increíble y único, que ni siquiera lo echas de menos. Y no te molesta subir y bajar todo el tiempo del jeep o que éste a veces apenas pueda avanzar o se quede enganchado en la arena.
En la última parada vimos al fin la cara de Lawrence esculpida en la roca. Se sabe que es él por la inscripción que se hizo en el lugar donde estuvieron acampados durante la Revuelta árabe pero podría ser cualquiera. Antes de irme de viaje tuve ocasión de ver algunos retratos suyos y le tenía por un hombre enjuto. Sin embargo no coincide mucho con la cara que vi en Wadi Rum, más parecida a la Isabel la católica con velo por su rostro rollizo. Al otro lado el artista nos dejó el retrato de Abdullah I, hermano de Faisal y primer rey de la nación independiente de Jordania. Más allá, y mucho más grande, nos observa otro retrato en roca de un personaje que no ha podido identificarse. ¿Será también Lawrence?. ¿Será un líder árabe menos conocido y cuyo valor no ha trascendido hasta nuestra tierra?. No lo sabemos.
Una vez allí entramos en una jaima a degustar un té recién hecho. Más allá unos hombres fumaban y hablaban con tranquilidad al pie de una lumbre, ajenos a nuestra presencia. No parecen molestos cuando me levanto para hacerles una fotografía. Continúan con sus quehaceres y nadie viene a molestarnos para que compremos algunas de las cosas que tienen expuestas sobre una mesa y que venden. Sólo compra quien quiere comprar. Uno de los compañeros del grupo entra y dice que se está acercando un grupo montado a camello. De lejos se escuchan ya los ruidos de los animales mientras seguimos sentados en la tienda, en un asiento de piedra cubierto con una fina manta.
Retomamos nuestro camino un poco después, en una bajada accidentada por una duna empinada que provoca algunos gritos y mucha emoción. A pesar de que nuestro conductor es prudente y va despacio unos movimientos bruscos hacen que salte sin cesar en la parte trasera del jeep y acabe rompiéndome una uña (la segunda en pocos días). No tarda en quedarse rezagado a causa de la arena que aprisiona las ruedas del coche pero pronto nos liberamos y seguimos hasta el lugar donde los compañeros ya están bajando de sus jeeps.
Hoy se nos ofrece comer en unas tiendas, un buffet que cuesta 10 dinares más bebida. Sé que las cervezas son caras pero por fortuna no bebo más que agua, que cuesta 2 dinares la botella grande. La comida consiste en ensaladas, cuscús (con un aspecto delicioso pero con bastante mal sabor, como si le hubieran puesto kétchup muy dulzón), lentejas muy duras, el delicioso y siempre presente hummus y lo mejor de todo, unos riquísimos pinchitos hechos al instante a la brasa. Los había de ternera y de pollo y estos últimos estaban deliciosos. Al olor de la carne no tardaron en aparecer cariñosos gatitos que se paseaban por debajo de nuestras mesas y que acabaron sucumbiendo a los pequeños trocitos que les echaba.
Nos vamos de Wadi Rum poco antes de las dos de la tarde pero no hacemos todo el trayecto hacia Ammán de una tirada sino que paramos a mitad de camino, en el mismo sitio donde habíamos comido hacía dos días. Una parada técnica. Un amable jordano nos espera en la puerta para obsequiarnos con una riquísima galleta con ajonjolí. Aprovecho para comprar unas camisetas de recuerdo para regalar a la familia por 5 dinares cada una y luego vamos a la tienda de dulces para intentar saber cuánto valen las deliciosas galletas. El hombre que las vende no está allí y aprovecho para coger otra de unas de las bandejas medio terminadas. No tarda en aparecer y nos deja “probarlas”. No nos lo pensamos dos veces. Cogemos otra galleta más. Una bandeja pequeña vale 3 dinares pero vale la pena.
Llegamos al hotel Arena Space de Ammán sobre las 18 horas y vemos con algo de preocupación que ha llovido en la capital. Al día siguiente unos se van a Jerusalem y otros tenemos el día libre y una amenaza de lluvia no es la mejor noticia. No tenemos la suerte de que esta vez nos suban la maleta (recordad las famosas escaleras) por lo que tengo que sufrir arrastrando hacia arriba mi enorme maleta. Una vez en el hall un camarero nos ofrece un vaso de un refresco anaranjado que bien podría ser Fanta. Por primera y única vez no pienso en el peligro de diarreas y me lo bebo.
Se repite el mismo proceso de la otra vez. Nos dan las llaves y unas pegatinas con el número de las habitaciones para que las peguemos en las maletas y así facilitar que nos las puedan llevar los maleteros. Pido en recepción un mapa de la ciudad pero me remiten a la tienda.
La habitación está de nuevo en el primer piso, igual que la otra vez. Eso significa que volveremos a escuchar la llamada a la oración de madrugada y también el sonido de la excavadora. Aprovecho el tiempo que nos queda hasta la hora de cenar para vaciar mis zapatillas. Han terminado completamente llenas de arena del desierto y mi pelo, a pesar del pañuelo, ha acabado poco más o menos igual. Además, y aunque no hacía calor, el sol se ha aprovechado de mí y estoy muy roja (sé que derivará en color moreno saludable con el paso de los días). Bajamos a cenar a una hora prudencial y compramos en la tienda un mapa de Ammán y otro de Jordania. El señor de la tienda, un anciano muy amable que quizás por coquetería ha decidido no ponerse gafas, no nos puede indicar dónde está Betania porque no ve (aunque no dejo de preguntarme si lo sabe de verdad) y el recepcionista del hotel pone muy buena voluntad pero tampoco tiene ni idea.

JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS 3

TERCER DÍA

El nombre de Petra proviene del griego y significa piedra. La misma ciudad está excavada y esculpida directamente de la piedra. Está en un valle muy angosto, a mitad de camino entre el Golfo de Aqaba y el Mar Muerto, y sus edificios más importantes son el Tesoro y el Monasterio. Se fundó en el siglo VII a.C. por la tribu de los edomitas y sobre el siglo VI a.C. la ocuparon los nabateos. Fue ésta una etapa de esplendor porque la ciudad se situaba en la ruta de las caravanas que transportaban incienso, especias y otros productos de lujo entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo. Ocupaba un punto privilegiado ya que estaba a salvo de ataques gracias a su localización y disponía de suficiente agua. Se abandonó en el siglo VIII, por culpa de los cambios en las rutas comerciales y de los terremotos. Quedó en el olvido y en 1812 un explorador suizo, Burckhardt, se hizo llevar hasta allí disfrazado de árabe y descubrió las ruinas. Petra es patrimonio de la humanidad de la UNESCO y desde julio de 2007 es una de las nuevas siete maravillas del mundo.

Ya que el agua abundaba en la ciudad, también había muchas fuentes y canalizaciones, siendo todavía visibles las cisternas y acueductos excavados en la roca. Los nabateos, pueblo que le dio auge, destacaron también por la fabricación de cerámica, de la que se han encontrado restos.
Los nabateos eran nómadas y en inicio sus construcciones eran simples tiendas de piel de cabra. Con el tiempo excavaron unas sencillas habitaciones en la roca, con fachadas lisas y una puerta en la parte inferior, muy al estilo de las tumbas sirias. En el siglo I se inició la construcción de los grandes monumentos que vemos actualmente y en el siglo siguiente se adoptaron detalles arquitectónicos del arte griego, aunque los edificios privados donde comían, dormían o trabajaban seguían el estilo árabe. Se dice que las autoridades multaban a los que reducían sus riquezas y daban honores a los que las aumentaban.

Ese tercer día nos levantamos a las 5.45 para salir a las 7.15. Aunque Petra está cerquísima tener que ir a recoger a la gente en los otros hoteles provoca dar muchas vueltas y demasiadas subidas y bajadas. Y es que ya dije que Wadi Musa es una ciudad de trazado irregular y bastante molesto.

Llegamos a la entrada a las 8.00 y Jamal se va a comprar los billetes. En ese momento el comentario generalizado es el precio exagerado de los tickets. Aunque recientemente el gobierno ha permitido que los jóvenes beduínos puedan ofrecer sus servicios de traslados a caballo se tiene que matizar que 50 dinares es excesivo. Además que nadie piense que va a recorrer el Siq a caballo como si se tratara de Harrison Ford en Indiana Jones y la última cruzada. Los caballos apenas si recorren los primeros 800 metros, hasta la llegada la entrada del Siq.
Como ya he explicado después de la verja de entrada se caminan 800 metros por un camino pedregoso hasta llegar al Siq. Se pueden ver los Bloques de los Djinns (los genios de la mitología árabe), que son tres bloques de piedra tallada, y a la izquierda un par de tumbas excavadas en la roca. Inmediatamente después aparece la Tumba de los Obeliscos.

El Siq es un desfiladero, pero no es un cañón ya que no se ha formado por la acción de un río que haya erosionado las paredes, sino que se originó por un pequeño terremoto que separó dos placas tectónicas. Mide 1,2 kilómetros de largo, de 2 a 5 metros de ancho y tiene una altura de 200 metros. Se considera como uno de los caminos más sobrecogedores de la tierra. Al final del Siq se puede contemplar ya la fachada del Tesoro. Por la entrada circulan unos hombres vestidos de guardias nabateos, un poco como los centuriones que hay en Roma frente al Coliseo, y también las calesas que por un precio que desconozco llevan a los que no quieran caminar hasta llegar al Tesoro. Sorprendería saber que no es poca la gente que hace uso de ese servicio y no son precisamente ancianos ni enfermos. Sea como sea todo el grupo decide caminar unido, siguiendo las explicaciones del guía y viendo cada detalle, como las esculturas que representan a dioses nabateos, tan desconocidos por nosotros. ¿O es que mucha gente ha oído hablar de Dushara, su divinidad principal?. De día se ve el Siq de otro modo, mucho más imponente, y nos va descubriendo aquellos secretos que nos ocultaba durante la noche, como los canales de agua. Las formas, los colores, son únicos y cada piedra es merecedora de una foto. Como ya intuimos la noche anterior en ciertos puntos se han conservado tramos de calzada romana, con sus enormes piedras que nos hacen mirar con detenimiento dónde pisamos para no caer. Y al fin aparece él, el Tesoro, la imagen más deseada y hermosa de todo el recinto.

El Tesoro data de entre el año 9 a.C. y el siglo II y tiene una impresionante fachada de 43 metros de altura en dos niveles. La parte inferior tiene estilo neoclásico, con un pórtico sobre columnas de 12 metros de altura y de capiteles corintios. En la parte superior hay varios nichos enmarcados con columnas con estatuas de dioses en su interior. Arriba del todo hay una cúpula puntiaguda que sostiene una urna. Dice la leyenda que contenía el tesoro de un faraón egipcio (otros dicen que era el de unos piratas) y de ahí proviene el nombre del edificio. Actualmente tiene agujeros de los proyectiles disparados para intentar abrirla. Se entra por la puerta central, que da paso a un recinto de 10m2 sin ornamentación y con un hueco en el suelo que servía para rituales a los dioses. Este recinto comunica con tres cámaras más. El Tesoro se talló en la roca para servir de tumba al rey nabateo Aretas IV. A los lados de la entrada hay dos relieves muy mal conservados. Se cree que representan a Cástor y Pólux, hijos de Zeus. Nos llama la atención que no se pueda acceder a su interior, aunque ya sabemos que no hay nada, y también que unas excavaciones bien visibles han dejado a la luz un fragmento de fachada enorme por debajo del nivel de la que conocemos. La teoría generalizada es que los nabateos construían de arriba hacia abajo esculpiendo directamente en la roca y hoy por hoy todavía hay una gran parte de la ciudad por descubrir.

En el tiempo libre pudimos inspeccionar desde fuera una tumba cercana de una familia de 17 personas y desde la que se obtiene una perspectiva magnífica del Tesoro.

La Calle de las fachadas muestra unas 40 tumbas y casas nabateas excavadas en la roca. Tuvimos la ocasión de asomarnos a una. El más accesible de los lugares sacrificiales es el Altar de los sacrificios conocido popularmente como el Altar. La cumbre del monte se allanó para crear una plataforma y allí se excavaron grandes desagües para canalizar la sangre de los animales que se sacrificaban. No se sabe si se usaba para hacer ceremonias en honor a los dioses, ritos funerarios o ambos. Vimos como la gente subía y bajaba pero la falta de tiempo nos hizo desechar la idea de subir (igualmente es prioritario dedicar el tiempo al Monasterio). Desde la escalera de subida al Altar en seguida de llega al Teatro tallado en la roca por los nabateos en el siglo I a.C. Tiene 45 hileras de asientos y una capacidad original para 3.000 personas. Los romanos lo ampliaron posteriormente a 8.500 asientos. Fue gravemente dañado en un terremoto en el 363 y algunas de sus partes se usaron para construir otros edificios. Frente al teatro sobre el monte vemos varias tumbas de monarcas nabateos así como un recinto con llamativos colores. No es extraño ver por todas partes a pequeños vendiendo postales a un dinar o collares también muy baratos. Una de las niñas, algo más mayor, elogia mis ojos en un perfecto castellano. Le han llamado la atención porque los llevo maquillados y los mira atentamente.
Las tumbas nabateas más importantes son la Tumba de la urna (con una gran urna coronándola y una cámara interior de unos 20 m2, data del siglo I y en el siglo V se usó como iglesia por los bizantinos), la Tumba de seda (la menos impresionante pero con hermosas tonalidades de la roca), la Tumba corintia (por el tipo de columnas que tiene) y la Tumba Palacio, una de las mayores de Petra (se entra a través de dos puertas de frisos triangulares; se parece al Tesoro pero está mucho más deteriorada). La última de las tumbas destacables es la de Sexto Florentino, un gobernador romano que quiso ser enterrado en una tumba que preparó su hijo en el 130 d.C. Están en lo alto de la montaña pero se accede a ellas fácilmente por una escalera o por un camino. Que nadie se preocupe si llegados a este punto necesita ir al WC o quiere comprar algo, de recuerdos o para comer o beber. Hay WC y puestecillos por todos lados (aunque si queréis comprar algo recordar que muchas veces el precio será elevado y tendréis que regatear mucho para conseguir algo que en la puerta ya te ofrecen a ese precio).

Al pie de las tumbas empieza la principal explanada de la ciudad, la Calle de las columnas. Se construyó hacia el 106 d.C. sobre una calzada nabatea que ya existía. Tiene el trazado de un decumanus romano (de este a oeste) pero no se corta con un cardo maximus (de norte a sur). Recibe su nombre de las columnas de mármol que flanquean la calzada. A un lado y a otro se levantaban tiendas bajo pórticos cubiertos. A comienzo de la calle está el ninfeo, una fuente pública dedicada a las ninfas que data del siglo II, que no se conserva demasiado bien. A la izquierda de la calle están los restos del mercado, dividido en inferior, medio o superior, y más arriba a la derecha están las ruinas del palacio real. La calle acaba en la Puerta del Temenos, del siglo II y con tres arcos. Marcaba la entrada al recinto sagrado del Qasr al-Bint y el paso a la zona comercial de la ciudad. Su diseño recuerda a los arcos del triunfo romanos con toques nabateos (adornos florales en las columnas). Enfrente están las ruinas de los baños nabateos.
El Gran Templo se erigió como un importante templo nabateo en el siglo I a.C. Aunque sufrió daños por un terremoto acontecido poco después se usó hasta el período bizantino. En el nivel superior estaba el recinto más sagrado con cuatro enormes columnas en la entrada revestidas de mármol. En el centro se levanta un teatro en miniatura. El templo medía 18 metros de altura y estaba decorado con estucos rojos y blancos. Os recomiendo que subáis a explorarlo porque impresiona por sus enormes dimensiones.

El Qasr el Bint (Palacio de la doncella o hija del faraón) a pesar de su nombre se dedicaba a adorar al dios del Sol, Dushara, y quizás también a la diosa de la fertilidad. Era uno de los templos más importantes de la ciudad. Medía 23 metros de altura y tenía escaleras de mármol, imponentes columnas con capiteles decorados con motivos florales y un sanctasanctórum central que albergaba una imagen de los dioses. Probablemente el altar de los sacrificios estaba revestido de mármol. Una leyenda dice que el faraón enterró aquí otra parte de su tesoro y otra que fue el lugar donde escondió a su hija para protegerla.
Al otro lado de la calle, subiendo un poco, se alza otro templo, el Templo de los leones alados, probablemente dedicado a Atargatis, compañera del dios Dushara y diosa de la fertilidad. Data del siglo I y recibe su nombre por las figuras de leones alados en los capiteles. Confieso con algo de vergüenza que no los vi aunque seguramente es que me fijé mal.
La Iglesia bizantina conserva hermosos mosaicos en el suelo, al estilo de los de Madaba. El edificio fue construido por los nabateos y ampliado por los bizantinos hacia el 530. Se quemó en un incendio y se destruyó en varios terremotos. La reconoceréis por su cubierta moderna. Justo detrás se levanta otra iglesia bizantina encontrada recientemente y que al parecer fue residencia de un obispo.
Más allá del Qasr el Bint se alza el Al-habis (la prisión). Por su ladera se suben unos escalones hasta el Museo de Al-Habis que recopila esculturas clásicas, estatuillas y estucos pintados. En la cima vemos las ruinas de un castillo cruzado del siglo XII.

El Monasterio es el segundo gran edificio de Petra después del Tesoro. Para llegar arriba se tienen que subir 800 escalones tallados en la roca, en la antigua vía procesional. El edificio se construyó en el siglo III para que fuera el reposo eterno del rey nabateo Obodas I aunque otros creen que simplemente era un templo nabateo. Recibe su nombre de las cruces talladas en las paredes interiores, lo que hace pensar que se usó como iglesia en época bizantina. Tiene unas columnas altísimas y una urna en la fachada. En cierto modo se parece al Tesoro aunque es más alto. Mide 50 metros de ancho por 45 de alto. La puerta mide 8 metros de altura por 4 de ancho. En la cámara interior hay un nicho en la pared del fondo con una representación del dios Dushara. El patio de enfrente del Monasterio estaba rodeado de columnas y posiblemente fuera el lugar donde se hacían ceremonias sagradas.
En el camino hacia el Monasterio podremos ver el Triclinio de los leones, una tumba que recibe ese nombre por los dos leones de piedra que se encuentran a la entrada.

Mucha gente teme la subida por eso de los escalones y por comentarios que hay en Internet que hablan de la dificultad. Yo no me considero una persona demasiado en forma y detesto hacer ejercicio. Sin embargo la subida no me costó nada. La vista que se obtiene en la subida es impresionante y entre que vas parando para descansar, para hacer algunas fotos o, simplemente, para contemplar el entorno, llegas arriba y no te das ni cuenta. Para los aficionados a las compras diré que no faltan los puestecillos de beduinos ofreciendo básicamente artesanía (aunque no me paré a mirar). Para todos aquellos que no se vean capaces de subir a pie, no faltan quienes ofrecen burros (os cansaréis de escuchar “donkey, donkey”). Vi mucha gente que había escogido esa opción pero, sinceramente, para bien de los burros y de vosotros mismos si sois un poco miedosos con las alturas mejor que lo evitéis. Se sube cerca de precipicios a los que los burritos se acercan peligrosamente. Si tenéis tiempo es mejor que no subáis con prisas y disfrutéis de lo que os rodea.
El Monasterio impresiona por su localización y dimensiones. A pesar de que no se puede entrar (y tampoco veréis nada en su interior) aquella mole de piedra marrón impacta quizás más que la vista del Tesoro. Y si la subida aún no os ha dejado exhaustos podéis intentar subir un poco más a los variados miradores que encontraréis (yo subí con algo de esfuerzo a uno y la vista desde arriba es espectacular).
Tampoco falta un puesto de bebidas y supongo que algo de comida delante del Monasterio, algo que quizás rompe con el encanto del lugar pero que entiendo necesario.
Para los que llegados a este punto tengáis hambre os diré que cerca de las escaleras donde empieza la subida al Monasterio encontraréis dos restaurantes. El que está a la izquierda (cuyo nombre no recuerdo) ofrece un buffet por unos diez dinares (se tiene que comprar el ticket con tiempo). El otro, creo que se llama Basin, me dijeron que es mucho más caro, unos 17 ó 18 dinares. También podéis hacer como yo y comer frente al Monasterio, sentada en una piedra, admirando el edificio y acompañada de un tierno gatito de los que abundan por allí.
El descenso podéis hacerlo tranquilamente aunque ya digo que no cuesta nada (siempre que tengáis cuidado con los burros que suben y bajan y a los que sus dueños llevan a toda velocidad).
Si una vez abajo os interesa, Petra dispone de un pequeño museo con restos arqueológicos encontrados en las ruinas. Es complicado encontrarlo pero la entrada está justo al lado del restaurante Basin.

Si queréis comprar la típica botellita de arena de colores fuera de la puerta de entrada hay unas tiendecillas de precio fijo que las ofrecen bien de precio. También el agua es económica (por 1 dinar podéis adquirir una botella de agua fría de litro y medio).
Regresamos temprano al hotel, sobre las cinco y algo, y a las ocho bajamos a cenar. Lejos de lo esperado no estaba para nada cansada.

JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS 2

SEGUNDO DÍA
Sé que debería haberlo supuesto después de mi experiencia en otros países árabes pero no caí en la cuenta. Debido a la hora a la que llegué al hotel la noche anterior tampoco me percaté de su presencia pero cuando a las cinco de la mañana el muecín empieza a llamar a la oración supe que cerca del hotel había una mezquita. El buen hombre no se limitó en llamar sino que creo que todos los rezos se hacían en voz alta y por megafonía porque parecía que le tuvieras pegadito a tu ventana. Cuando al fin se hizo el silencio duró poco. La mala suerte quiso que los trabajadores, después del rezo matutino, decidieran que ya era la hora oportuna para ponerse a excavar con las máquinas en el solar que había pegado al hotel. Vamos, como si fueran las doce del mediodía. Menos mal que me tenía que levantar a las 5.55. Después de la ducha (y de pelearme con el botecito de gel para que acabara de salir) me asomo a la ventana y veo que en todos los países es lo mismo. Un tío llevaba la excavadora y otros cinco miraban. Es más, llegó un momento en que uno decidió que para qué iba a estar de pie cuando podía estar sentado y fue a buscar una silla. Fue el momento en que un colega aprovechó para ir a buscar té para todos (todos los mirones, se entiende). Como dijo en un momento un compañero del viaje “en aquella obra había muchos capataces”. Pero, vamos, nada que en nuestro país no ocurra también.



El desayuno es bueno y abundante, sobre todo unos panes que te cortas tú mismo y que llevan todo tipo de cereales encima. Tienen un sabor entre dulce y salado buenísimo. A pesar de que tenía un poco de sed evité beber zumo (aún recuerdo lo que pasó en Marruecos) y me decante por el yogur de fresa, bueno pero con un color rosa exagerado por efecto del colorante.
Después de recuperar fuerzas cargamos con las maletas hacia la puerta por la maravillosa escalera. Como levantar un trolley de 70 cm de alto cargado de ropa no es lo mío me decanté por bajarlo arrastrándolo por los escalones. Plof plof plof.



No tardó en aparecer un autobús con un guía que nos dijo que él no era el nuestro pero que no tardaría en llegar. Y así fue. El guía Jamal apareció en pocos segundos a bordo del que fue el bus de recogida del aeropuerto y sería nuestro medio de transporte hasta el final. No tengo ninguna queja del guía. Sin ser de los mejores que he tenido (todavía recuerdo a Pedro Ceinos, una eminencia en China por parte de Politours, los magníficos Gurel y Abdullah en Turquía o el eficiente César en Alemania con Cóndor) por lo menos explicaba lo suficiente como para no dejarte con la sensación que te estaban tomando el pelo. No tardo en darme cuenta de que es un monárquico declarado aunque me pregunto quién no lo es en ese país. Salir de Ammán, la capital (una coletilla que Jamal repite constantemente), me hace darme cuenta de la omnipresente presencia de Abdullah II. Sus fotos se ven por todas partes, con las vestimentas más variadas y haciendo de todo. Es algo así como Abdullah y sus trajecitos. Según el guía el rey ha llevado la democracia al país y todos están muy contentos. Sin embargo todavía es posible pasarte años en la cárcel sólo por el mero hecho de decir que eres ateo (algo terrible en ese país) y el pueblo es bastante reacio a la abolición total de la pena de muerte. Por supuesto la homosexualidad también está penada. ¿Existe una democracia real en Jordania?. No soy yo quien debe cuestionarlo pero no es igual escuchar las alabanzas de Jamal que ver las cosas desde el punto de vista de un europeo. Y realmente cuesta digerir que los jordanos sustenten la existencia de la pena de muerte en cosas tan absurdas como que algunos estados de EEUU la tienen. Pero mejor será dejar de lado cuestiones políticas y centrarnos en el viaje.



Llegamos a Madaba sobre las 8 y algo de la mañana. Esta ciudad se conoce como la cuna de los mosaicos porque en ella podremos ver espectaculares mosaicos bizantinos y omeyas. Al llegar vamos directamente a la Iglesia de san Jorge. Esa iglesia es conocida porque en ella se encuentra el más famoso de todos ellos, dos millones de piedrecitas de piedra local que representan un mapa de Tierra Santa, el primero que se conoce. Aunque la iglesia, ortodoxa, es bastante reciente, el mosaico data del siglo VI. Aunque se ha conservado sólo una cuarta parte lo que vemos es suficientemente relevante como para reconocer Jericó, Jerusalem, el mar Muerto con las ciudades de Sodoma y Gomorra, etc. La ciudad más grande de las que están representadas es Jerusalem, hecha con detalle y representándose las murallas, las puertas, la Iglesia del santo sepulcro y el cardo (la calle principal). No se permite que los guías expliquen dentro de la iglesia (comprensible igualmente por las dimensiones del edificio) por lo que se ha dispuesto que un edificio que está junto a la iglesia se hayan colocado dibujos y sillas para que se den las explicaciones pertinentes. Después podemos pasar tranquilamente a ver el mosaico. Tengo que reconocer que es impresionante por la precisión con la que estaba hecho y por los colores usados. Vale la pena fijarse también en la iglesia y en la iconografía y bajar a la pequeña cripta para ver a la Virgen a la que supuestamente le apareció una tercera mano azul. Al verla de cerca, a pesar de su pequeño tamaño, intuyes que fue pintada pero la devoción es muy grande.
Como el guía nos dio un poco de tiempo libre a la vuelta entramos primero en una parte del Parque arqueológico para ver los restos del Palacio quemado o calcinado, complejo residencial del siglo VI que fue destruido por un incendio y la Iglesia de los Mártires. Después entramos (2 dinares) en la Iglesia de la Virgen. Allí no solamente se ven los restos de la iglesia sino interesantes mosaicos con animales y árboles frutales procedentes del castillo de Herodes, fortaleza que se encuentra al sur de Madaba. En la zona perteneciente al salón de Hipólito vemos el suelo de lo que fue una lujosa casa, que se derribó para hacer la iglesia. Hace muy poco se descubrió un enorme mosaico que se divide en tres partes. A un lado hay pájaros, flores y plantas, en el centro se representa el mito de Fedra (hija de Minos y esposa de Teseo, se enamoró de su hijastro Hipólito pero como no era correspondida le denunció a su marido, acusándole de intento de violación; se suicidó víctima de los remordimientos) y en el panel del otro lado se ve a Afrodita sentada en un trono junto a Adonis y amenazando a Cupido con una sandalia. En la parte que pertenece propiamente a la Iglesia de la Virgen hay un mosaico en forma de medallón de exaltación a la Virgen.


A pesar de que la entrada da derecho a visitar también la Iglesia de los Apóstoles la complicación de las calles todas parecen iguales) y la falta de tiempo nos lo impidió. Si alguien dispone de un poco más de tiempo libre es recomendable verla ya que se trata de una basílica del siglo VI dedicada a los apóstoles que contiene, como es natural, bellos mosaicos. El principal representa a Thalassa, una mujer emergiendo de las olas rodeada de peces y monstruos marinos que representa al mar.


Por lo que pude ver en Madaba se pueden comprar recuerdos no demasiado caros en las numerosas tiendas que llevan a la Iglesia de san Jorge desde el aparcamiento.


Desde la ciudad no se tarda mucho en llegar al Monte Nebo, que dista de ella unos 6 km. Ese lugar es muy venerado entre los cristianos porque es el sitio desde donde Moisés divisó la Tierra prometida, donde se quedó y donde probablemente está enterrado, aunque nunca se ha encontrado su tumba. Seguramente vivió y murió en algún lugar cercano al monte y en él se erigió, ya en el siglo IV, una pequeña iglesia que luego fue ampliada. Hoy en día la iglesia, construida en el siglo XX por los monjes franciscanos sobre las ruinas de la anterior, está de nuevo en obras, para ampliarla, y sólo podemos ver algunos mosaicos originales así como algunas piezas encontradas en excavaciones. También se ve, aunque no es posible hacerse la típica foto, la cruz con el báculo y la serpiente (la Cruz de la serpiente) que representa la muerte del profeta. Sin embargo lo más espectacular son las vistas. En un día claro se pueden ver el mar Muerto, el valle del Jordán, Jerusalem, Jericó y dicen que incluso Belén.
Nuestro guía no quiso llevarnos al taller de mosaicos salvo que la mayoría del grupo lo pidiera. Se agradece que no lo hiciera porque siempre es un tiempo perdido. Fuimos directamente a comer en un punto de camino hacia Petra donde nos pararon. La comida corre por nuestra cuenta. Nos dan un buffet que no está mal (albóndigas, pollo muy bueno, arroz, hummus, etc, y postres como gelatina o natillas) por 10 dinares más 1,5 la botella grande de agua. El restaurante tiene varias tiendas pero por ejemplo no vale la pena comprar aquí la famosa botella de arena de colores. Es mucho más cara que en otros sitios.
Después de comer continuamos el viaje hasta Pequeña Petra. Antes de llegar, y en la carretera, hicimos una parada de cinco minutos para hacer fotos. Es indescriptible es espectáculo de montañas de formas imposibles que se tiene desde arriba. Y eso que vengo de una tierra donde tenemos una montaña ciertamente peculiar (hablo de Montserrat).
Little Petra es una ciudad mucho más pequeña que la su hermana mayor pero que tuvo la misma función. Y la verdad es que se parece mucho aunque teniendo reducidas dimensiones. Al igual que Petra, fue construida para servir de lugar de parada de caravanas, aunque como nos cuentan sería imposible que un sitio o en otro ésta entraran por el Siq, nombre dado al desfiladero. Aunque el famoso es el de Petra, Little Petra tiene su propio desfiladero, mucho más reducido que el conocido. Pero vayamos por partes. Una vez que llegar al aparcamiento y te adentras en el recinto te sorprende que las edificaciones excavadas en la roca (sean tumbas o templos) ya comiencen allí y que el suelo esté cubierto de arena como si se tratara de la playa. Quizás no es extraño si tenemos en cuenta que esa zona, hace millones de años, estaba bajo el mar. Las montañas son extrañas, casi como su fueran sobrenaturales, y en ellas, una vez pasado el desfiladero, nos sorprende un templo trabajado en la roca y de dos pisos, seguramente uno de ellos una tumba y el otro un templo. Se dice de ese templo que tiene un parecido extraordinario con el Tesoro de Petra pero seguramente todo allí lo tiene.
Después de una hora de explicaciones tenemos una hora de tiempo libre para explorar las canalizaciones, algunas de las cuáles partían de escaleras en la misma montaña, los templos (no faltan los techos y paredes ennegrecidos a causa del humo cuando fueron usados de moradas de beduínos) o para subir por algunas escaleras que llevan zonas elevadas desde las que se obtienen buenas vistas. La ciudad acaba en unas escaleras por las que, si camináramos durante un buen rato, llegaríamos a Petra.
Es recomendable también subir a ver la llamada Casa Pintada, una cueva a la que hay que subir por unas escaleras talladas en la piedra y que contiene las únicas pinturas nabateas que se han conservado, con vides, flores y pájaros, muy dañados por el humo de las hogueras encendidas aquí por los beduinos a lo largo de los siglos.
Después de la visita, y por unas carreteras que se asemejan a una montaña rusa, llegamos a la ciudad donde nos alojaremos durante dos noches. Se trata de Wadi Musa (Valle de Moisés), un lugar bastante feo que ha ido creciendo por las montañas y que se ha llenado también de hoteles para albergar el turismo masivo que se acerca a visitar Petra. Nos alojamos en el Hotel King’s Way, un cuatro estrellas aceptable sobre el que no tengo quejas. Llegamos allí sobre las 17.30/17.45, después de haber hecho una breve parada para que los compañeros que habían decidido hacer la excursión opcional organizada a Jerusalem pudieran pagarla. Aunque no es el momento de hablar de ello por los comentarios que he visto en Internet y por lo que pude escuchar después creo que lo mejor es no contratar esa excursión. Es cara (cuesta si no recuerdo mal 200 dinares, algo más de 200 euros) para pasarte muchas horas en la carretera, con los problemas que puedan surgir en la frontera y con bastantes quejas hacia el guía local. Desde mi punto de vista creo que lo mejor es hacer algo por tu cuenta el día libre e ir más adelante a Israel si quieres hacer otro viaje.
Pero volvamos al viaje por Jordania. Bajamos a cenar sobre las 6.50. De nuevo tenemos un buffet y como siempre es comida bastante aceptable y poco picante. El motivo de cenar tan temprano es que nos pasaban a recoger a las 7.50 para ir al espectáculo Petra by night que bastante gente contrató.
Petra by night no es un espectáculo al uso. En primer lugar debo decir que el traslado hasta el recinto corre por cuenta del cliente y lo que hace el guía es comprarnos las entradas y esperarnos en la entrada para entregárnoslas. Sin embargo es posible evitar pagar un taxi (nos dicen que es un poco caro) si el grupo es numeroso. Entonces la empresa propietaria de los autocares autoriza al conductor a recogernos en los hoteles y a llevarnos después por dos dinares por persona. Como encontramos que el precio era razonable lo pagamos sin dudar.
En cuanto a Petra by night cuesta 12 euros y consiste en lo siguiente. A las 20.30 horas debes estar en la puerta de acceso a Petra. Después de darnos la bienvenida (éramos un montón impresionante de gente), un hombre nos acompaña por el camino. Nos dicen que debemos ir en silencio, cosa que no siempre es fácil con tanta gente pero que se consigue bastante. El camino está sólo iluminado por velas metidas en unas bolsitas y se convierte en algo misterioso (ojo con dónde ponéis el pie). Impresiona mucho más en el momento que ya has recorrido los 800 metros que llevan hasta el inicio del Siq y empiezas a recorrer el desfiladero. Las velas se multiplican y también el misterio. 1,200 kilómetros apenas iluminados conducen hasta el punto final, la fachada del Tesoro. Las emociones te embargan al llegar allí y verlo por primera vez a la luz de las velas pero se estropea un poco cuando te mandan sentarte en el suelo sobre esteras (incomodísimo) y esperar hasta que lleguen todos. Entonces empiezan a tocar una música tradicional y un poco repetitiva que al final casi ni escuchas porque estás más pendiente del monumento y de las estrellas. Un hombre amablemente pasa a ofrecernos un té y cuando la música acaba el beduíno que nos ha acompañado hasta allí explica algunas cosas en inglés y nos invita a salir. Hacemos el recorrido a la inversa y he de reconocer que se hace algo largo (son dos kilómetros) y cansado. Pero merece la pena el esfuerzo.
Al salir del recinto es curioso darse cuenta como los vendedores dejan la mercancía sola en los puestos pero nadie se atreve a tocarla.
Llegamos al aparcamiento un poco antes de las 22.30 y en pocos minutos estábamos de vuelta al hotel para descansar. El nuevo día traerá muchas emociones y muchas caminatas.

JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS

PRIMER DÍA
Volar a Ammán con Royal Jordanian es una apuesta segura. Por lo que pude ver dispone de buenos y cómodos aviones (todo lo que pueden serlo esos aparatos), con pantallas individuales de TV. Según me informé en su página web (disponible sólo en árabe y en inglés) en vuelos inferiores a dos horas te dan un refrigerio y en los que superen las dos (era mi caso) una comida, que suele consistir en pollo, ternera o pescado a escoger. Pero vayamos por partes.
A la hora de escoger el viaje, y por primera vez en mucho tiempo, el contrato se hizo por la web de Atrápalo con tiempo suficiente y aprovechando una buena oferta. La mayorista era la hasta ahora desconocida por mí Image Tours. He de decir que la gestión fue perfecta. Desde Atrápalo se encargaron de todo y sólo necesitaron un número de tarjeta de crédito (también se puede hacer el pago por transferencia) y los datos de los pasaportes. Unos días antes de la fecha de salida mandaron los billetes por mensajero a la dirección facilitada, con la información suficiente, los bonos, un portadocumentos por habitación y una pequeña pero práctica guía de Jordania y Siria. El día del viaje, 6 de marzo, sólo tenías que presentarte dos horas antes en el mostrador de la compañía aérea para facturar las maletas.


Como me gusta hacer estas cosas con tiempo, el día anterior, 24 horas antes de la salida (teniendo en cuenta la hora de diferencia que hay con Jordania), hice la reserva de asientos por lo que en principio sólo necesitaba pasar por ventanilla para facturar el equipaje.
La salida del vuelo se efectúa a las 14.05 horas en punto y el avión iba repleto. Durante el viaje, que dura 4 horas 20 minutos desde Barcelona, tuve ocasión de saber que algunos de los pasajeros iban a Ammán pero sólo para hacer escala para ir a Damasco, la capital de Siria.
Como estaba previsto nos dieron la comida. Primero nos traen unas toallitas húmedas para lavarnos las manos. Luego nos ofrecen una bebida y unos cacahuetes para ir abriendo boca. Me apetece tomar un zumo de mango así que lo pido junto con un poco de agua. No hay ningún problema. Para comer escojo el pollo y me dan un plato con pollo al curry, arroz blanco y espinacas. Estaba muy bueno y según me dicen la ternera y el pescado también lo estaban. Como acompañamiento nos dan una pequeña ensaladita, un bollito de pan con un quesito President, tostadas con mantequilla y un pastelito de chocolate que estaba buenísimo. Como nunca tomo café escojo una taza de té con leche.
Como dije al principio, los asientos disponen de TV individual. En ella puedes escoger dentro de una cantidad respetable de películas, que van desde algunas actuales como El discurso del rey, Valor de ley o Burlesque a otras clásicas como son El príncipe valiente o La vuelta al mundo en ochenta días. La única pega es que ninguna está disponible en español, ni siquiera con subtítulos en español o en inglés. Me tuve que conformar con ver Burlesque en inglés con subtítulos en árabe y entendí todo lo que mi poco dominio del idioma me permitió.
El vuelo fue perfecto, tranquilo y sin sobresaltos. Sólo cuando estábamos llegando a la capital de Jordania hizo una bajada un poco brusca pero por lo demás no tuve que sufrir demasiado.
Al llegar a la terminal nos está esperando un corresponsal de la agencia. Así ocurre con todos los viajes organizados. El visado en Jordania cuesta 20 dinares. Sin embargo cuando existe un grupo de más de 4 personas (5 ó más) que entran y salen del país a la vez no se paga. Los corresponsales ya lo saben y gestionan el papeleo para que nos ahorremos un dinero. Eso les lleva un tiempo (nos dijo unos 25 minutos y yo creo que fue más) y que le dejemos los pasaportes pero vale la pena. Antes de pasar por el control es un buen momento de cambiar dinero (de hecho los mismos corresponsales te lo recomiendan). Según pude comprobar en mi caso el cambio en la oficina del aeropuerto era de 0,91 cuando en el hotel era de 0,80 por lo tanto vale la pena cambiar por lo menos un poco.

Después de arreglados los papeles y habiéndonos ahorrado ya un dinero el corresponsal nos hace subir a un autobús (que curiosamente sería el mismo que llevaríamos en todo el circuito) y nos llevan a los hoteles. No puedo hablar más que por mi experiencia personal. Mis hoteles eran la opción de 4 estrellas y en este caso no tengo queja. Sé que hubo gente (poca) que tenía de 3, un riesgo algunas veces en estos países, y sólo una pareja que se incorporó al día siguiente estaba en hoteles de 5. No lo creo necesario, pienso que con los de 4 puedes estar muy bien (siempre y cuando tengas suerte). El hotel que me tocó en Ammán era el Arena Space. He visto en Internet que las críticas que tiene son muy variadas pero en realidad no tuve ninguna queja. Sólo un día se olvidaron de poner las toallas pero al pedirlas las trajeron rápidamente. Si tuviera que ponerle una pega realista es que tiene escaleras para acceder al hall y si tienes que subirte o bajarte la maleta cuesta un poco (por no decir un mucho).
Después de acomodarnos bajamos a cenar. El hotel dispone de dos restaurantes, que van cambiando dependiendo del día. Las cenas son tipo buffet. No es que sea tan inmenso como otros que he tenido en otros sitios pero la comida estaba buena y no excedía de picantes o especias. De esa primera noche tengo que destacar una carne de ternera con cebolla y pimientos que estaba deliciosa. También había una destacable oferta de ensaladas que no probé por eso de ser prudente con los alimentos crudos en estos países para prevenir enfermar. Los postres no están malos pero con el paso de los días nos dimos cuenta de que siempre son más o menos los mismos. Había algunos tipo pudding o uno caliente que parecía pan mojado en leche con coco y pasas que era delicioso. Las bebidas no están incluidas pero puedes comprar una botella de agua de litro y medio por 2 dinares.
En la habitación encontraréis nevera con bebidas, gel, champú, secador de pelo y un set de costura. Los que necesiten dos almohadas para dormir no tendrán problemas porque cada persona tiene dos y en el armario hay otra.