CUARTO DÍA
Abandonamos Wadi Musa con la sensación de ser un lugar poco cómodo para vivir con tantas cuestas arriba y abajo a las 8.15 y nos dirigimos a Wadi Rum. En autocar se tarda en llegar al desierto una hora y media u hora tres cuartos. Mientras Jamal compraba las entradas disfrutamos de las instalaciones que ofrece el centro de visitantes (tiendas, WC…). Lo mejor, no obstante, son las maravillosas vistas de la montaña de los Siete Pilares, considerada como una de las formaciones rocosas más impresionantes del lugar y que fue bautizada así en honor al libro Los siete pilares de la sabiduría de Lawrence de Arabia, que se relaciona siempre con ese lugar.
Thomas Edward Lawrence (1888-1935), más conocido como Lawrence de Arabia, fue un militar, arqueólogo y escritor británico. Influido por uno de sus profesores de Oxford viajó a Siria en 1909 a trabajar en yacimientos arqueológicos, donde aprendió la lengua y las costumbres de la zona. Gracias a esos conocimientos fue contratado en 1914 por el servicio secreto británico. Bajo la apariencia de hacer exploraciones arqueológicas obtenía información sobre el imperio otomano.
En 1916 se inició la Revuelta árabe contra los turcos otomanos liderada por el príncipe hachemí Faysal y asesorados por Lawrence. Se empezó una guerra de guerrilla, obteniendo importantes victorias. Sin embargo Lawrence fue apresado por un mandatario turco y fue torturado y al parecer violado. Luego algunos de los mismos soldados que le habían maltratado le ayudaron a huir y de nuevo junto a Faysal participa en algunas batallas. Con la victoria final de los árabes y la retirada de los otomanos, Lawrence pide permiso para regresar a Gran Bretaña. Sin embargo, a sus espaldas, se habían firmado el tratado Sykes-Picot por el que Francia e Inglaterra se repartían el territorio y se impedía la formación de un estado árabe. Intentó por todos los medios evitar que se aplicara pero no lo logró.
Escribió el libro Los siete pilares de la sabiduría donde reflejó su experiencia con los árabes.
En 1921 aceptó la propuesta de Winston Churchill de trabajar para el Departamento de Medio Oriente y participó en la Conferencia del Cairo, en la que se proclamó a Faysal rey de Siria (luego fue depuesto). Intentó alistarse un par de veces en el ejército bajo seudónimo pero fue dado sucesivamente de baja o se le impidió hacerlo.
Murió en 1935 de las heridas recibidas al golpearse la cabeza en un accidente de motocicleta.
Existe una película, Lawrence de Arabia, basada en su vida, dirigida en 1962 por David Lean y protagonizada por Peter O'Toole, Anthony Quinn, Alec Guinness, Jack Hawkins, Omar Sharif y José Ferrer. Ganó 7 Oscars, incluyendo mejor película, director, fotografía y banda sonora. Para todo el que no haya visto esta obra maestra le recomiendo que lo haga antes de emprender el viaje a Jordania. Le dará una idea de quién fue este personaje aunque la visión que da la película dista un poco de la que obtendrá cuando vaya al país. Me dio la sensación de que allí no dejan de verle como un simple soldado británico e incluso un traidor que, conociendo el tratado que se gestaba entre Francia y Gran Bretaña, se lo ocultó a los árabes. Fuera o no Lawrence el héroe que presenta la cinematografía lo cierto es que uno lo deja de tener en mente la maravillosa música de Maurice Jarre mientras recorre lo poco que un recorrido de dos horas en jeep te permite.
Es mejor que nadie llegue al desierto de Wadi Rum en marzo pensando que va a tener calor porque no es cierto. Todos íbamos bien abrigados y, a ser posible, con las cabezas cubiertas por la arena. No tenemos que olvidar que el jeep está descubierto y que es posible que tengáis que sufrir una pequeña (o no tan pequeña) tormenta de arena a causa del fuerte viento.
El recorrido no se hace en coche todo el tiempo sino que se baja cinco veces. La primera vez lo hicimos para subir a una “pequeña” duna, con el esfuerzo que supone llegar hasta arriba. Dar un paso significa tener la sensación de que retrocedes dos y con una fuerte pesadez en las piernas. Y una vez arriba disfrutas (si el viento te deja) de unas vistas maravillosas sin dejar de estar atento al viento que puede tirarte por un precipicio (lo digo porque casi me caigo).
Bajamos de la duna con esfuerzo, entre un fuerte viento que hacía que las piedrecillas nos golpearan con fuerza en la cara y en las manos, y subimos de nuevo al jeep para continuar hasta la siguiente parada. Si pensamos que la primera duna era dura es que no habíamos visto la segunda. Sólo la mitad se vio con fuerzas de llegar arriba y siento decir que no formé parte de ese selecto y valiente grupo. Sin embargo quedarse abajo no supone, en absoluto, perderse la belleza del lugar.
La tercera parada la hicimos al borde de un acantilado, peligroso por el viento pero desde el que se obtenían unas fotos hermosísimas, tanto como las curiosas pinturas nabateas relativas a la parada de caravanas que se veían sobre la roca en la cuarta parada. Por cierto, una especie de cabra que hay entre los dibujos es un oryx, una especie protegida.
El desierto maravilla por sus formaciones rocosas, su arena roja y aquellas escasas muestras de vegetación, que también existe, una especie de arbustos en su mayoría acacias, y que forman parte de una reserva natural protegida desde 1998. Confieso que no vimos ni oryxs ni gacelas pero sí dromedarios, que tan típicos de ver son en los desiertos. En el recorrido no tienes la gran suerte de visitar los famosos puentes de piedra, ni siquiera la seta que se hizo famosa por aparecer en la película de David Lean, pero lo que ves es tan bonito, tan increíble y único, que ni siquiera lo echas de menos. Y no te molesta subir y bajar todo el tiempo del jeep o que éste a veces apenas pueda avanzar o se quede enganchado en la arena.
En la última parada vimos al fin la cara de Lawrence esculpida en la roca. Se sabe que es él por la inscripción que se hizo en el lugar donde estuvieron acampados durante la Revuelta árabe pero podría ser cualquiera. Antes de irme de viaje tuve ocasión de ver algunos retratos suyos y le tenía por un hombre enjuto. Sin embargo no coincide mucho con la cara que vi en Wadi Rum, más parecida a la Isabel la católica con velo por su rostro rollizo. Al otro lado el artista nos dejó el retrato de Abdullah I, hermano de Faisal y primer rey de la nación independiente de Jordania. Más allá, y mucho más grande, nos observa otro retrato en roca de un personaje que no ha podido identificarse. ¿Será también Lawrence?. ¿Será un líder árabe menos conocido y cuyo valor no ha trascendido hasta nuestra tierra?. No lo sabemos.
Una vez allí entramos en una jaima a degustar un té recién hecho. Más allá unos hombres fumaban y hablaban con tranquilidad al pie de una lumbre, ajenos a nuestra presencia. No parecen molestos cuando me levanto para hacerles una fotografía. Continúan con sus quehaceres y nadie viene a molestarnos para que compremos algunas de las cosas que tienen expuestas sobre una mesa y que venden. Sólo compra quien quiere comprar. Uno de los compañeros del grupo entra y dice que se está acercando un grupo montado a camello. De lejos se escuchan ya los ruidos de los animales mientras seguimos sentados en la tienda, en un asiento de piedra cubierto con una fina manta.
Retomamos nuestro camino un poco después, en una bajada accidentada por una duna empinada que provoca algunos gritos y mucha emoción. A pesar de que nuestro conductor es prudente y va despacio unos movimientos bruscos hacen que salte sin cesar en la parte trasera del jeep y acabe rompiéndome una uña (la segunda en pocos días). No tarda en quedarse rezagado a causa de la arena que aprisiona las ruedas del coche pero pronto nos liberamos y seguimos hasta el lugar donde los compañeros ya están bajando de sus jeeps.
Hoy se nos ofrece comer en unas tiendas, un buffet que cuesta 10 dinares más bebida. Sé que las cervezas son caras pero por fortuna no bebo más que agua, que cuesta 2 dinares la botella grande. La comida consiste en ensaladas, cuscús (con un aspecto delicioso pero con bastante mal sabor, como si le hubieran puesto kétchup muy dulzón), lentejas muy duras, el delicioso y siempre presente hummus y lo mejor de todo, unos riquísimos pinchitos hechos al instante a la brasa. Los había de ternera y de pollo y estos últimos estaban deliciosos. Al olor de la carne no tardaron en aparecer cariñosos gatitos que se paseaban por debajo de nuestras mesas y que acabaron sucumbiendo a los pequeños trocitos que les echaba.
Nos vamos de Wadi Rum poco antes de las dos de la tarde pero no hacemos todo el trayecto hacia Ammán de una tirada sino que paramos a mitad de camino, en el mismo sitio donde habíamos comido hacía dos días. Una parada técnica. Un amable jordano nos espera en la puerta para obsequiarnos con una riquísima galleta con ajonjolí. Aprovecho para comprar unas camisetas de recuerdo para regalar a la familia por 5 dinares cada una y luego vamos a la tienda de dulces para intentar saber cuánto valen las deliciosas galletas. El hombre que las vende no está allí y aprovecho para coger otra de unas de las bandejas medio terminadas. No tarda en aparecer y nos deja “probarlas”. No nos lo pensamos dos veces. Cogemos otra galleta más. Una bandeja pequeña vale 3 dinares pero vale la pena.
Llegamos al hotel Arena Space de Ammán sobre las 18 horas y vemos con algo de preocupación que ha llovido en la capital. Al día siguiente unos se van a Jerusalem y otros tenemos el día libre y una amenaza de lluvia no es la mejor noticia. No tenemos la suerte de que esta vez nos suban la maleta (recordad las famosas escaleras) por lo que tengo que sufrir arrastrando hacia arriba mi enorme maleta. Una vez en el hall un camarero nos ofrece un vaso de un refresco anaranjado que bien podría ser Fanta. Por primera y única vez no pienso en el peligro de diarreas y me lo bebo.
Se repite el mismo proceso de la otra vez. Nos dan las llaves y unas pegatinas con el número de las habitaciones para que las peguemos en las maletas y así facilitar que nos las puedan llevar los maleteros. Pido en recepción un mapa de la ciudad pero me remiten a la tienda.
La habitación está de nuevo en el primer piso, igual que la otra vez. Eso significa que volveremos a escuchar la llamada a la oración de madrugada y también el sonido de la excavadora. Aprovecho el tiempo que nos queda hasta la hora de cenar para vaciar mis zapatillas. Han terminado completamente llenas de arena del desierto y mi pelo, a pesar del pañuelo, ha acabado poco más o menos igual. Además, y aunque no hacía calor, el sol se ha aprovechado de mí y estoy muy roja (sé que derivará en color moreno saludable con el paso de los días). Bajamos a cenar a una hora prudencial y compramos en la tienda un mapa de Ammán y otro de Jordania. El señor de la tienda, un anciano muy amable que quizás por coquetería ha decidido no ponerse gafas, no nos puede indicar dónde está Betania porque no ve (aunque no dejo de preguntarme si lo sabe de verdad) y el recepcionista del hotel pone muy buena voluntad pero tampoco tiene ni idea.
lunes, 21 de marzo de 2011
JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS 3
TERCER DÍA
El nombre de Petra proviene del griego y significa piedra. La misma ciudad está excavada y esculpida directamente de la piedra. Está en un valle muy angosto, a mitad de camino entre el Golfo de Aqaba y el Mar Muerto, y sus edificios más importantes son el Tesoro y el Monasterio. Se fundó en el siglo VII a.C. por la tribu de los edomitas y sobre el siglo VI a.C. la ocuparon los nabateos. Fue ésta una etapa de esplendor porque la ciudad se situaba en la ruta de las caravanas que transportaban incienso, especias y otros productos de lujo entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo. Ocupaba un punto privilegiado ya que estaba a salvo de ataques gracias a su localización y disponía de suficiente agua. Se abandonó en el siglo VIII, por culpa de los cambios en las rutas comerciales y de los terremotos. Quedó en el olvido y en 1812 un explorador suizo, Burckhardt, se hizo llevar hasta allí disfrazado de árabe y descubrió las ruinas. Petra es patrimonio de la humanidad de la UNESCO y desde julio de 2007 es una de las nuevas siete maravillas del mundo.
Ya que el agua abundaba en la ciudad, también había muchas fuentes y canalizaciones, siendo todavía visibles las cisternas y acueductos excavados en la roca. Los nabateos, pueblo que le dio auge, destacaron también por la fabricación de cerámica, de la que se han encontrado restos.
Los nabateos eran nómadas y en inicio sus construcciones eran simples tiendas de piel de cabra. Con el tiempo excavaron unas sencillas habitaciones en la roca, con fachadas lisas y una puerta en la parte inferior, muy al estilo de las tumbas sirias. En el siglo I se inició la construcción de los grandes monumentos que vemos actualmente y en el siglo siguiente se adoptaron detalles arquitectónicos del arte griego, aunque los edificios privados donde comían, dormían o trabajaban seguían el estilo árabe. Se dice que las autoridades multaban a los que reducían sus riquezas y daban honores a los que las aumentaban.
Ese tercer día nos levantamos a las 5.45 para salir a las 7.15. Aunque Petra está cerquísima tener que ir a recoger a la gente en los otros hoteles provoca dar muchas vueltas y demasiadas subidas y bajadas. Y es que ya dije que Wadi Musa es una ciudad de trazado irregular y bastante molesto.
Llegamos a la entrada a las 8.00 y Jamal se va a comprar los billetes. En ese momento el comentario generalizado es el precio exagerado de los tickets. Aunque recientemente el gobierno ha permitido que los jóvenes beduínos puedan ofrecer sus servicios de traslados a caballo se tiene que matizar que 50 dinares es excesivo. Además que nadie piense que va a recorrer el Siq a caballo como si se tratara de Harrison Ford en Indiana Jones y la última cruzada. Los caballos apenas si recorren los primeros 800 metros, hasta la llegada la entrada del Siq.
Como ya he explicado después de la verja de entrada se caminan 800 metros por un camino pedregoso hasta llegar al Siq. Se pueden ver los Bloques de los Djinns (los genios de la mitología árabe), que son tres bloques de piedra tallada, y a la izquierda un par de tumbas excavadas en la roca. Inmediatamente después aparece la Tumba de los Obeliscos.
El Siq es un desfiladero, pero no es un cañón ya que no se ha formado por la acción de un río que haya erosionado las paredes, sino que se originó por un pequeño terremoto que separó dos placas tectónicas. Mide 1,2 kilómetros de largo, de 2 a 5 metros de ancho y tiene una altura de 200 metros. Se considera como uno de los caminos más sobrecogedores de la tierra. Al final del Siq se puede contemplar ya la fachada del Tesoro. Por la entrada circulan unos hombres vestidos de guardias nabateos, un poco como los centuriones que hay en Roma frente al Coliseo, y también las calesas que por un precio que desconozco llevan a los que no quieran caminar hasta llegar al Tesoro. Sorprendería saber que no es poca la gente que hace uso de ese servicio y no son precisamente ancianos ni enfermos. Sea como sea todo el grupo decide caminar unido, siguiendo las explicaciones del guía y viendo cada detalle, como las esculturas que representan a dioses nabateos, tan desconocidos por nosotros. ¿O es que mucha gente ha oído hablar de Dushara, su divinidad principal?. De día se ve el Siq de otro modo, mucho más imponente, y nos va descubriendo aquellos secretos que nos ocultaba durante la noche, como los canales de agua. Las formas, los colores, son únicos y cada piedra es merecedora de una foto. Como ya intuimos la noche anterior en ciertos puntos se han conservado tramos de calzada romana, con sus enormes piedras que nos hacen mirar con detenimiento dónde pisamos para no caer. Y al fin aparece él, el Tesoro, la imagen más deseada y hermosa de todo el recinto.
El Tesoro data de entre el año 9 a.C. y el siglo II y tiene una impresionante fachada de 43 metros de altura en dos niveles. La parte inferior tiene estilo neoclásico, con un pórtico sobre columnas de 12 metros de altura y de capiteles corintios. En la parte superior hay varios nichos enmarcados con columnas con estatuas de dioses en su interior. Arriba del todo hay una cúpula puntiaguda que sostiene una urna. Dice la leyenda que contenía el tesoro de un faraón egipcio (otros dicen que era el de unos piratas) y de ahí proviene el nombre del edificio. Actualmente tiene agujeros de los proyectiles disparados para intentar abrirla. Se entra por la puerta central, que da paso a un recinto de 10m2 sin ornamentación y con un hueco en el suelo que servía para rituales a los dioses. Este recinto comunica con tres cámaras más. El Tesoro se talló en la roca para servir de tumba al rey nabateo Aretas IV. A los lados de la entrada hay dos relieves muy mal conservados. Se cree que representan a Cástor y Pólux, hijos de Zeus. Nos llama la atención que no se pueda acceder a su interior, aunque ya sabemos que no hay nada, y también que unas excavaciones bien visibles han dejado a la luz un fragmento de fachada enorme por debajo del nivel de la que conocemos. La teoría generalizada es que los nabateos construían de arriba hacia abajo esculpiendo directamente en la roca y hoy por hoy todavía hay una gran parte de la ciudad por descubrir.
En el tiempo libre pudimos inspeccionar desde fuera una tumba cercana de una familia de 17 personas y desde la que se obtiene una perspectiva magnífica del Tesoro.
La Calle de las fachadas muestra unas 40 tumbas y casas nabateas excavadas en la roca. Tuvimos la ocasión de asomarnos a una. El más accesible de los lugares sacrificiales es el Altar de los sacrificios conocido popularmente como el Altar. La cumbre del monte se allanó para crear una plataforma y allí se excavaron grandes desagües para canalizar la sangre de los animales que se sacrificaban. No se sabe si se usaba para hacer ceremonias en honor a los dioses, ritos funerarios o ambos. Vimos como la gente subía y bajaba pero la falta de tiempo nos hizo desechar la idea de subir (igualmente es prioritario dedicar el tiempo al Monasterio). Desde la escalera de subida al Altar en seguida de llega al Teatro tallado en la roca por los nabateos en el siglo I a.C. Tiene 45 hileras de asientos y una capacidad original para 3.000 personas. Los romanos lo ampliaron posteriormente a 8.500 asientos. Fue gravemente dañado en un terremoto en el 363 y algunas de sus partes se usaron para construir otros edificios. Frente al teatro sobre el monte vemos varias tumbas de monarcas nabateos así como un recinto con llamativos colores. No es extraño ver por todas partes a pequeños vendiendo postales a un dinar o collares también muy baratos. Una de las niñas, algo más mayor, elogia mis ojos en un perfecto castellano. Le han llamado la atención porque los llevo maquillados y los mira atentamente.
Las tumbas nabateas más importantes son la Tumba de la urna (con una gran urna coronándola y una cámara interior de unos 20 m2, data del siglo I y en el siglo V se usó como iglesia por los bizantinos), la Tumba de seda (la menos impresionante pero con hermosas tonalidades de la roca), la Tumba corintia (por el tipo de columnas que tiene) y la Tumba Palacio, una de las mayores de Petra (se entra a través de dos puertas de frisos triangulares; se parece al Tesoro pero está mucho más deteriorada). La última de las tumbas destacables es la de Sexto Florentino, un gobernador romano que quiso ser enterrado en una tumba que preparó su hijo en el 130 d.C. Están en lo alto de la montaña pero se accede a ellas fácilmente por una escalera o por un camino. Que nadie se preocupe si llegados a este punto necesita ir al WC o quiere comprar algo, de recuerdos o para comer o beber. Hay WC y puestecillos por todos lados (aunque si queréis comprar algo recordar que muchas veces el precio será elevado y tendréis que regatear mucho para conseguir algo que en la puerta ya te ofrecen a ese precio).
Al pie de las tumbas empieza la principal explanada de la ciudad, la Calle de las columnas. Se construyó hacia el 106 d.C. sobre una calzada nabatea que ya existía. Tiene el trazado de un decumanus romano (de este a oeste) pero no se corta con un cardo maximus (de norte a sur). Recibe su nombre de las columnas de mármol que flanquean la calzada. A un lado y a otro se levantaban tiendas bajo pórticos cubiertos. A comienzo de la calle está el ninfeo, una fuente pública dedicada a las ninfas que data del siglo II, que no se conserva demasiado bien. A la izquierda de la calle están los restos del mercado, dividido en inferior, medio o superior, y más arriba a la derecha están las ruinas del palacio real. La calle acaba en la Puerta del Temenos, del siglo II y con tres arcos. Marcaba la entrada al recinto sagrado del Qasr al-Bint y el paso a la zona comercial de la ciudad. Su diseño recuerda a los arcos del triunfo romanos con toques nabateos (adornos florales en las columnas). Enfrente están las ruinas de los baños nabateos.
El Gran Templo se erigió como un importante templo nabateo en el siglo I a.C. Aunque sufrió daños por un terremoto acontecido poco después se usó hasta el período bizantino. En el nivel superior estaba el recinto más sagrado con cuatro enormes columnas en la entrada revestidas de mármol. En el centro se levanta un teatro en miniatura. El templo medía 18 metros de altura y estaba decorado con estucos rojos y blancos. Os recomiendo que subáis a explorarlo porque impresiona por sus enormes dimensiones.
El Qasr el Bint (Palacio de la doncella o hija del faraón) a pesar de su nombre se dedicaba a adorar al dios del Sol, Dushara, y quizás también a la diosa de la fertilidad. Era uno de los templos más importantes de la ciudad. Medía 23 metros de altura y tenía escaleras de mármol, imponentes columnas con capiteles decorados con motivos florales y un sanctasanctórum central que albergaba una imagen de los dioses. Probablemente el altar de los sacrificios estaba revestido de mármol. Una leyenda dice que el faraón enterró aquí otra parte de su tesoro y otra que fue el lugar donde escondió a su hija para protegerla.
Al otro lado de la calle, subiendo un poco, se alza otro templo, el Templo de los leones alados, probablemente dedicado a Atargatis, compañera del dios Dushara y diosa de la fertilidad. Data del siglo I y recibe su nombre por las figuras de leones alados en los capiteles. Confieso con algo de vergüenza que no los vi aunque seguramente es que me fijé mal.
La Iglesia bizantina conserva hermosos mosaicos en el suelo, al estilo de los de Madaba. El edificio fue construido por los nabateos y ampliado por los bizantinos hacia el 530. Se quemó en un incendio y se destruyó en varios terremotos. La reconoceréis por su cubierta moderna. Justo detrás se levanta otra iglesia bizantina encontrada recientemente y que al parecer fue residencia de un obispo.
Más allá del Qasr el Bint se alza el Al-habis (la prisión). Por su ladera se suben unos escalones hasta el Museo de Al-Habis que recopila esculturas clásicas, estatuillas y estucos pintados. En la cima vemos las ruinas de un castillo cruzado del siglo XII.
El Monasterio es el segundo gran edificio de Petra después del Tesoro. Para llegar arriba se tienen que subir 800 escalones tallados en la roca, en la antigua vía procesional. El edificio se construyó en el siglo III para que fuera el reposo eterno del rey nabateo Obodas I aunque otros creen que simplemente era un templo nabateo. Recibe su nombre de las cruces talladas en las paredes interiores, lo que hace pensar que se usó como iglesia en época bizantina. Tiene unas columnas altísimas y una urna en la fachada. En cierto modo se parece al Tesoro aunque es más alto. Mide 50 metros de ancho por 45 de alto. La puerta mide 8 metros de altura por 4 de ancho. En la cámara interior hay un nicho en la pared del fondo con una representación del dios Dushara. El patio de enfrente del Monasterio estaba rodeado de columnas y posiblemente fuera el lugar donde se hacían ceremonias sagradas.
En el camino hacia el Monasterio podremos ver el Triclinio de los leones, una tumba que recibe ese nombre por los dos leones de piedra que se encuentran a la entrada.
Mucha gente teme la subida por eso de los escalones y por comentarios que hay en Internet que hablan de la dificultad. Yo no me considero una persona demasiado en forma y detesto hacer ejercicio. Sin embargo la subida no me costó nada. La vista que se obtiene en la subida es impresionante y entre que vas parando para descansar, para hacer algunas fotos o, simplemente, para contemplar el entorno, llegas arriba y no te das ni cuenta. Para los aficionados a las compras diré que no faltan los puestecillos de beduinos ofreciendo básicamente artesanía (aunque no me paré a mirar). Para todos aquellos que no se vean capaces de subir a pie, no faltan quienes ofrecen burros (os cansaréis de escuchar “donkey, donkey”). Vi mucha gente que había escogido esa opción pero, sinceramente, para bien de los burros y de vosotros mismos si sois un poco miedosos con las alturas mejor que lo evitéis. Se sube cerca de precipicios a los que los burritos se acercan peligrosamente. Si tenéis tiempo es mejor que no subáis con prisas y disfrutéis de lo que os rodea.
El Monasterio impresiona por su localización y dimensiones. A pesar de que no se puede entrar (y tampoco veréis nada en su interior) aquella mole de piedra marrón impacta quizás más que la vista del Tesoro. Y si la subida aún no os ha dejado exhaustos podéis intentar subir un poco más a los variados miradores que encontraréis (yo subí con algo de esfuerzo a uno y la vista desde arriba es espectacular).
Tampoco falta un puesto de bebidas y supongo que algo de comida delante del Monasterio, algo que quizás rompe con el encanto del lugar pero que entiendo necesario.
Para los que llegados a este punto tengáis hambre os diré que cerca de las escaleras donde empieza la subida al Monasterio encontraréis dos restaurantes. El que está a la izquierda (cuyo nombre no recuerdo) ofrece un buffet por unos diez dinares (se tiene que comprar el ticket con tiempo). El otro, creo que se llama Basin, me dijeron que es mucho más caro, unos 17 ó 18 dinares. También podéis hacer como yo y comer frente al Monasterio, sentada en una piedra, admirando el edificio y acompañada de un tierno gatito de los que abundan por allí.
El descenso podéis hacerlo tranquilamente aunque ya digo que no cuesta nada (siempre que tengáis cuidado con los burros que suben y bajan y a los que sus dueños llevan a toda velocidad).
Si una vez abajo os interesa, Petra dispone de un pequeño museo con restos arqueológicos encontrados en las ruinas. Es complicado encontrarlo pero la entrada está justo al lado del restaurante Basin.
Si queréis comprar la típica botellita de arena de colores fuera de la puerta de entrada hay unas tiendecillas de precio fijo que las ofrecen bien de precio. También el agua es económica (por 1 dinar podéis adquirir una botella de agua fría de litro y medio).
Regresamos temprano al hotel, sobre las cinco y algo, y a las ocho bajamos a cenar. Lejos de lo esperado no estaba para nada cansada.
El nombre de Petra proviene del griego y significa piedra. La misma ciudad está excavada y esculpida directamente de la piedra. Está en un valle muy angosto, a mitad de camino entre el Golfo de Aqaba y el Mar Muerto, y sus edificios más importantes son el Tesoro y el Monasterio. Se fundó en el siglo VII a.C. por la tribu de los edomitas y sobre el siglo VI a.C. la ocuparon los nabateos. Fue ésta una etapa de esplendor porque la ciudad se situaba en la ruta de las caravanas que transportaban incienso, especias y otros productos de lujo entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo. Ocupaba un punto privilegiado ya que estaba a salvo de ataques gracias a su localización y disponía de suficiente agua. Se abandonó en el siglo VIII, por culpa de los cambios en las rutas comerciales y de los terremotos. Quedó en el olvido y en 1812 un explorador suizo, Burckhardt, se hizo llevar hasta allí disfrazado de árabe y descubrió las ruinas. Petra es patrimonio de la humanidad de la UNESCO y desde julio de 2007 es una de las nuevas siete maravillas del mundo.
Ya que el agua abundaba en la ciudad, también había muchas fuentes y canalizaciones, siendo todavía visibles las cisternas y acueductos excavados en la roca. Los nabateos, pueblo que le dio auge, destacaron también por la fabricación de cerámica, de la que se han encontrado restos.
Los nabateos eran nómadas y en inicio sus construcciones eran simples tiendas de piel de cabra. Con el tiempo excavaron unas sencillas habitaciones en la roca, con fachadas lisas y una puerta en la parte inferior, muy al estilo de las tumbas sirias. En el siglo I se inició la construcción de los grandes monumentos que vemos actualmente y en el siglo siguiente se adoptaron detalles arquitectónicos del arte griego, aunque los edificios privados donde comían, dormían o trabajaban seguían el estilo árabe. Se dice que las autoridades multaban a los que reducían sus riquezas y daban honores a los que las aumentaban.
Ese tercer día nos levantamos a las 5.45 para salir a las 7.15. Aunque Petra está cerquísima tener que ir a recoger a la gente en los otros hoteles provoca dar muchas vueltas y demasiadas subidas y bajadas. Y es que ya dije que Wadi Musa es una ciudad de trazado irregular y bastante molesto.
Llegamos a la entrada a las 8.00 y Jamal se va a comprar los billetes. En ese momento el comentario generalizado es el precio exagerado de los tickets. Aunque recientemente el gobierno ha permitido que los jóvenes beduínos puedan ofrecer sus servicios de traslados a caballo se tiene que matizar que 50 dinares es excesivo. Además que nadie piense que va a recorrer el Siq a caballo como si se tratara de Harrison Ford en Indiana Jones y la última cruzada. Los caballos apenas si recorren los primeros 800 metros, hasta la llegada la entrada del Siq.
Como ya he explicado después de la verja de entrada se caminan 800 metros por un camino pedregoso hasta llegar al Siq. Se pueden ver los Bloques de los Djinns (los genios de la mitología árabe), que son tres bloques de piedra tallada, y a la izquierda un par de tumbas excavadas en la roca. Inmediatamente después aparece la Tumba de los Obeliscos.
El Siq es un desfiladero, pero no es un cañón ya que no se ha formado por la acción de un río que haya erosionado las paredes, sino que se originó por un pequeño terremoto que separó dos placas tectónicas. Mide 1,2 kilómetros de largo, de 2 a 5 metros de ancho y tiene una altura de 200 metros. Se considera como uno de los caminos más sobrecogedores de la tierra. Al final del Siq se puede contemplar ya la fachada del Tesoro. Por la entrada circulan unos hombres vestidos de guardias nabateos, un poco como los centuriones que hay en Roma frente al Coliseo, y también las calesas que por un precio que desconozco llevan a los que no quieran caminar hasta llegar al Tesoro. Sorprendería saber que no es poca la gente que hace uso de ese servicio y no son precisamente ancianos ni enfermos. Sea como sea todo el grupo decide caminar unido, siguiendo las explicaciones del guía y viendo cada detalle, como las esculturas que representan a dioses nabateos, tan desconocidos por nosotros. ¿O es que mucha gente ha oído hablar de Dushara, su divinidad principal?. De día se ve el Siq de otro modo, mucho más imponente, y nos va descubriendo aquellos secretos que nos ocultaba durante la noche, como los canales de agua. Las formas, los colores, son únicos y cada piedra es merecedora de una foto. Como ya intuimos la noche anterior en ciertos puntos se han conservado tramos de calzada romana, con sus enormes piedras que nos hacen mirar con detenimiento dónde pisamos para no caer. Y al fin aparece él, el Tesoro, la imagen más deseada y hermosa de todo el recinto.
El Tesoro data de entre el año 9 a.C. y el siglo II y tiene una impresionante fachada de 43 metros de altura en dos niveles. La parte inferior tiene estilo neoclásico, con un pórtico sobre columnas de 12 metros de altura y de capiteles corintios. En la parte superior hay varios nichos enmarcados con columnas con estatuas de dioses en su interior. Arriba del todo hay una cúpula puntiaguda que sostiene una urna. Dice la leyenda que contenía el tesoro de un faraón egipcio (otros dicen que era el de unos piratas) y de ahí proviene el nombre del edificio. Actualmente tiene agujeros de los proyectiles disparados para intentar abrirla. Se entra por la puerta central, que da paso a un recinto de 10m2 sin ornamentación y con un hueco en el suelo que servía para rituales a los dioses. Este recinto comunica con tres cámaras más. El Tesoro se talló en la roca para servir de tumba al rey nabateo Aretas IV. A los lados de la entrada hay dos relieves muy mal conservados. Se cree que representan a Cástor y Pólux, hijos de Zeus. Nos llama la atención que no se pueda acceder a su interior, aunque ya sabemos que no hay nada, y también que unas excavaciones bien visibles han dejado a la luz un fragmento de fachada enorme por debajo del nivel de la que conocemos. La teoría generalizada es que los nabateos construían de arriba hacia abajo esculpiendo directamente en la roca y hoy por hoy todavía hay una gran parte de la ciudad por descubrir.
En el tiempo libre pudimos inspeccionar desde fuera una tumba cercana de una familia de 17 personas y desde la que se obtiene una perspectiva magnífica del Tesoro.
La Calle de las fachadas muestra unas 40 tumbas y casas nabateas excavadas en la roca. Tuvimos la ocasión de asomarnos a una. El más accesible de los lugares sacrificiales es el Altar de los sacrificios conocido popularmente como el Altar. La cumbre del monte se allanó para crear una plataforma y allí se excavaron grandes desagües para canalizar la sangre de los animales que se sacrificaban. No se sabe si se usaba para hacer ceremonias en honor a los dioses, ritos funerarios o ambos. Vimos como la gente subía y bajaba pero la falta de tiempo nos hizo desechar la idea de subir (igualmente es prioritario dedicar el tiempo al Monasterio). Desde la escalera de subida al Altar en seguida de llega al Teatro tallado en la roca por los nabateos en el siglo I a.C. Tiene 45 hileras de asientos y una capacidad original para 3.000 personas. Los romanos lo ampliaron posteriormente a 8.500 asientos. Fue gravemente dañado en un terremoto en el 363 y algunas de sus partes se usaron para construir otros edificios. Frente al teatro sobre el monte vemos varias tumbas de monarcas nabateos así como un recinto con llamativos colores. No es extraño ver por todas partes a pequeños vendiendo postales a un dinar o collares también muy baratos. Una de las niñas, algo más mayor, elogia mis ojos en un perfecto castellano. Le han llamado la atención porque los llevo maquillados y los mira atentamente.
Las tumbas nabateas más importantes son la Tumba de la urna (con una gran urna coronándola y una cámara interior de unos 20 m2, data del siglo I y en el siglo V se usó como iglesia por los bizantinos), la Tumba de seda (la menos impresionante pero con hermosas tonalidades de la roca), la Tumba corintia (por el tipo de columnas que tiene) y la Tumba Palacio, una de las mayores de Petra (se entra a través de dos puertas de frisos triangulares; se parece al Tesoro pero está mucho más deteriorada). La última de las tumbas destacables es la de Sexto Florentino, un gobernador romano que quiso ser enterrado en una tumba que preparó su hijo en el 130 d.C. Están en lo alto de la montaña pero se accede a ellas fácilmente por una escalera o por un camino. Que nadie se preocupe si llegados a este punto necesita ir al WC o quiere comprar algo, de recuerdos o para comer o beber. Hay WC y puestecillos por todos lados (aunque si queréis comprar algo recordar que muchas veces el precio será elevado y tendréis que regatear mucho para conseguir algo que en la puerta ya te ofrecen a ese precio).
Al pie de las tumbas empieza la principal explanada de la ciudad, la Calle de las columnas. Se construyó hacia el 106 d.C. sobre una calzada nabatea que ya existía. Tiene el trazado de un decumanus romano (de este a oeste) pero no se corta con un cardo maximus (de norte a sur). Recibe su nombre de las columnas de mármol que flanquean la calzada. A un lado y a otro se levantaban tiendas bajo pórticos cubiertos. A comienzo de la calle está el ninfeo, una fuente pública dedicada a las ninfas que data del siglo II, que no se conserva demasiado bien. A la izquierda de la calle están los restos del mercado, dividido en inferior, medio o superior, y más arriba a la derecha están las ruinas del palacio real. La calle acaba en la Puerta del Temenos, del siglo II y con tres arcos. Marcaba la entrada al recinto sagrado del Qasr al-Bint y el paso a la zona comercial de la ciudad. Su diseño recuerda a los arcos del triunfo romanos con toques nabateos (adornos florales en las columnas). Enfrente están las ruinas de los baños nabateos.
El Gran Templo se erigió como un importante templo nabateo en el siglo I a.C. Aunque sufrió daños por un terremoto acontecido poco después se usó hasta el período bizantino. En el nivel superior estaba el recinto más sagrado con cuatro enormes columnas en la entrada revestidas de mármol. En el centro se levanta un teatro en miniatura. El templo medía 18 metros de altura y estaba decorado con estucos rojos y blancos. Os recomiendo que subáis a explorarlo porque impresiona por sus enormes dimensiones.
El Qasr el Bint (Palacio de la doncella o hija del faraón) a pesar de su nombre se dedicaba a adorar al dios del Sol, Dushara, y quizás también a la diosa de la fertilidad. Era uno de los templos más importantes de la ciudad. Medía 23 metros de altura y tenía escaleras de mármol, imponentes columnas con capiteles decorados con motivos florales y un sanctasanctórum central que albergaba una imagen de los dioses. Probablemente el altar de los sacrificios estaba revestido de mármol. Una leyenda dice que el faraón enterró aquí otra parte de su tesoro y otra que fue el lugar donde escondió a su hija para protegerla.
Al otro lado de la calle, subiendo un poco, se alza otro templo, el Templo de los leones alados, probablemente dedicado a Atargatis, compañera del dios Dushara y diosa de la fertilidad. Data del siglo I y recibe su nombre por las figuras de leones alados en los capiteles. Confieso con algo de vergüenza que no los vi aunque seguramente es que me fijé mal.
La Iglesia bizantina conserva hermosos mosaicos en el suelo, al estilo de los de Madaba. El edificio fue construido por los nabateos y ampliado por los bizantinos hacia el 530. Se quemó en un incendio y se destruyó en varios terremotos. La reconoceréis por su cubierta moderna. Justo detrás se levanta otra iglesia bizantina encontrada recientemente y que al parecer fue residencia de un obispo.
Más allá del Qasr el Bint se alza el Al-habis (la prisión). Por su ladera se suben unos escalones hasta el Museo de Al-Habis que recopila esculturas clásicas, estatuillas y estucos pintados. En la cima vemos las ruinas de un castillo cruzado del siglo XII.
El Monasterio es el segundo gran edificio de Petra después del Tesoro. Para llegar arriba se tienen que subir 800 escalones tallados en la roca, en la antigua vía procesional. El edificio se construyó en el siglo III para que fuera el reposo eterno del rey nabateo Obodas I aunque otros creen que simplemente era un templo nabateo. Recibe su nombre de las cruces talladas en las paredes interiores, lo que hace pensar que se usó como iglesia en época bizantina. Tiene unas columnas altísimas y una urna en la fachada. En cierto modo se parece al Tesoro aunque es más alto. Mide 50 metros de ancho por 45 de alto. La puerta mide 8 metros de altura por 4 de ancho. En la cámara interior hay un nicho en la pared del fondo con una representación del dios Dushara. El patio de enfrente del Monasterio estaba rodeado de columnas y posiblemente fuera el lugar donde se hacían ceremonias sagradas.
En el camino hacia el Monasterio podremos ver el Triclinio de los leones, una tumba que recibe ese nombre por los dos leones de piedra que se encuentran a la entrada.
Mucha gente teme la subida por eso de los escalones y por comentarios que hay en Internet que hablan de la dificultad. Yo no me considero una persona demasiado en forma y detesto hacer ejercicio. Sin embargo la subida no me costó nada. La vista que se obtiene en la subida es impresionante y entre que vas parando para descansar, para hacer algunas fotos o, simplemente, para contemplar el entorno, llegas arriba y no te das ni cuenta. Para los aficionados a las compras diré que no faltan los puestecillos de beduinos ofreciendo básicamente artesanía (aunque no me paré a mirar). Para todos aquellos que no se vean capaces de subir a pie, no faltan quienes ofrecen burros (os cansaréis de escuchar “donkey, donkey”). Vi mucha gente que había escogido esa opción pero, sinceramente, para bien de los burros y de vosotros mismos si sois un poco miedosos con las alturas mejor que lo evitéis. Se sube cerca de precipicios a los que los burritos se acercan peligrosamente. Si tenéis tiempo es mejor que no subáis con prisas y disfrutéis de lo que os rodea.
El Monasterio impresiona por su localización y dimensiones. A pesar de que no se puede entrar (y tampoco veréis nada en su interior) aquella mole de piedra marrón impacta quizás más que la vista del Tesoro. Y si la subida aún no os ha dejado exhaustos podéis intentar subir un poco más a los variados miradores que encontraréis (yo subí con algo de esfuerzo a uno y la vista desde arriba es espectacular).
Tampoco falta un puesto de bebidas y supongo que algo de comida delante del Monasterio, algo que quizás rompe con el encanto del lugar pero que entiendo necesario.
Para los que llegados a este punto tengáis hambre os diré que cerca de las escaleras donde empieza la subida al Monasterio encontraréis dos restaurantes. El que está a la izquierda (cuyo nombre no recuerdo) ofrece un buffet por unos diez dinares (se tiene que comprar el ticket con tiempo). El otro, creo que se llama Basin, me dijeron que es mucho más caro, unos 17 ó 18 dinares. También podéis hacer como yo y comer frente al Monasterio, sentada en una piedra, admirando el edificio y acompañada de un tierno gatito de los que abundan por allí.
El descenso podéis hacerlo tranquilamente aunque ya digo que no cuesta nada (siempre que tengáis cuidado con los burros que suben y bajan y a los que sus dueños llevan a toda velocidad).
Si una vez abajo os interesa, Petra dispone de un pequeño museo con restos arqueológicos encontrados en las ruinas. Es complicado encontrarlo pero la entrada está justo al lado del restaurante Basin.
Si queréis comprar la típica botellita de arena de colores fuera de la puerta de entrada hay unas tiendecillas de precio fijo que las ofrecen bien de precio. También el agua es económica (por 1 dinar podéis adquirir una botella de agua fría de litro y medio).
Regresamos temprano al hotel, sobre las cinco y algo, y a las ocho bajamos a cenar. Lejos de lo esperado no estaba para nada cansada.
JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS 2
SEGUNDO DÍA
Sé que debería haberlo supuesto después de mi experiencia en otros países árabes pero no caí en la cuenta. Debido a la hora a la que llegué al hotel la noche anterior tampoco me percaté de su presencia pero cuando a las cinco de la mañana el muecín empieza a llamar a la oración supe que cerca del hotel había una mezquita. El buen hombre no se limitó en llamar sino que creo que todos los rezos se hacían en voz alta y por megafonía porque parecía que le tuvieras pegadito a tu ventana. Cuando al fin se hizo el silencio duró poco. La mala suerte quiso que los trabajadores, después del rezo matutino, decidieran que ya era la hora oportuna para ponerse a excavar con las máquinas en el solar que había pegado al hotel. Vamos, como si fueran las doce del mediodía. Menos mal que me tenía que levantar a las 5.55. Después de la ducha (y de pelearme con el botecito de gel para que acabara de salir) me asomo a la ventana y veo que en todos los países es lo mismo. Un tío llevaba la excavadora y otros cinco miraban. Es más, llegó un momento en que uno decidió que para qué iba a estar de pie cuando podía estar sentado y fue a buscar una silla. Fue el momento en que un colega aprovechó para ir a buscar té para todos (todos los mirones, se entiende). Como dijo en un momento un compañero del viaje “en aquella obra había muchos capataces”. Pero, vamos, nada que en nuestro país no ocurra también.
Sé que debería haberlo supuesto después de mi experiencia en otros países árabes pero no caí en la cuenta. Debido a la hora a la que llegué al hotel la noche anterior tampoco me percaté de su presencia pero cuando a las cinco de la mañana el muecín empieza a llamar a la oración supe que cerca del hotel había una mezquita. El buen hombre no se limitó en llamar sino que creo que todos los rezos se hacían en voz alta y por megafonía porque parecía que le tuvieras pegadito a tu ventana. Cuando al fin se hizo el silencio duró poco. La mala suerte quiso que los trabajadores, después del rezo matutino, decidieran que ya era la hora oportuna para ponerse a excavar con las máquinas en el solar que había pegado al hotel. Vamos, como si fueran las doce del mediodía. Menos mal que me tenía que levantar a las 5.55. Después de la ducha (y de pelearme con el botecito de gel para que acabara de salir) me asomo a la ventana y veo que en todos los países es lo mismo. Un tío llevaba la excavadora y otros cinco miraban. Es más, llegó un momento en que uno decidió que para qué iba a estar de pie cuando podía estar sentado y fue a buscar una silla. Fue el momento en que un colega aprovechó para ir a buscar té para todos (todos los mirones, se entiende). Como dijo en un momento un compañero del viaje “en aquella obra había muchos capataces”. Pero, vamos, nada que en nuestro país no ocurra también.
El desayuno es bueno y abundante, sobre todo unos panes que te cortas tú mismo y que llevan todo tipo de cereales encima. Tienen un sabor entre dulce y salado buenísimo. A pesar de que tenía un poco de sed evité beber zumo (aún recuerdo lo que pasó en Marruecos) y me decante por el yogur de fresa, bueno pero con un color rosa exagerado por efecto del colorante.
Después de recuperar fuerzas cargamos con las maletas hacia la puerta por la maravillosa escalera. Como levantar un trolley de 70 cm de alto cargado de ropa no es lo mío me decanté por bajarlo arrastrándolo por los escalones. Plof plof plof.
No tardó en aparecer un autobús con un guía que nos dijo que él no era el nuestro pero que no tardaría en llegar. Y así fue. El guía Jamal apareció en pocos segundos a bordo del que fue el bus de recogida del aeropuerto y sería nuestro medio de transporte hasta el final. No tengo ninguna queja del guía. Sin ser de los mejores que he tenido (todavía recuerdo a Pedro Ceinos, una eminencia en China por parte de Politours, los magníficos Gurel y Abdullah en Turquía o el eficiente César en Alemania con Cóndor) por lo menos explicaba lo suficiente como para no dejarte con la sensación que te estaban tomando el pelo. No tardo en darme cuenta de que es un monárquico declarado aunque me pregunto quién no lo es en ese país. Salir de Ammán, la capital (una coletilla que Jamal repite constantemente), me hace darme cuenta de la omnipresente presencia de Abdullah II. Sus fotos se ven por todas partes, con las vestimentas más variadas y haciendo de todo. Es algo así como Abdullah y sus trajecitos. Según el guía el rey ha llevado la democracia al país y todos están muy contentos. Sin embargo todavía es posible pasarte años en la cárcel sólo por el mero hecho de decir que eres ateo (algo terrible en ese país) y el pueblo es bastante reacio a la abolición total de la pena de muerte. Por supuesto la homosexualidad también está penada. ¿Existe una democracia real en Jordania?. No soy yo quien debe cuestionarlo pero no es igual escuchar las alabanzas de Jamal que ver las cosas desde el punto de vista de un europeo. Y realmente cuesta digerir que los jordanos sustenten la existencia de la pena de muerte en cosas tan absurdas como que algunos estados de EEUU la tienen. Pero mejor será dejar de lado cuestiones políticas y centrarnos en el viaje.
Llegamos a Madaba sobre las 8 y algo de la mañana. Esta ciudad se conoce como la cuna de los mosaicos porque en
ella podremos ver espectaculares mosaicos bizantinos y omeyas. Al llegar vamos directamente a la Iglesia de san Jorge. Esa iglesia es conocida porque en ella se encuentra el más famoso de todos ellos, dos millones de piedrecitas de piedra local que representan un mapa de Tierra Santa, el primero que se conoce. Aunque la iglesia, ortodoxa, es bastante reciente, el mosaico data del siglo VI. Aunque se ha conservado sólo una cuarta parte lo que vemos es suficientemente relevante como para reconocer Jericó, Jerusalem, el mar Muerto con las ciudades de Sodoma y Gomorra, etc. La ciudad más grande de las que están representadas es Jerusalem, hecha con detalle y representándose las murallas, las puertas, la Iglesia del santo sepulcro y el cardo (la calle principal). No se permite que los guías expliquen dentro de la iglesia (comprensible igualmente por las dimensiones del edificio) por lo que se ha dispuesto que un edificio que está junto a la iglesia se hayan colocado dibujos y sillas para que se den las explicaciones pertinentes. Después podemos pasar tranquilamente a ver el mosaico. Tengo que reconocer que es impresionante por la precisión con la que estaba hecho y por los colores usados. Vale la pena fijarse también en la iglesia y en la iconografía y bajar a la pequeña cripta para ver a la Virgen a la que supuestamente le apareció una tercera mano azul. Al verla de cerca, a pesar de su pequeño tamaño, intuyes que fue pintada pero la devoción es muy grande.
Como el guía nos dio un poco de tiempo libre a la vuelta entramos primero en una parte del Parque arqueológico para ver los restos del Palacio quemado o calcinado, complejo residencial del siglo VI que fue destruido por un incendio y la Iglesia de los Mártires. Después entramos (2 dinares) en la Iglesia de la Virgen. Allí no solamente se ven los restos de la iglesia sino interesantes mosaicos con animales y árboles frutales procedentes del castillo de Herodes, fortaleza que se encuentra al sur de Madaba. En la zona perteneciente al salón de Hipólito vemos el suelo de lo que fue una lujosa casa, que se derribó para hacer la iglesia. Hace muy poco se descubrió un enorme mosaico que se divide en tres partes. A un lado hay pájaros, flores y plantas, en el centro se representa el mito de Fedra (hija de Minos y esposa de Teseo, se enamoró de su hijastro Hipólito pero como no era correspondida le denunció a su marido, acusándole de intento de violación; se suicidó víctima de los remordimientos) y en el panel del otro lado se ve a Afrodita sentada en un trono junto a Adonis y amenazando a Cupido con una sandalia. En la parte que pertenece propiamente a la Iglesia de la Virgen hay un mosaico en forma de medallón de exaltación a la Virgen.
Como el guía nos dio un poco de tiempo libre a la vuelta entramos primero en una parte del Parque arqueológico para ver los restos del Palacio quemado o calcinado, complejo residencial del siglo VI que fue destruido por un incendio y la Iglesia de los Mártires. Después entramos (2 dinares) en la Iglesia de la Virgen. Allí no solamente se ven los restos de la iglesia sino interesantes mosaicos con animales y árboles frutales procedentes del castillo de Herodes, fortaleza que se encuentra al sur de Madaba. En la zona perteneciente al salón de Hipólito vemos el suelo de lo que fue una lujosa casa, que se derribó para hacer la iglesia. Hace muy poco se descubrió un enorme mosaico que se divide en tres partes. A un lado hay pájaros, flores y plantas, en el centro se representa el mito de Fedra (hija de Minos y esposa de Teseo, se enamoró de su hijastro Hipólito pero como no era correspondida le denunció a su marido, acusándole de intento de violación; se suicidó víctima de los remordimientos) y en el panel del otro lado se ve a Afrodita sentada en un trono junto a Adonis y amenazando a Cupido con una sandalia. En la parte que pertenece propiamente a la Iglesia de la Virgen hay un mosaico en forma de medallón de exaltación a la Virgen.
A pesar de que la entrada da derecho a visitar también la Iglesia de los Apóstoles la complicación de las calles todas parecen iguales) y la falta de tiempo nos lo impidió. Si alguien dispone de un poco más de tiempo libre es recomendable verla ya que se trata de una basílica del siglo VI dedicada a los apóstoles que contiene, como es natural, bellos mosaicos. El principal representa a Thalassa, una mujer emergiendo de las olas rodeada de peces y monstruos marinos que representa al mar.
Por lo que pude ver en Madaba se pueden comprar recuerdos no demasiado caros en las numerosas tiendas que llevan a la Iglesia de san Jorge desde el aparcamiento.
Desde la ciudad no se tarda mucho en llegar al Monte Nebo, que dista de ella unos 6 km. Ese lugar es muy venerado entre los cristianos porque es el sitio desde donde Mo
Nuestro guía no quiso llevarnos al taller de mosaicos salvo que la mayoría del grupo lo pidiera. Se agradece que no lo hiciera porque siempre es un tiempo perdido. Fuimos directamente a comer en un punto de camino hacia Petra donde nos pararon. La comida corre por nuestra cuenta. Nos dan un buffet que no está mal (albóndigas, pollo muy bueno, arroz, hummus, etc, y postres como gelatina o natillas) por 10 dinares más 1,5 la botella grande de agua. El restaurante tiene varias tiendas pero por ejemplo no vale la pena comprar aquí la famosa botella de arena de colores. Es mucho más cara que en otros sitios.
Después de comer continuamos el viaje hasta Pequeña Petra. Antes de llegar, y en la carretera, hicimos una parada de cinco minutos para hacer fotos. Es indescriptible es espectáculo de montañas de formas imposibles que se tiene desde arriba. Y eso que vengo de una tierra donde tenemos una montaña ciertamente peculiar (hablo de Montserrat).
Little Petra es una ciudad mucho más pequeña que la su hermana mayor pero que tuvo la misma función. Y la verdad es que se parece mucho aunque teniendo reducidas dimensiones. Al igual que Petra, fue construida para servir de lugar de parada de caravanas, aunque como nos cuentan sería imposible que un sitio o en otro ésta entraran por el Siq, nombre dado al desfiladero. Aunque el famoso es el de Petra, Little Petra tiene su propio desfiladero, mucho más reducido que el conocido. Pero vayamos por partes. Una vez que llegar al aparcamiento y te adentras en el recinto te sorprende que las edificaciones excavadas en la roca (sean tumbas o templos) ya comiencen allí y que el suelo esté cubierto de arena como si se tratara de la playa. Quizás no es extraño si tenemos en cuenta que esa zona, hace millones de años, estaba bajo el mar. Las montañas son extrañas, casi como su fueran sobrenaturales, y en ellas, una vez pasado el desfiladero, nos sorprende un templo trabajado en la roca y de dos pisos, seguramente uno de ellos una tumba y el otro un templo. Se dice de ese templo que tiene un parecido extraordinario con el Tesoro de Petra pero seguramente todo allí lo tiene.
Después de una hora de explicaciones tenemos una hora de tiempo libre para explorar las canalizaciones, algunas de las cuáles partían de escaleras en la misma montaña, los templos (no faltan los techos y paredes ennegrecidos a causa del humo cuando fueron usados de moradas de beduínos) o para subir por algunas escaleras que llevan zonas elevadas desde las que se obtienen buenas vistas. La ciudad acaba en unas escaleras por las que, si camináramos durante un buen rato, llegaríamos a Petra.
Es recomendable también subir a ver la llamada Casa Pintada, una cueva a la que hay que subir por unas escaleras talladas en la piedra y que contiene las únicas pinturas nabateas que se han conservado, con vides, flores y pájaros, muy dañados por el humo de las hogueras encendidas aquí por los beduinos a lo largo de los siglos.
Después de la visita, y por unas carreteras que se asemejan a una montaña rusa, llegamos a la ciudad donde nos alojaremos durante dos noches. Se trata de Wadi Musa (Valle de Moisés), un lugar bastante feo que ha ido creciendo por las montañas y que se ha llenado también de hoteles para albergar el turismo masivo que se acerca a visitar Petra. Nos alojamos en el Hotel King’s Way, un cuatro estrellas aceptable sobre el que no tengo quejas. Llegamos allí sobre las 17.30/17.45, después de haber hecho una breve parada para que los compañeros que habían decidido hacer la excursión opcional organizada a Jerusalem pudieran pagarla. Aunque no es el momento de hablar de ello por los comentarios que he visto en Internet y por lo que pude escuchar después creo que lo mejor es no contratar esa excursión. Es cara (cuesta si no recuerdo mal 200 dinares, algo más de 200 euros) para pasarte muchas horas en la carretera, con los problemas que puedan surgir en la frontera y con bastantes quejas hacia el guía local. Desde mi punto de vista creo que lo mejor es hacer algo por tu cuenta el día libre e ir más adelante a Israel si quieres hacer otro viaje.
Pero volvamos al viaje por Jordania. Bajamos a cenar sobre las 6.50. De nuevo tenemos un buffet y como siempre es comida bastante aceptable y poco picante. El motivo de cenar tan temprano es que nos pasaban a recoger a las 7.50 para ir al espectáculo Petra by night que bastante gente contrató.
Petra by night no es un espectáculo al uso. En primer lugar debo decir que el traslado hasta el recinto corre por cuenta del cliente y lo que hace el guía es comprarnos las entradas y esperarnos en la entrada para entregárnoslas. Sin embargo es posible evitar pagar un taxi (nos dicen que es un poco caro) si el grupo es numeroso. Entonces la empresa propietaria de los autocares autoriza al conductor a recogernos en los hoteles y a llevarnos después por dos dinares por persona. Como encontramos que el precio era razonable lo pagamos sin dudar.
En cuanto a Petra by night cuesta 12 euros y consiste en lo siguiente. A las 20.30 horas debes estar en la puerta de acceso a Petra. Después de darnos la bienvenida (éramos un montón impresionante de gente), un hombre nos acompaña por el camino. Nos dicen que debemos ir en silencio, cosa que no siempre es fácil con tanta gente pero que se consigue bastante. El camino está sólo iluminado por velas metidas en unas bolsitas y se convierte en algo misterioso (ojo con dónde ponéis el pie). Impresiona mucho más en el momento que ya has recorrido los 800 metros que llevan hasta el inicio del Siq y empiezas a recorrer el desfiladero. Las velas se multiplican y también el misterio. 1,200 kilómetros apenas iluminados conducen hasta el punto final, la fachada del Tesoro. Las emociones te embargan al llegar allí y verlo por primera vez a la luz de las velas pero se estropea un poco cuando te mandan sentarte en el suelo sobre esteras (incomodísimo) y esperar hasta que lleguen todos. Entonces empiezan a tocar una música tradicional y un poco repetitiva que al final casi ni escuchas porque estás más pendiente del monumento y de las estrellas. Un hombre amablemente pasa a ofrecernos un té y cuando la música acaba el beduíno que nos ha acompañado hasta allí explica algunas cosas en inglés y nos invita a salir. Hacemos el recorrido a la inversa y he de reconocer que se hace algo largo (son dos kilómetros) y cansado. Pero merece la pena el esfuerzo.
Al salir del recinto es curioso darse cuenta como los vendedores dejan la mercancía sola en los puestos pero nadie se atreve a tocarla.
Llegamos al aparcamiento un poco antes de las 22.30 y en pocos minutos estábamos de vuelta al hotel para descansar. El nuevo día traerá muchas emociones y muchas caminatas.
JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS
PRIMER DÍA
Volar a Ammán con Royal Jordanian es una apuesta segura. Por lo que pude ver dispone de buenos y cómodos aviones (todo lo que pueden serlo esos aparatos), con pantallas individuales de TV. Según me informé en su página web (disponible sólo en árabe y en inglés) en vuelos inferiores a dos horas te dan un refrigerio y en los que superen las dos (era mi caso) una comida, que suele consistir en pollo, ternera o pescado a escoger. Pero vayamos por partes.
A la hora de escoger el viaje, y por primera vez en mucho tiempo, el contrato se hizo por la web de Atrápalo con tiempo suficiente y aprovechando una buena oferta. La mayorista era la hasta ahora desconocida por mí Image Tours. He de decir que la gestión fue perfecta. Desde Atrápalo se encargaron de todo y sólo necesitaron un número de tarjeta de crédito (también se puede hacer el pago por transferencia) y los datos de los pasaportes. Unos días antes de la fecha de salida mandaron los billetes por mensajero a la dirección facilitada, con la información suficiente, los bonos, un portadocumentos por habitación y una pequeña pero práctica guía de Jordania y Siria. El día del viaje, 6 de marzo, sólo tenías que presentarte dos horas antes en el mostrador de la compañía aérea para facturar las maletas.
Volar a Ammán con Royal Jordanian es una apuesta segura. Por lo que pude ver dispone de buenos y cómodos aviones (todo lo que pueden serlo esos aparatos), con pantallas individuales de TV. Según me informé en su página web (disponible sólo en árabe y en inglés) en vuelos inferiores a dos horas te dan un refrigerio y en los que superen las dos (era mi caso) una comida, que suele consistir en pollo, ternera o pescado a escoger. Pero vayamos por partes.
A la hora de escoger el viaje, y por primera vez en mucho tiempo, el contrato se hizo por la web de Atrápalo con tiempo suficiente y aprovechando una buena oferta. La mayorista era la hasta ahora desconocida por mí Image Tours. He de decir que la gestión fue perfecta. Desde Atrápalo se encargaron de todo y sólo necesitaron un número de tarjeta de crédito (también se puede hacer el pago por transferencia) y los datos de los pasaportes. Unos días antes de la fecha de salida mandaron los billetes por mensajero a la dirección facilitada, con la información suficiente, los bonos, un portadocumentos por habitación y una pequeña pero práctica guía de Jordania y Siria. El día del viaje, 6 de marzo, sólo tenías que presentarte dos horas antes en el mostrador de la compañía aérea para facturar las maletas.
Como me gusta hacer estas cosas con tiempo, el día anterior, 24 horas antes de la salida (teniendo en cuenta la hora de diferencia que hay con Jordania), hice la reserva de asientos por lo que en principio sólo necesitaba pasar por ventanilla para facturar el equipaje.
La salida del vuelo se efectúa a las 14.05 horas en punto y el avión iba repleto. Durante el viaje, que dura 4 horas 20 minutos desde Barcelona, tuve ocasión de saber que algunos de los pasajeros iban a Ammán pero sólo para hacer escala para ir a Damasco, la capital de Siria.
Como estaba previsto nos dieron la comida. Primero nos traen unas toallitas húmedas para lavarnos las manos. Luego nos ofrecen una bebida y unos cacahuetes para ir abriendo boca. Me apetece tomar un zumo de mango así que lo pido junto con un poco de agua. No hay ningún problema. Para comer escojo el pollo y me dan un plato con pollo al curry, arroz blanco y espinacas. Estaba muy bueno y según me dicen la ternera y el pescado también lo estaban. Como acompañamiento nos dan una pequeña ensaladita, un bollito de pan con un quesito President, tostadas con mantequilla y un pastelito de chocolate que estaba buenísimo. Como nunca tomo café escojo una taza de té con leche.
Como dije al principio, los asientos disponen de TV individual. En ella puedes escoger dentro de una cantidad respetable de películas, que van desde algunas actuales como El discurso del rey, Valor de ley o Burlesque a otras clásicas como son El príncipe valiente o La vuelta al mundo en ochenta días. La única pega es que ninguna está disponible en español, ni siquiera con subtítulos en español o en inglés. Me tuve que conformar con ver Burlesque en inglés con subtítulos en árabe y entendí todo lo que mi poco dominio del idioma me permitió.
El vuelo fue perfecto, tranquilo y sin sobresaltos. Sólo cuando estábamos llegando a la capital de Jordania hizo una bajada un poco brusca pero por lo demás no tuve que sufrir demasiado.
Al llegar a la terminal nos está esperando un corresponsal de la agencia. Así ocurre con todos los viajes organizados. El visado en Jordania cuesta 20 dinares. Sin embargo cuando existe un grupo de más de 4 personas (5 ó más) que entran y salen del país a la vez no se paga. Los corresponsales ya lo saben y gestionan el papeleo para que nos ahorremos un dinero. Eso les lleva un tiempo (nos dijo unos 25 minutos y yo creo que fue más) y que le dejemos los pasaportes pero vale la pena. Antes de pasar por el control es un buen momento de cambiar dinero (de hecho los mismos corresponsales te lo recomiendan). Según pude comprobar en mi caso el cambio en la oficina del aeropuerto era de 0,91 cuando en el hotel era de 0,80 por lo tanto vale la pena cambiar por lo menos un poco.
Después de arreglados los papeles y habiéndonos ahorrado ya un dinero el corresponsal nos hace subir a un autobús (que curiosamente sería el mismo que llevaríamos en todo el circuito) y nos llevan a los hoteles. No puedo hablar más que por mi experiencia personal. Mis hoteles eran la opción de 4 estrellas y en este caso no tengo queja. Sé que hubo gente (poca) que tenía de 3, un riesgo algunas veces en estos países, y sólo una pareja que se incorporó al día siguiente estaba en hoteles de 5. No lo creo necesario, pienso que con los de 4 puedes estar muy bien (siempre y cuando tengas suerte). El hotel que me tocó en Ammán era el Arena Space. He visto en Internet que las críticas que tiene son muy variadas pero en realidad no tuve ninguna queja. Sólo un día se olvidaron de poner las toallas pero al pedirlas las trajeron rápidamente. Si tuviera que ponerle una pega realista es que tiene escaleras para acceder al hall y si tienes que subirte o bajarte la maleta cuesta un poco (por no decir un mucho).
Después de acomodarnos bajamos a cenar. El hotel dispone de dos restaurantes, que van cambiando dependiendo del día. Las cenas son tipo buffet. No es que sea tan inmenso como otros que he tenido en otros sitios pero la comida estaba buena y no excedía de picantes o especias. De esa primera noche tengo que destacar una carne de ternera con cebolla y pimientos que estaba deliciosa. También había una destacable oferta de ensaladas que no probé por eso de ser prudente con los alimentos crudos en estos países para prevenir enfermar. Los postres no están malos pero con el paso de los días nos dimos cuenta de que siempre son más o menos los mismos. Había algunos tipo pudding o uno caliente que parecía pan mojado en leche con coco y pasas que era delicioso. Las bebidas no están incluidas pero puedes comprar una botella de agua de litro y medio por 2 dinares.
En la habitación encontraréis nevera con bebidas, gel, champú, secador de pelo y un set de costura. Los que necesiten dos almohadas para dormir no tendrán problemas porque cada persona tiene dos y en el armario hay otra.
domingo, 30 de enero de 2011
"El palacio de Versalles estaba lleno de gente. Los nobles más destacados de Francia, príncipes, duques, marqueses, condes, barones y los más importantes señores se preparaban para la celebración de una recepción de gala en el palacio, un acontecimiento que hacía mucho tiempo que se planificaba. Su Majestad, el Rey Luis XIV, el Sol, esperaba la llegada de su querido ahijado y deseaba hacerlo con toda la pompa que rodeaba a los actos de Versalles."
Así empieza Los Mónaco, mi última novela, una historia mitad ficción mitad realidad en la que las pasiones están a la orden del día. Personajes reales se entremezclan con otros que no lo son en un cruce de intrigas y pasiones. El lector se adentrará en un mundo de lujo pero también de depravación, envidias y miedos, donde el sexo, las mentiras y el dinero mueven los hilos de la sociedad. El rey, secundario de lujo en esta ocasión, es el maestro de ceremonias de un lugar donde nada es lo que parece, donde el ansia de poder está por encima de todo y donde el amor no siempre es suficiente.
Los Mónaco. Una novela apasionante. A la venta en formato papel e ebook en http://www.bubok.com/libros/196069/Los-Monaco
¿Te la vas a perder?.
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Coral
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La suerte de poder publicar
Toda la vida me ha gustado escribir, dedicándole más o menos tiempo dependiendo del momento. Desde luego cuando estaba preparando oposiciones era imposible poder hacer algo más que estudiar los 126 largos y complejos temas que incluía el temario.
De un tiempo a esta parte he recuperado mi afición. Todo vino derivado seguramente por el hecho que un amigo me dijo un día que si me gustaba crear historias lo mejor que podía hacer era entrar en uno de los grupos de msn (ahora ya desaparecidos) que poblaban el panorama de Internet. Dispuesta a vivir nuevas experiencias y a dejar volar mi imaginación le hice caso y fue como conocí un lugar curioso, una especie de reino de un universo paralelo, llamado Rpg medieval. Quizás algunos de los que me leéis hayáis oído hablar alguna vez de él. Fue en un principio un lugar poblado, visitado y amado. Allí desarrollé mi capacidad como pocas veces con anterioridad, con una pauta de trabajo estructurada (intentar postear por lo menos una vez al día), intentando darle calidad a los escritos y estando a la altura de las circunstancias. El hecho de estar rodeada de personas que dominaban el arte de la escritura hacía que me creciera mucho más, intentando ser mejor día a día.
A ese grupo le siguieron otros, algunos abiertos por amigos, otros por personas que no lo eran tanto y un tercer grupo administrados por mí misma. Allí publicar tus escritos, aunque fueran complementos de historias que hacíamos entre todos, era sencillo. Pero las cosas cambiaron. Gente malintencionada con vidas vacías se dedicó a eliminar esos grupos (el cierre de Rpg medieval fue doloroso) y poco a poco los compañeros tambié fueron alejándose, dedicándose cada uno a sus propias cosas. Y me quedé sola.
Durante un tiempo dudé. ¿Abrir un nuevo grupo?. ¿Dejar de escribir?. La primera opción no era factible; la segunda, algo imposible. Y algo me llevó, seguramente vivencias o un comentario tonto en el trabajo, a empezar Pase lo que pase. Durante meses, casi cada día, fue desgranando esa historia de amor a tres bandas en la Barcelona de principios del siglo XX. No puedo decir que no hubiera pensado nunca en la necesidad de publicarla, que se hizo más acuciante cuando la terminé. Pero para un escritor novel, alguien sin experiencia previa como yo, no es fácil.
Un curso me dio la clave para ser leída, aunque no ganara nada con ello. Además de la ya conocida página http://www.yoescribo.com/, supe que en otra, http://www.bubok.com/, podías publicar tus relatos, cuentos, novelas o ensayos e incluso pedir un ejemplar encuadernado. Y eso es lo que hice.
Me enorgullezco de ver que mis historias han tenido bastantes descargas aunque nadie haya pagado por ello. Sin embargo quiero intentar ganar algo de dinero por una cosa que me ha llevado tanto tiempo de trabajo. Y es por ello que lo he puesto a la venta, no sólo esa novela sino Los Mónaco, la que escribí después, y algunos otros relatos. Se venden en formato papel y en el novedoso ebook, una salida para los que son como yo. De momento he vendido ya un ebook de Los Mónaco, una novela divertida, llena de amor, aventuras, sexo y envidias en el Versalles de Luis XIV. ¿Llegaré algún día a vender lo suficiente como para ir con la cabeza bien alta?. ¿Alguien me leerá y pensará que soy digna de formar parte del plantel de autores de una editorial?. Hasta que llega el momento, si llega, tendré que conformarme con autopublicarme.
http://www.bubok.com/libros/196069/Los-Monaco
http://www.bubok.com/libros/22099/Pase-lo-que-pase
http://www.bubok.com/libros/196360/Presos
http://www.bubok.com/libros/170672/La-princesa-y-el-ogro
http://www.bubok.com/libros/22144/El-principe-y-la-segunda-falange-del-dedo-corazon-de-san-Atafumanasio
De un tiempo a esta parte he recuperado mi afición. Todo vino derivado seguramente por el hecho que un amigo me dijo un día que si me gustaba crear historias lo mejor que podía hacer era entrar en uno de los grupos de msn (ahora ya desaparecidos) que poblaban el panorama de Internet. Dispuesta a vivir nuevas experiencias y a dejar volar mi imaginación le hice caso y fue como conocí un lugar curioso, una especie de reino de un universo paralelo, llamado Rpg medieval. Quizás algunos de los que me leéis hayáis oído hablar alguna vez de él. Fue en un principio un lugar poblado, visitado y amado. Allí desarrollé mi capacidad como pocas veces con anterioridad, con una pauta de trabajo estructurada (intentar postear por lo menos una vez al día), intentando darle calidad a los escritos y estando a la altura de las circunstancias. El hecho de estar rodeada de personas que dominaban el arte de la escritura hacía que me creciera mucho más, intentando ser mejor día a día.
A ese grupo le siguieron otros, algunos abiertos por amigos, otros por personas que no lo eran tanto y un tercer grupo administrados por mí misma. Allí publicar tus escritos, aunque fueran complementos de historias que hacíamos entre todos, era sencillo. Pero las cosas cambiaron. Gente malintencionada con vidas vacías se dedicó a eliminar esos grupos (el cierre de Rpg medieval fue doloroso) y poco a poco los compañeros tambié fueron alejándose, dedicándose cada uno a sus propias cosas. Y me quedé sola.
Durante un tiempo dudé. ¿Abrir un nuevo grupo?. ¿Dejar de escribir?. La primera opción no era factible; la segunda, algo imposible. Y algo me llevó, seguramente vivencias o un comentario tonto en el trabajo, a empezar Pase lo que pase. Durante meses, casi cada día, fue desgranando esa historia de amor a tres bandas en la Barcelona de principios del siglo XX. No puedo decir que no hubiera pensado nunca en la necesidad de publicarla, que se hizo más acuciante cuando la terminé. Pero para un escritor novel, alguien sin experiencia previa como yo, no es fácil.
Un curso me dio la clave para ser leída, aunque no ganara nada con ello. Además de la ya conocida página http://www.yoescribo.com/, supe que en otra, http://www.bubok.com/, podías publicar tus relatos, cuentos, novelas o ensayos e incluso pedir un ejemplar encuadernado. Y eso es lo que hice.
Me enorgullezco de ver que mis historias han tenido bastantes descargas aunque nadie haya pagado por ello. Sin embargo quiero intentar ganar algo de dinero por una cosa que me ha llevado tanto tiempo de trabajo. Y es por ello que lo he puesto a la venta, no sólo esa novela sino Los Mónaco, la que escribí después, y algunos otros relatos. Se venden en formato papel y en el novedoso ebook, una salida para los que son como yo. De momento he vendido ya un ebook de Los Mónaco, una novela divertida, llena de amor, aventuras, sexo y envidias en el Versalles de Luis XIV. ¿Llegaré algún día a vender lo suficiente como para ir con la cabeza bien alta?. ¿Alguien me leerá y pensará que soy digna de formar parte del plantel de autores de una editorial?. Hasta que llega el momento, si llega, tendré que conformarme con autopublicarme.
http://www.bubok.com/libros/196069/Los-Monaco
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http://www.bubok.com/libros/196360/Presos
http://www.bubok.com/libros/170672/La-princesa-y-el-ogro
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miércoles, 10 de noviembre de 2010
Pasaje a la India... con billete de vuelta- Decimoséptimo día
Nos levantamos a las cuatro de la mañana porque habíamos quedado con el guía local a las cinco. A las 4.45 un camarero nos sube una jarra de té ardiendo, una de café que no hemos pedido y unas galletas. Más que nada para que no vayamos de paseo con el estómago vacío. Y a pesar de lo temprano de la hora y de que el té no me entusiasma me sentó muy bien.
El motivo de semejante madrugón era hacer lo que todos los turistas hacen en Vanarasi, salir a dar un paseo en barco por el Ganges.
Volvimos al mismo punto donde la noche anterior vimos la ceremonia. Cerca de allí, en un pequeño templo escondido, un sacerdote realiza una ceremonia diurna. Otros están tumbados debajo de unos parasoles de bambú, en principio guardando la ropa de los que han peregrinado para bañarse en el río. Pero la mayoría son mujeres venidas de otras ciudades, que salen todas a la vez, completamente empapadas, vestidas, y mojándome a mí a su paso. El ghat se llama Dasahvamedha ghat y debe su nombre al sacrificio de diez caballos que hizo el dios Brahma. Allí tomamos una barca a remos, las más abundantes aunque también vimos algunas a motor. El río está muy crecido a causa de la época de los monzones por lo que para entrar en las barcas tenemos que pisar sobre una piedra. Es imposible que puedan acercarse más. Una vez cómodamente sentados empezamos el recorrido.
Los ghats de Benarés pueden dedicarse a tres cosas. Como ya vimos nada más llegar es normal que la gente se bañe en sus aguas como un modo de purificación que no comprendo. Y no les cuesta nada beber agua o incluso llevársela en unos recipientes que se compran a tal efecto. Lo mismo ocurría en el lago de Pushkar. Llevar esa agua encima es como llevar un batido de chocolate, así es su color. Pero eso no parece importar a los fieles. Podemos ver a un hombre lavándose los dientes junto a una mujer que se lava el pelo y otro que se frota sus partes impúdicas debajo del calzoncillo. Pero ellos son así. Otro de los usos de los ghats es el lavado de la ropa. Algunos hombres golpean sábanas con énfasis en piedras para después dejarlas secar sobre los ghats (y eso si no las cogen los monos que rondan por allí). El tercer uso y más famoso son las cremaciones.
A medida que te vas acercando al lugar de donde ves salir el humo temes lo peor. Es estar frente a frente con la muerte y con el temor de oler al muerto. El guía nos advierte que hagamos fotos de lejos pero no cuando nos acerquemos para no herir la sensibilidad de los familiares. Y eso hicimos.
Una pila de leña, un sudario en el suelo que cubre un cuerpo sin vida, esperando, y un hombre joven vestido de blanco y sin pelo. A lo lejos otra pira se va consumiendo sin que nos llegue olor a nada. El guía nos dice que el joven es el hijo del difunto y que será él quien, una vez consiga la llama, por la que debe pagarse, encenderá la pira. Por suerte ya no se aplica aquella técnica antigua de las mujeres lanzándose entre las llamas cuando muere su esposo aunque nos cuentan que no hace mucho ocurrió un caso. Me pregunto si fue voluntario o la mujer se tiró obligada o drogada. Las familias deben hacer un gran esfuerzo económico para pagar todo lo que se necesita para cubrir la muerte de alguien pero es una obligación en la India. Me han contado que no es extraño ver partes del cuerpo flotando en el río. Y eso es así porque no todos tienen dinero suficiente para comprar bastante leña como para que el cadáver se consuma por entero. Y en algunos casos la cremación no es necesaria por lo que se limitan a hundir el cuerpo en el río. Es el caso de las embarazadas, santos o los niños por ejemplo. Bueno, el caso es que ni olores raros ni la mejilla de tío Khrisna flotando en el Ganges como me temía.
Por allí rondaba un hombre santo cubierto de ceniza de los muertos y completamente desnudo. Él despertaba casi más interés que las cremaciones.
Yendo hacia el otro lado vimos el Palacio del rey de los Dom. Los dom son una casta que tienen derechos sobre los ghats de cremación. Venden la madera y recogen la ceniza. A la vista de la casa no les va nada mal el negocio, que dura ya siglos y generaciones.
Después de la navegación por el río salimos de la barca para dar un corto paseo por la parte antigua de la ciudad, algo más sucia de lo que había visto el día anterior pero sin ser peor que otras ciudades. Vimos que en la parte cercana a los ghats hay muchísimas tiendas donde venden productos destinados a los muertos (sudarios, leña, etc). Nadie compra nada allí destinado a los vivos; es patrimonio de los difuntos.
Caminando por calles estrechas donde una de cada dos puertas es un templo, llegamos a una tienda de confianza donde dejamos las cosas. Y es que nos vamos a adentrar en la zona donde coexisten la mezquita y un templo hindú. La seguridad nos da una idea de que allí las cosas son cuanto menos complicadas.
Los que no son fieles tienen prohibida la entrada en el templo hindú así que nos conformamos con ver desde fuera la bella cúpula dorada. El Vishwanath temple está dedicado a Shiva y su cúpula tiene 750 kilos de oro. Por supuesto está prohibido llevar la cámara. Este templo data del siglo XVIII ya que Aurangzeb, el cruel hijo de Shah Jahan, destruyó el anterior para construir la mezquita actual, en la que destacan sus cúpulas blancas. Es por ese motivo que la seguridad es tan fuerte, porque están uno y otro edificio prácticamente juntos.
Volvimos al hotel para desayunar y sobre las 9 salimos de nuevo para ir a ver un curioso templo dedicado a la Madre patria. Fue inaugurado por el mismísimo Gandhi, cuya foto preside el templo, en 1936. En él se venera un enorme mapa de la India hecho en mármol con relieve. Se distinguen los países con los que limita, las montañas, llanos y océanos. No sé si realmente el objetivo del guía era llevarnos a ver ese templo o un taller de brocados de seda, muy famosos en la ciudad. Como siempre en estos casos después de una breve explicación entramos en la tienda para ver sus productos. La belleza de las telas me hace comprar tres pañuelos (dos para mí y uno para regalar), una preciosa colcha granate de seda con cojines a juego y un camino de mesa para mi madre. Quizás me pasé con las compras pero era precioso.
Volvimos al hotel a descansar y sobre las 11.45 nos recogen para llevarnos al aeropuerto.
Después de un vuelo de algo más de una hora en el que comemos a toda prisa llegamos a Delhi sobre las 4 de la tarde. Hablando con el guía acompañante durante el circuito habíamos pactado que nos llevaran al mismo hotel donde estuvimos al principio en lugar de dejarnos tirados en el aeropuerto como estaba previsto. Y así fue.
No hubo problema alguno en dejar nuestras maletas en el Taj Palace sobre todo cuando dijimos que teníamos la intención de quedarnos a cenar. Aprovechamos también para reservar los asientos de los aviones de regreso, algo que recomiendo hacer siempre. Por pelos conseguimos sentarnos en la misma fila y con la esperanza de que alguien nos cambiara el sitio.
Arreglados esos asuntos cogimos un taxi para ir hasta la tumba de Safdarjung. Se trata del último de los mausoleos de Delhi, construido en 1754 por el primer ministro de Mohamed Shah, emperador mogol. Después nos acercamos a los Lodi Garden, un curioso jardín que vimos casi en penumbra y donde acuden muchos indios a correr caída la tarde. Abundan en él las tumbas el siglo XV. Además, muy cerca de la puerta, se conserva un puente del siglo XVII. Es recomendable ver esta zona verde con vestigios arqueológicos cuando aún haya luz del día.
A pesar de que el taxi nos acercó al RajPath, la importante avenida de Delhi, no pudo parar para que viéramos el edificio presidencial. Un policía se lo impidió por motivos de seguridad. Y como no se puede llegar a Connaught Place por las obras decidimos volver al hotel para cenar. He de decir que el taxista fue muy honrado porque nos cobró lo que marcaba el taxímetro (algo más de 300 rupias) y nos dijo que le diéramos la voluntad por las esperas. Su honradez le valió redondear a las 400 rupias, muy barato teniendo en cuenta el tiempo que estuvimos, su amabilidad y la comodidad del coche.
La cena fue en el mismo restaurante donde solíamos desayunar en nuestra estancia en el Taj Palace. Comimos un plato de pasta a la carta (farfale con salsa de crema y champiñones) y fueron tan amables de obsequiarnos con aperitivos, pan con salsa de ajo y postres. No era barato pero por cantidad y calidad vale la pena.
Estuvimos sentados en el hall del hotel hasta la hora en que nos vinieron a recoger para llevarnos al aeropuerto. Y tuve un desencuentro con el enlace porque nos hizo rellenar de nuevo la encuesta de calidad que a habíamos entregado. No hubo forma de razonar con él y que entendiera que si lo hacíamos dos veces las estadísticas salen mal. En fin… Lo hice como pude. Después de estar unas horas esperando en el aeropuerto al fin pudimos coger el avión. De madrugada y después de haber estado en pie muchas horas. Poco después de haber despegado, allá a las 3.30 de la madrugada, abrí un ojo, que había cerrado para que no me dolieran tanto, y vi que nos traían la cena. Como digo. Unos hojaldres con un relleno muy picante a esas horas de la madrugada. Menos mal que nos trajeron a la hora correspondiente un buen desayuno, que se completó con un bocadillo en el avión de Frankfurt a Barcelona.
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