lunes, 21 de marzo de 2011

JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS 2

SEGUNDO DÍA
Sé que debería haberlo supuesto después de mi experiencia en otros países árabes pero no caí en la cuenta. Debido a la hora a la que llegué al hotel la noche anterior tampoco me percaté de su presencia pero cuando a las cinco de la mañana el muecín empieza a llamar a la oración supe que cerca del hotel había una mezquita. El buen hombre no se limitó en llamar sino que creo que todos los rezos se hacían en voz alta y por megafonía porque parecía que le tuvieras pegadito a tu ventana. Cuando al fin se hizo el silencio duró poco. La mala suerte quiso que los trabajadores, después del rezo matutino, decidieran que ya era la hora oportuna para ponerse a excavar con las máquinas en el solar que había pegado al hotel. Vamos, como si fueran las doce del mediodía. Menos mal que me tenía que levantar a las 5.55. Después de la ducha (y de pelearme con el botecito de gel para que acabara de salir) me asomo a la ventana y veo que en todos los países es lo mismo. Un tío llevaba la excavadora y otros cinco miraban. Es más, llegó un momento en que uno decidió que para qué iba a estar de pie cuando podía estar sentado y fue a buscar una silla. Fue el momento en que un colega aprovechó para ir a buscar té para todos (todos los mirones, se entiende). Como dijo en un momento un compañero del viaje “en aquella obra había muchos capataces”. Pero, vamos, nada que en nuestro país no ocurra también.



El desayuno es bueno y abundante, sobre todo unos panes que te cortas tú mismo y que llevan todo tipo de cereales encima. Tienen un sabor entre dulce y salado buenísimo. A pesar de que tenía un poco de sed evité beber zumo (aún recuerdo lo que pasó en Marruecos) y me decante por el yogur de fresa, bueno pero con un color rosa exagerado por efecto del colorante.
Después de recuperar fuerzas cargamos con las maletas hacia la puerta por la maravillosa escalera. Como levantar un trolley de 70 cm de alto cargado de ropa no es lo mío me decanté por bajarlo arrastrándolo por los escalones. Plof plof plof.



No tardó en aparecer un autobús con un guía que nos dijo que él no era el nuestro pero que no tardaría en llegar. Y así fue. El guía Jamal apareció en pocos segundos a bordo del que fue el bus de recogida del aeropuerto y sería nuestro medio de transporte hasta el final. No tengo ninguna queja del guía. Sin ser de los mejores que he tenido (todavía recuerdo a Pedro Ceinos, una eminencia en China por parte de Politours, los magníficos Gurel y Abdullah en Turquía o el eficiente César en Alemania con Cóndor) por lo menos explicaba lo suficiente como para no dejarte con la sensación que te estaban tomando el pelo. No tardo en darme cuenta de que es un monárquico declarado aunque me pregunto quién no lo es en ese país. Salir de Ammán, la capital (una coletilla que Jamal repite constantemente), me hace darme cuenta de la omnipresente presencia de Abdullah II. Sus fotos se ven por todas partes, con las vestimentas más variadas y haciendo de todo. Es algo así como Abdullah y sus trajecitos. Según el guía el rey ha llevado la democracia al país y todos están muy contentos. Sin embargo todavía es posible pasarte años en la cárcel sólo por el mero hecho de decir que eres ateo (algo terrible en ese país) y el pueblo es bastante reacio a la abolición total de la pena de muerte. Por supuesto la homosexualidad también está penada. ¿Existe una democracia real en Jordania?. No soy yo quien debe cuestionarlo pero no es igual escuchar las alabanzas de Jamal que ver las cosas desde el punto de vista de un europeo. Y realmente cuesta digerir que los jordanos sustenten la existencia de la pena de muerte en cosas tan absurdas como que algunos estados de EEUU la tienen. Pero mejor será dejar de lado cuestiones políticas y centrarnos en el viaje.



Llegamos a Madaba sobre las 8 y algo de la mañana. Esta ciudad se conoce como la cuna de los mosaicos porque en ella podremos ver espectaculares mosaicos bizantinos y omeyas. Al llegar vamos directamente a la Iglesia de san Jorge. Esa iglesia es conocida porque en ella se encuentra el más famoso de todos ellos, dos millones de piedrecitas de piedra local que representan un mapa de Tierra Santa, el primero que se conoce. Aunque la iglesia, ortodoxa, es bastante reciente, el mosaico data del siglo VI. Aunque se ha conservado sólo una cuarta parte lo que vemos es suficientemente relevante como para reconocer Jericó, Jerusalem, el mar Muerto con las ciudades de Sodoma y Gomorra, etc. La ciudad más grande de las que están representadas es Jerusalem, hecha con detalle y representándose las murallas, las puertas, la Iglesia del santo sepulcro y el cardo (la calle principal). No se permite que los guías expliquen dentro de la iglesia (comprensible igualmente por las dimensiones del edificio) por lo que se ha dispuesto que un edificio que está junto a la iglesia se hayan colocado dibujos y sillas para que se den las explicaciones pertinentes. Después podemos pasar tranquilamente a ver el mosaico. Tengo que reconocer que es impresionante por la precisión con la que estaba hecho y por los colores usados. Vale la pena fijarse también en la iglesia y en la iconografía y bajar a la pequeña cripta para ver a la Virgen a la que supuestamente le apareció una tercera mano azul. Al verla de cerca, a pesar de su pequeño tamaño, intuyes que fue pintada pero la devoción es muy grande.
Como el guía nos dio un poco de tiempo libre a la vuelta entramos primero en una parte del Parque arqueológico para ver los restos del Palacio quemado o calcinado, complejo residencial del siglo VI que fue destruido por un incendio y la Iglesia de los Mártires. Después entramos (2 dinares) en la Iglesia de la Virgen. Allí no solamente se ven los restos de la iglesia sino interesantes mosaicos con animales y árboles frutales procedentes del castillo de Herodes, fortaleza que se encuentra al sur de Madaba. En la zona perteneciente al salón de Hipólito vemos el suelo de lo que fue una lujosa casa, que se derribó para hacer la iglesia. Hace muy poco se descubrió un enorme mosaico que se divide en tres partes. A un lado hay pájaros, flores y plantas, en el centro se representa el mito de Fedra (hija de Minos y esposa de Teseo, se enamoró de su hijastro Hipólito pero como no era correspondida le denunció a su marido, acusándole de intento de violación; se suicidó víctima de los remordimientos) y en el panel del otro lado se ve a Afrodita sentada en un trono junto a Adonis y amenazando a Cupido con una sandalia. En la parte que pertenece propiamente a la Iglesia de la Virgen hay un mosaico en forma de medallón de exaltación a la Virgen.


A pesar de que la entrada da derecho a visitar también la Iglesia de los Apóstoles la complicación de las calles todas parecen iguales) y la falta de tiempo nos lo impidió. Si alguien dispone de un poco más de tiempo libre es recomendable verla ya que se trata de una basílica del siglo VI dedicada a los apóstoles que contiene, como es natural, bellos mosaicos. El principal representa a Thalassa, una mujer emergiendo de las olas rodeada de peces y monstruos marinos que representa al mar.


Por lo que pude ver en Madaba se pueden comprar recuerdos no demasiado caros en las numerosas tiendas que llevan a la Iglesia de san Jorge desde el aparcamiento.


Desde la ciudad no se tarda mucho en llegar al Monte Nebo, que dista de ella unos 6 km. Ese lugar es muy venerado entre los cristianos porque es el sitio desde donde Moisés divisó la Tierra prometida, donde se quedó y donde probablemente está enterrado, aunque nunca se ha encontrado su tumba. Seguramente vivió y murió en algún lugar cercano al monte y en él se erigió, ya en el siglo IV, una pequeña iglesia que luego fue ampliada. Hoy en día la iglesia, construida en el siglo XX por los monjes franciscanos sobre las ruinas de la anterior, está de nuevo en obras, para ampliarla, y sólo podemos ver algunos mosaicos originales así como algunas piezas encontradas en excavaciones. También se ve, aunque no es posible hacerse la típica foto, la cruz con el báculo y la serpiente (la Cruz de la serpiente) que representa la muerte del profeta. Sin embargo lo más espectacular son las vistas. En un día claro se pueden ver el mar Muerto, el valle del Jordán, Jerusalem, Jericó y dicen que incluso Belén.
Nuestro guía no quiso llevarnos al taller de mosaicos salvo que la mayoría del grupo lo pidiera. Se agradece que no lo hiciera porque siempre es un tiempo perdido. Fuimos directamente a comer en un punto de camino hacia Petra donde nos pararon. La comida corre por nuestra cuenta. Nos dan un buffet que no está mal (albóndigas, pollo muy bueno, arroz, hummus, etc, y postres como gelatina o natillas) por 10 dinares más 1,5 la botella grande de agua. El restaurante tiene varias tiendas pero por ejemplo no vale la pena comprar aquí la famosa botella de arena de colores. Es mucho más cara que en otros sitios.
Después de comer continuamos el viaje hasta Pequeña Petra. Antes de llegar, y en la carretera, hicimos una parada de cinco minutos para hacer fotos. Es indescriptible es espectáculo de montañas de formas imposibles que se tiene desde arriba. Y eso que vengo de una tierra donde tenemos una montaña ciertamente peculiar (hablo de Montserrat).
Little Petra es una ciudad mucho más pequeña que la su hermana mayor pero que tuvo la misma función. Y la verdad es que se parece mucho aunque teniendo reducidas dimensiones. Al igual que Petra, fue construida para servir de lugar de parada de caravanas, aunque como nos cuentan sería imposible que un sitio o en otro ésta entraran por el Siq, nombre dado al desfiladero. Aunque el famoso es el de Petra, Little Petra tiene su propio desfiladero, mucho más reducido que el conocido. Pero vayamos por partes. Una vez que llegar al aparcamiento y te adentras en el recinto te sorprende que las edificaciones excavadas en la roca (sean tumbas o templos) ya comiencen allí y que el suelo esté cubierto de arena como si se tratara de la playa. Quizás no es extraño si tenemos en cuenta que esa zona, hace millones de años, estaba bajo el mar. Las montañas son extrañas, casi como su fueran sobrenaturales, y en ellas, una vez pasado el desfiladero, nos sorprende un templo trabajado en la roca y de dos pisos, seguramente uno de ellos una tumba y el otro un templo. Se dice de ese templo que tiene un parecido extraordinario con el Tesoro de Petra pero seguramente todo allí lo tiene.
Después de una hora de explicaciones tenemos una hora de tiempo libre para explorar las canalizaciones, algunas de las cuáles partían de escaleras en la misma montaña, los templos (no faltan los techos y paredes ennegrecidos a causa del humo cuando fueron usados de moradas de beduínos) o para subir por algunas escaleras que llevan zonas elevadas desde las que se obtienen buenas vistas. La ciudad acaba en unas escaleras por las que, si camináramos durante un buen rato, llegaríamos a Petra.
Es recomendable también subir a ver la llamada Casa Pintada, una cueva a la que hay que subir por unas escaleras talladas en la piedra y que contiene las únicas pinturas nabateas que se han conservado, con vides, flores y pájaros, muy dañados por el humo de las hogueras encendidas aquí por los beduinos a lo largo de los siglos.
Después de la visita, y por unas carreteras que se asemejan a una montaña rusa, llegamos a la ciudad donde nos alojaremos durante dos noches. Se trata de Wadi Musa (Valle de Moisés), un lugar bastante feo que ha ido creciendo por las montañas y que se ha llenado también de hoteles para albergar el turismo masivo que se acerca a visitar Petra. Nos alojamos en el Hotel King’s Way, un cuatro estrellas aceptable sobre el que no tengo quejas. Llegamos allí sobre las 17.30/17.45, después de haber hecho una breve parada para que los compañeros que habían decidido hacer la excursión opcional organizada a Jerusalem pudieran pagarla. Aunque no es el momento de hablar de ello por los comentarios que he visto en Internet y por lo que pude escuchar después creo que lo mejor es no contratar esa excursión. Es cara (cuesta si no recuerdo mal 200 dinares, algo más de 200 euros) para pasarte muchas horas en la carretera, con los problemas que puedan surgir en la frontera y con bastantes quejas hacia el guía local. Desde mi punto de vista creo que lo mejor es hacer algo por tu cuenta el día libre e ir más adelante a Israel si quieres hacer otro viaje.
Pero volvamos al viaje por Jordania. Bajamos a cenar sobre las 6.50. De nuevo tenemos un buffet y como siempre es comida bastante aceptable y poco picante. El motivo de cenar tan temprano es que nos pasaban a recoger a las 7.50 para ir al espectáculo Petra by night que bastante gente contrató.
Petra by night no es un espectáculo al uso. En primer lugar debo decir que el traslado hasta el recinto corre por cuenta del cliente y lo que hace el guía es comprarnos las entradas y esperarnos en la entrada para entregárnoslas. Sin embargo es posible evitar pagar un taxi (nos dicen que es un poco caro) si el grupo es numeroso. Entonces la empresa propietaria de los autocares autoriza al conductor a recogernos en los hoteles y a llevarnos después por dos dinares por persona. Como encontramos que el precio era razonable lo pagamos sin dudar.
En cuanto a Petra by night cuesta 12 euros y consiste en lo siguiente. A las 20.30 horas debes estar en la puerta de acceso a Petra. Después de darnos la bienvenida (éramos un montón impresionante de gente), un hombre nos acompaña por el camino. Nos dicen que debemos ir en silencio, cosa que no siempre es fácil con tanta gente pero que se consigue bastante. El camino está sólo iluminado por velas metidas en unas bolsitas y se convierte en algo misterioso (ojo con dónde ponéis el pie). Impresiona mucho más en el momento que ya has recorrido los 800 metros que llevan hasta el inicio del Siq y empiezas a recorrer el desfiladero. Las velas se multiplican y también el misterio. 1,200 kilómetros apenas iluminados conducen hasta el punto final, la fachada del Tesoro. Las emociones te embargan al llegar allí y verlo por primera vez a la luz de las velas pero se estropea un poco cuando te mandan sentarte en el suelo sobre esteras (incomodísimo) y esperar hasta que lleguen todos. Entonces empiezan a tocar una música tradicional y un poco repetitiva que al final casi ni escuchas porque estás más pendiente del monumento y de las estrellas. Un hombre amablemente pasa a ofrecernos un té y cuando la música acaba el beduíno que nos ha acompañado hasta allí explica algunas cosas en inglés y nos invita a salir. Hacemos el recorrido a la inversa y he de reconocer que se hace algo largo (son dos kilómetros) y cansado. Pero merece la pena el esfuerzo.
Al salir del recinto es curioso darse cuenta como los vendedores dejan la mercancía sola en los puestos pero nadie se atreve a tocarla.
Llegamos al aparcamiento un poco antes de las 22.30 y en pocos minutos estábamos de vuelta al hotel para descansar. El nuevo día traerá muchas emociones y muchas caminatas.

JORDANIA, ALGO MÁS QUE LA CIUDAD ROSA DE LOS NABATEOS

PRIMER DÍA
Volar a Ammán con Royal Jordanian es una apuesta segura. Por lo que pude ver dispone de buenos y cómodos aviones (todo lo que pueden serlo esos aparatos), con pantallas individuales de TV. Según me informé en su página web (disponible sólo en árabe y en inglés) en vuelos inferiores a dos horas te dan un refrigerio y en los que superen las dos (era mi caso) una comida, que suele consistir en pollo, ternera o pescado a escoger. Pero vayamos por partes.
A la hora de escoger el viaje, y por primera vez en mucho tiempo, el contrato se hizo por la web de Atrápalo con tiempo suficiente y aprovechando una buena oferta. La mayorista era la hasta ahora desconocida por mí Image Tours. He de decir que la gestión fue perfecta. Desde Atrápalo se encargaron de todo y sólo necesitaron un número de tarjeta de crédito (también se puede hacer el pago por transferencia) y los datos de los pasaportes. Unos días antes de la fecha de salida mandaron los billetes por mensajero a la dirección facilitada, con la información suficiente, los bonos, un portadocumentos por habitación y una pequeña pero práctica guía de Jordania y Siria. El día del viaje, 6 de marzo, sólo tenías que presentarte dos horas antes en el mostrador de la compañía aérea para facturar las maletas.


Como me gusta hacer estas cosas con tiempo, el día anterior, 24 horas antes de la salida (teniendo en cuenta la hora de diferencia que hay con Jordania), hice la reserva de asientos por lo que en principio sólo necesitaba pasar por ventanilla para facturar el equipaje.
La salida del vuelo se efectúa a las 14.05 horas en punto y el avión iba repleto. Durante el viaje, que dura 4 horas 20 minutos desde Barcelona, tuve ocasión de saber que algunos de los pasajeros iban a Ammán pero sólo para hacer escala para ir a Damasco, la capital de Siria.
Como estaba previsto nos dieron la comida. Primero nos traen unas toallitas húmedas para lavarnos las manos. Luego nos ofrecen una bebida y unos cacahuetes para ir abriendo boca. Me apetece tomar un zumo de mango así que lo pido junto con un poco de agua. No hay ningún problema. Para comer escojo el pollo y me dan un plato con pollo al curry, arroz blanco y espinacas. Estaba muy bueno y según me dicen la ternera y el pescado también lo estaban. Como acompañamiento nos dan una pequeña ensaladita, un bollito de pan con un quesito President, tostadas con mantequilla y un pastelito de chocolate que estaba buenísimo. Como nunca tomo café escojo una taza de té con leche.
Como dije al principio, los asientos disponen de TV individual. En ella puedes escoger dentro de una cantidad respetable de películas, que van desde algunas actuales como El discurso del rey, Valor de ley o Burlesque a otras clásicas como son El príncipe valiente o La vuelta al mundo en ochenta días. La única pega es que ninguna está disponible en español, ni siquiera con subtítulos en español o en inglés. Me tuve que conformar con ver Burlesque en inglés con subtítulos en árabe y entendí todo lo que mi poco dominio del idioma me permitió.
El vuelo fue perfecto, tranquilo y sin sobresaltos. Sólo cuando estábamos llegando a la capital de Jordania hizo una bajada un poco brusca pero por lo demás no tuve que sufrir demasiado.
Al llegar a la terminal nos está esperando un corresponsal de la agencia. Así ocurre con todos los viajes organizados. El visado en Jordania cuesta 20 dinares. Sin embargo cuando existe un grupo de más de 4 personas (5 ó más) que entran y salen del país a la vez no se paga. Los corresponsales ya lo saben y gestionan el papeleo para que nos ahorremos un dinero. Eso les lleva un tiempo (nos dijo unos 25 minutos y yo creo que fue más) y que le dejemos los pasaportes pero vale la pena. Antes de pasar por el control es un buen momento de cambiar dinero (de hecho los mismos corresponsales te lo recomiendan). Según pude comprobar en mi caso el cambio en la oficina del aeropuerto era de 0,91 cuando en el hotel era de 0,80 por lo tanto vale la pena cambiar por lo menos un poco.

Después de arreglados los papeles y habiéndonos ahorrado ya un dinero el corresponsal nos hace subir a un autobús (que curiosamente sería el mismo que llevaríamos en todo el circuito) y nos llevan a los hoteles. No puedo hablar más que por mi experiencia personal. Mis hoteles eran la opción de 4 estrellas y en este caso no tengo queja. Sé que hubo gente (poca) que tenía de 3, un riesgo algunas veces en estos países, y sólo una pareja que se incorporó al día siguiente estaba en hoteles de 5. No lo creo necesario, pienso que con los de 4 puedes estar muy bien (siempre y cuando tengas suerte). El hotel que me tocó en Ammán era el Arena Space. He visto en Internet que las críticas que tiene son muy variadas pero en realidad no tuve ninguna queja. Sólo un día se olvidaron de poner las toallas pero al pedirlas las trajeron rápidamente. Si tuviera que ponerle una pega realista es que tiene escaleras para acceder al hall y si tienes que subirte o bajarte la maleta cuesta un poco (por no decir un mucho).
Después de acomodarnos bajamos a cenar. El hotel dispone de dos restaurantes, que van cambiando dependiendo del día. Las cenas son tipo buffet. No es que sea tan inmenso como otros que he tenido en otros sitios pero la comida estaba buena y no excedía de picantes o especias. De esa primera noche tengo que destacar una carne de ternera con cebolla y pimientos que estaba deliciosa. También había una destacable oferta de ensaladas que no probé por eso de ser prudente con los alimentos crudos en estos países para prevenir enfermar. Los postres no están malos pero con el paso de los días nos dimos cuenta de que siempre son más o menos los mismos. Había algunos tipo pudding o uno caliente que parecía pan mojado en leche con coco y pasas que era delicioso. Las bebidas no están incluidas pero puedes comprar una botella de agua de litro y medio por 2 dinares.
En la habitación encontraréis nevera con bebidas, gel, champú, secador de pelo y un set de costura. Los que necesiten dos almohadas para dormir no tendrán problemas porque cada persona tiene dos y en el armario hay otra.

domingo, 30 de enero de 2011

"El palacio de Versalles estaba lleno de gente. Los nobles más destacados de Francia, príncipes, duques, marqueses, condes, barones y los más importantes señores se preparaban para la celebración de una recepción de gala en el palacio, un acontecimiento que hacía mucho tiempo que se planificaba. Su Majestad, el Rey Luis XIV, el Sol, esperaba la llegada de su querido ahijado y deseaba hacerlo con toda la pompa que rodeaba a los actos de Versalles."
Así empieza Los Mónaco, mi última novela, una historia mitad ficción mitad realidad en la que las pasiones están a la orden del día. Personajes reales se entremezclan con otros que no lo son en un cruce de intrigas y pasiones. El lector se adentrará en un mundo de lujo pero también de depravación, envidias y miedos, donde el sexo, las mentiras y el dinero mueven los hilos de la sociedad. El rey, secundario de lujo en esta ocasión, es el maestro de ceremonias de un lugar donde nada es lo que parece, donde el ansia de poder está por encima de todo y donde el amor no siempre es suficiente.
Los Mónaco. Una novela apasionante. A la venta en formato papel e ebook en http://www.bubok.com/libros/196069/Los-Monaco
¿Te la vas a perder?.

La suerte de poder publicar

Toda la vida me ha gustado escribir, dedicándole más o menos tiempo dependiendo del momento. Desde luego cuando estaba preparando oposiciones era imposible poder hacer algo más que estudiar los 126 largos y complejos temas que incluía el temario.

De un tiempo a esta parte he recuperado mi afición. Todo vino derivado seguramente por el hecho que un amigo me dijo un día que si me gustaba crear historias lo mejor que podía hacer era entrar en uno de los grupos de msn (ahora ya desaparecidos) que poblaban el panorama de Internet. Dispuesta a vivir nuevas experiencias y a dejar volar mi imaginación le hice caso y fue como conocí un lugar curioso, una especie de reino de un universo paralelo, llamado Rpg medieval. Quizás algunos de los que me leéis hayáis oído hablar alguna vez de él. Fue en un principio un lugar poblado, visitado y amado. Allí desarrollé mi capacidad como pocas veces con anterioridad, con una pauta de trabajo estructurada (intentar postear por lo menos una vez al día), intentando darle calidad a los escritos y estando a la altura de las circunstancias. El hecho de estar rodeada de personas que dominaban el arte de la escritura hacía que me creciera mucho más, intentando ser mejor día a día.

A ese grupo le siguieron otros, algunos abiertos por amigos, otros por personas que no lo eran tanto y un tercer grupo administrados por mí misma. Allí publicar tus escritos, aunque fueran complementos de historias que hacíamos entre todos, era sencillo. Pero las cosas cambiaron. Gente malintencionada con vidas vacías se dedicó a eliminar esos grupos (el cierre de Rpg medieval fue doloroso) y poco a poco los compañeros tambié fueron alejándose, dedicándose cada uno a sus propias cosas. Y me quedé sola.

Durante un tiempo dudé. ¿Abrir un nuevo grupo?. ¿Dejar de escribir?. La primera opción no era factible; la segunda, algo imposible. Y algo me llevó, seguramente vivencias o un comentario tonto en el trabajo, a empezar Pase lo que pase. Durante meses, casi cada día, fue desgranando esa historia de amor a tres bandas en la Barcelona de principios del siglo XX. No puedo decir que no hubiera pensado nunca en la necesidad de publicarla, que se hizo más acuciante cuando la terminé. Pero para un escritor novel, alguien sin experiencia previa como yo, no es fácil.

Un curso me dio la clave para ser leída, aunque no ganara nada con ello. Además de la ya conocida página http://www.yoescribo.com/, supe que en otra, http://www.bubok.com/, podías publicar tus relatos, cuentos, novelas o ensayos e incluso pedir un ejemplar encuadernado. Y eso es lo que hice.

Me enorgullezco de ver que mis historias han tenido bastantes descargas aunque nadie haya pagado por ello. Sin embargo quiero intentar ganar algo de dinero por una cosa que me ha llevado tanto tiempo de trabajo. Y es por ello que lo he puesto a la venta, no sólo esa novela sino Los Mónaco, la que escribí después, y algunos otros relatos. Se venden en formato papel y en el novedoso ebook, una salida para los que son como yo. De momento he vendido ya un ebook de Los Mónaco, una novela divertida, llena de amor, aventuras, sexo y envidias en el Versalles de Luis XIV. ¿Llegaré algún día a vender lo suficiente como para ir con la cabeza bien alta?. ¿Alguien me leerá y pensará que soy digna de formar parte del plantel de autores de una editorial?. Hasta que llega el momento, si llega, tendré que conformarme con autopublicarme.

http://www.bubok.com/libros/196069/Los-Monaco
http://www.bubok.com/libros/22099/Pase-lo-que-pase
http://www.bubok.com/libros/196360/Presos
http://www.bubok.com/libros/170672/La-princesa-y-el-ogro
http://www.bubok.com/libros/22144/El-principe-y-la-segunda-falange-del-dedo-corazon-de-san-Atafumanasio

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Pasaje a la India... con billete de vuelta- Decimoséptimo día

Nos levantamos a las cuatro de la mañana porque habíamos quedado con el guía local a las cinco. A las 4.45 un camarero nos sube una jarra de té ardiendo, una de café que no hemos pedido y unas galletas. Más que nada para que no vayamos de paseo con el estómago vacío. Y a pesar de lo temprano de la hora y de que el té no me entusiasma me sentó muy bien.

El motivo de semejante madrugón era hacer lo que todos los turistas hacen en Vanarasi, salir a dar un paseo en barco por el Ganges.

Volvimos al mismo punto donde la noche anterior vimos la ceremonia. Cerca de allí, en un pequeño templo escondido, un sacerdote realiza una ceremonia diurna. Otros están tumbados debajo de unos parasoles de bambú, en principio guardando la ropa de los que han peregrinado para bañarse en el río. Pero la mayoría son mujeres venidas de otras ciudades, que salen todas a la vez, completamente empapadas, vestidas, y mojándome a mí a su paso. El ghat se llama Dasahvamedha ghat y debe su nombre al sacrificio de diez caballos que hizo el dios Brahma. Allí tomamos una barca a remos, las más abundantes aunque también vimos algunas a motor. El río está muy crecido a causa de la época de los monzones por lo que para entrar en las barcas tenemos que pisar sobre una piedra. Es imposible que puedan acercarse más. Una vez cómodamente sentados empezamos el recorrido.

Los ghats de Benarés pueden dedicarse a tres cosas. Como ya vimos nada más llegar es normal que la gente se bañe en sus aguas como un modo de purificación que no comprendo. Y no les cuesta nada beber agua o incluso llevársela en unos recipientes que se compran a tal efecto. Lo mismo ocurría en el lago de Pushkar. Llevar esa agua encima es como llevar un batido de chocolate, así es su color. Pero eso no parece importar a los fieles. Podemos ver a un hombre lavándose los dientes junto a una mujer que se lava el pelo y otro que se frota sus partes impúdicas debajo del calzoncillo. Pero ellos son así. Otro de los usos de los ghats es el lavado de la ropa. Algunos hombres golpean sábanas con énfasis en piedras para después dejarlas secar sobre los ghats (y eso si no las cogen los monos que rondan por allí). El tercer uso y más famoso son las cremaciones.

A medida que te vas acercando al lugar de donde ves salir el humo temes lo peor. Es estar frente a frente con la muerte y con el temor de oler al muerto. El guía nos advierte que hagamos fotos de lejos pero no cuando nos acerquemos para no herir la sensibilidad de los familiares. Y eso hicimos.

Una pila de leña, un sudario en el suelo que cubre un cuerpo sin vida, esperando, y un hombre joven vestido de blanco y sin pelo. A lo lejos otra pira se va consumiendo sin que nos llegue olor a nada. El guía nos dice que el joven es el hijo del difunto y que será él quien, una vez consiga la llama, por la que debe pagarse, encenderá la pira. Por suerte ya no se aplica aquella técnica antigua de las mujeres lanzándose entre las llamas cuando muere su esposo aunque nos cuentan que no hace mucho ocurrió un caso. Me pregunto si fue voluntario o la mujer se tiró obligada o drogada. Las familias deben hacer un gran esfuerzo económico para pagar todo lo que se necesita para cubrir la muerte de alguien pero es una obligación en la India. Me han contado que no es extraño ver partes del cuerpo flotando en el río. Y eso es así porque no todos tienen dinero suficiente para comprar bastante leña como para que el cadáver se consuma por entero. Y en algunos casos la cremación no es necesaria por lo que se limitan a hundir el cuerpo en el río. Es el caso de las embarazadas, santos o los niños por ejemplo. Bueno, el caso es que ni olores raros ni la mejilla de tío Khrisna flotando en el Ganges como me temía.

Por allí rondaba un hombre santo cubierto de ceniza de los muertos y completamente desnudo. Él despertaba casi más interés que las cremaciones.

Yendo hacia el otro lado vimos el Palacio del rey de los Dom. Los dom son una casta que tienen derechos sobre los ghats de cremación. Venden la madera y recogen la ceniza. A la vista de la casa no les va nada mal el negocio, que dura ya siglos y generaciones.

Después de la navegación por el río salimos de la barca para dar un corto paseo por la parte antigua de la ciudad, algo más sucia de lo que había visto el día anterior pero sin ser peor que otras ciudades. Vimos que en la parte cercana a los ghats hay muchísimas tiendas donde venden productos destinados a los muertos (sudarios, leña, etc). Nadie compra nada allí destinado a los vivos; es patrimonio de los difuntos.

Caminando por calles estrechas donde una de cada dos puertas es un templo, llegamos a una tienda de confianza donde dejamos las cosas. Y es que nos vamos a adentrar en la zona donde coexisten la mezquita y un templo hindú. La seguridad nos da una idea de que allí las cosas son cuanto menos complicadas.

Los que no son fieles tienen prohibida la entrada en el templo hindú así que nos conformamos con ver desde fuera la bella cúpula dorada. El Vishwanath temple está dedicado a Shiva y su cúpula tiene 750 kilos de oro. Por supuesto está prohibido llevar la cámara. Este templo data del siglo XVIII ya que Aurangzeb, el cruel hijo de Shah Jahan, destruyó el anterior para construir la mezquita actual, en la que destacan sus cúpulas blancas. Es por ese motivo que la seguridad es tan fuerte, porque están uno y otro edificio prácticamente juntos.

Volvimos al hotel para desayunar y sobre las 9 salimos de nuevo para ir a ver un curioso templo dedicado a la Madre patria. Fue inaugurado por el mismísimo Gandhi, cuya foto preside el templo, en 1936. En él se venera un enorme mapa de la India hecho en mármol con relieve. Se distinguen los países con los que limita, las montañas, llanos y océanos. No sé si realmente el objetivo del guía era llevarnos a ver ese templo o un taller de brocados de seda, muy famosos en la ciudad. Como siempre en estos casos después de una breve explicación entramos en la tienda para ver sus productos. La belleza de las telas me hace comprar tres pañuelos (dos para mí y uno para regalar), una preciosa colcha granate de seda con cojines a juego y un camino de mesa para mi madre. Quizás me pasé con las compras pero era precioso.

Volvimos al hotel a descansar y sobre las 11.45 nos recogen para llevarnos al aeropuerto.
Después de un vuelo de algo más de una hora en el que comemos a toda prisa llegamos a Delhi sobre las 4 de la tarde. Hablando con el guía acompañante durante el circuito habíamos pactado que nos llevaran al mismo hotel donde estuvimos al principio en lugar de dejarnos tirados en el aeropuerto como estaba previsto. Y así fue.

No hubo problema alguno en dejar nuestras maletas en el Taj Palace sobre todo cuando dijimos que teníamos la intención de quedarnos a cenar. Aprovechamos también para reservar los asientos de los aviones de regreso, algo que recomiendo hacer siempre. Por pelos conseguimos sentarnos en la misma fila y con la esperanza de que alguien nos cambiara el sitio.

Arreglados esos asuntos cogimos un taxi para ir hasta la tumba de Safdarjung. Se trata del último de los mausoleos de Delhi, construido en 1754 por el primer ministro de Mohamed Shah, emperador mogol. Después nos acercamos a los Lodi Garden, un curioso jardín que vimos casi en penumbra y donde acuden muchos indios a correr caída la tarde. Abundan en él las tumbas el siglo XV. Además, muy cerca de la puerta, se conserva un puente del siglo XVII. Es recomendable ver esta zona verde con vestigios arqueológicos cuando aún haya luz del día.

A pesar de que el taxi nos acercó al RajPath, la importante avenida de Delhi, no pudo parar para que viéramos el edificio presidencial. Un policía se lo impidió por motivos de seguridad. Y como no se puede llegar a Connaught Place por las obras decidimos volver al hotel para cenar. He de decir que el taxista fue muy honrado porque nos cobró lo que marcaba el taxímetro (algo más de 300 rupias) y nos dijo que le diéramos la voluntad por las esperas. Su honradez le valió redondear a las 400 rupias, muy barato teniendo en cuenta el tiempo que estuvimos, su amabilidad y la comodidad del coche.

La cena fue en el mismo restaurante donde solíamos desayunar en nuestra estancia en el Taj Palace. Comimos un plato de pasta a la carta (farfale con salsa de crema y champiñones) y fueron tan amables de obsequiarnos con aperitivos, pan con salsa de ajo y postres. No era barato pero por cantidad y calidad vale la pena.

Estuvimos sentados en el hall del hotel hasta la hora en que nos vinieron a recoger para llevarnos al aeropuerto. Y tuve un desencuentro con el enlace porque nos hizo rellenar de nuevo la encuesta de calidad que a habíamos entregado. No hubo forma de razonar con él y que entendiera que si lo hacíamos dos veces las estadísticas salen mal. En fin… Lo hice como pude. Después de estar unas horas esperando en el aeropuerto al fin pudimos coger el avión. De madrugada y después de haber estado en pie muchas horas. Poco después de haber despegado, allá a las 3.30 de la madrugada, abrí un ojo, que había cerrado para que no me dolieran tanto, y vi que nos traían la cena. Como digo. Unos hojaldres con un relleno muy picante a esas horas de la madrugada. Menos mal que nos trajeron a la hora correspondiente un buen desayuno, que se completó con un bocadillo en el avión de Frankfurt a Barcelona.

Pasaje a la India... con billete de vuelta- Decimosexto día

Por suerte mi malestar no se manifestó al día siguiente. Fue fruto de una tarde horrible. Me levanté con ganas de desayunar y de hacerme fotos en un hotel donde todos son amabilísimos.
Un simpático guía local nos pasó a recoger a la hora prevista para acompañarnos a ver los templos que han dado fama a Khajuraho y que están muy cerca del hotel. Están en tres grupos, oeste, este y sur, aunque sólo visitamos los dos primeros.

En el grupo oeste están los principales. Aquí se encuentra el mayor conjunto de templos hinduistas del país que se han hecho famosos por sus esculturas eróticas. La Unesco los consideró Patrimonio de la Humanidad en 1996. Sin embargo esas esculturas eróticas no son las más abundantes en los templos a pesar de ser las más famosas y ni siquiera se sabe cuál era el motivo de tallarlas en unos templos. Algunos dicen que eran un modo de enseñar a los jóvenes; otros que representan las bodas de Shiva y Parvati.

Los templos fueron construidos por la dinastía chandela entre los siglos IX y X, que era la que gobernaba entonces en el centro de la India. El más impresionante es el templo de Kandariya Mahadev, de enormes dimensiones y con más de 800 esculturas que representan a dioses, demonios o bailarinas. Su altísima torre mide 30 metros y se ha equiparado a una montaña.
En cuanto al resto de templos, las esculturas son muy parecidas en todos ellos, incluso se repiten los modelos o se perfeccionan. En el de Lakshmana llaman la atención las figuras de bailarinas, de orgías y de actos sexuales con animales.

El grupo este tiene tres templos jainistas y tres hinduistas. El templo Parsvanath tiene una bella escultura de Shiva y Parvati. Aunque son sobresalientes no llegan a ser tan hermosos como los templos del grupo oeste.

Luego fuimos a una tienda de esculturas donde compramos un librito del Kamasutra, tan mencionado esa mañana, y unas cartas con imágenes de los templos. Además me compré un libro muy interesante. Después de la visita volvimos al hotel para recoger las maletas y salir hacia el aeropuerto. Se trata de un lugar muy pequeño, de dimensiones casi ridículas. Es tan sencillo que las maletas no se transportan en cintas cuando las facturas sino que unos mozos las llevan a mano. Sólo tiene una sala de espera y desde allí accedes a pie al avión.

El trayecto hasta Vanarasi (Benarés) fue muy corto, apenas 40 minutos, en los que las azafatas nos dieron un bocadillo, agua y una limonada. Todo corriendo, claro. Si apenas habíamos despegado ya aterrizábamos.

Cuando llegamos a Benarés las cosas no se arreglaron. El aeropuerto, si bien es algo mayor que el de Khajuraho, tampoco es muy grande. Las maletas se llevan a mano desde el avión y allí las ponen en la cinta. El conductor que nos llevaba al hotel se empeñó en recogernos las maletas y para ello acabó golpeando a gente, españoles también, que esperaban. Hubiera sido mejor que nosotros cogiéramos las nuestras.

Un corresponsal nos esperaba fuera y nos llevó al hotel. Sólo hablaba inglés por lo que tuvimos que poner atención e intentar hablar poco. Por cierto, por el camino ya vimos un coche con un muerto envuelto en un sudario encima. Y es que estamos en la ciudad de los muertos.

Una vez en el hotel el corresponsal nos habló de la posibilidad de hacer una visita opcional. Se trata de una ceremonia nocturna que tiene lugar todos los días en la orilla del río Ganges y como es natural aceptamos.

Nos pasaron a recoger por la tarde, el guía local que llevaremos en la ciudad y su conductor, para llevarnos a uno de los ghats. No pudimos hacer todo el trayecto en el coche porque llegado a un punto se hace necesario bajar e ir a pie por una zona peatonal. Me sorprendí de la relativa limpieza de la ciudad. Me habían hablado fatal de Varanasi, en el sentido de “ya verás cuando llegues allí; suciedad exagerada y gente mutilada”. Ni lo vi tan sucio ni había más gente en la calle que en otros lugares. O quizás sólo tuve un poco de suerte.

Muchísima gente sentada y barcas pegadas la una a la otra. Eso es lo que vi al llegar al ghat donde se hace la ceremonia. Tanta gente que no sabemos ni dónde vamos a sentarnos. Sin embargo el guía, un chico muy amable, lo tiene todo previsto y nos dice que podemos escoger entre subir a una terraza o ir a una barca. Por supuesto nos decantamos por la última opción, la que nos da la posibilidad de estar viendo el espectáculo en primera línea.

Los indios tratan al Ganges como si fuera una madre y a la vez un dios (o diosa) y es por eso que se le alimenta todos los días, por la mañana y por la noche. El acto de la noche se hace de un modo más vistoso y concentra a un montón de turistas pero también a muchos indios. Unos novios, vestidos de colores no demasiado discretos, empiezan con la ceremonia. Y a los dos segundos ya empiezo a darme cuenta de que tiene un cierto tufillo a turistada. Lo mismo opinan algunas otras personas que nos acompañan en la misma barca. Y es que cuando a los monjes se les escapa la risa y siguen así varios minutos ves que algo no concuerda con esa cosa tan mística que nos han vendido. En fin. No deja de ser curioso verles con el incienso o los candelabros, balanceándolos sin cesar. O cuando tiran pétalos de flores al agua.

Sin embargo a quien miraba la gente era a una anciana, loca seguramente, que no paraba de bailar y cantar entre el público para quejas de los que tenía cerca. De vez en cuando se quitaba el pañuelo que le cubría la cabeza y se rascaba con tanto énfasis que cualquiera hubiera dicho que tenía piojos. Era casi un esqueleto andante y con la manía de observarme desde lejos y hacer gestos que yo ignoraba.

En un determinado momento la gente, los fieles, echan al agua unas ofrendas consistentes en velas rodeadas de flores en una especie de cestita de papel. Y los novicios que celebran la ceremonia beben agua del Ganges, un punto que aún no termino de creer. ¿Puede un hombre joven y en apariencia moderno, a la vista de su reloj último modelo, beber agua de uno de los ríos más contaminados del mundo?. Según el guía, sí.

Terminado el acto pasamos entre la multitud y un par de vacas que se demostraban amor mutuo a base de lametones y cogimos una bicicleta “tuc tuc” para ir al lugar donde nos esperaba el coche entre mucho gentío y tiendas de ropa (preciosa ropa tradicional).

Pasaje a la India... con billete de vuelta- Decimoquinto día

Dejamos Agra muy de mañana y abandonamos también al grupo con el que habíamos compartido estos días. Con ellos se quedó también el guía acompañante. El motivo era que habíamos cogido una extensión que no todo el mundo tenía.

Nos recogieron con un coche para llevarnos a la estación de Agra para coger el tren que nos llevara a Orchha. El tren en cuestión es un Shatabdi Express. Concretamente la parada final es Janshi .

La estación de Agra es una de tantas, atestada de gente y de algunos monos. Un hombre daba vueltas por los andenes, intentando cambiar obsesivamente las cremalleras de las maletas. Y la verdad, no da muy buena impresión que la toque sin tu permiso.

El corresponsal de la agencia se comportó como era de esperar. Estuvo a nuestro lado todo el tiempo, a pesar de que el tren venía con algo de retraso, y se preocupó de saber el andén y el vagón correspondiente. La verdad es que hizo un trabajo impecable.

El tren es muy parecido a un regional de nuestra tierra. No podemos quejarnos para ser un tren en la India. Incluso los baños están limpios, por lo menos el que yo usé, y si había algo de agua era por las goteras de la lluvia. Se filtraban unas gotas por el techo. Por lo demás, una atención exquisita, espacio para dejar las maletas (incluso las enormes), agua de regalo, etc.

Tardamos en llegar a nuestro destino unas dos horas o dos horas y algo y allí nos estaban esperando ya el corresponsal de la empresa y un coche para llevarnos hasta Orchha, donde nos encontraremos con el guía local.

Orchha fue la capital de una dinastía de reyes llamados bundela desde 1531 a 1738. Está plagado de hermosos palacios, hoy casi en ruinas. De todos esos palacios visitamos dos.

El Jahangiri Mahal fue mandado construir por el rey Bir Singh Deo en honor del emperador Jahangiri, que pasó una noche aquí. Es un enorme edificio de varias alturas y 132 habitaciones a la terraza del cual puedes subir y ver una vista espectacular de la ciudad. Está construido en piedra arenisca con una impresionante decoración con azulejos de lapislázuli y hermosas celosías.
El Raj Mahal es otro bello palacio con dos patios y bellos frescos muy bien conservados. Finalmente hay otro palacio, que sólo vemos desde lejos, que recibe el nombre de Raj Praveen Mahal. Fue mandado construir en honor a una cortesana y favorita de un rajá del siglo XVII. También conserva templos, como son el de Rama y el de Lakshmi Narayan, esposa de Vishnú, a escasos metros del otro y sin restaurar (el primero parece nuevo a pesar de ser del siglo XVII).
Después de comer cogimos nuevamente el coche para dirigirnos a Khajuraho. ¿Alguna vez habéis unido comida abundante, curvas, calor y coche?. Yo sí. Y es por eso por lo que pasé cuatro horas mareada y vomitando pero sin hacer parar al conductor para no llegar más tarde de lo previsto. Juro que lo pasé fatal y se me hizo interminable. Y al llegar al hotel no tuve ganas de nada más que de irme a la cama.